Archivo de Diciembre 2008

VAYA, DE NUEVO!!!

Diciembre 17, 2008

yo

   -Dios, no…

 

   Que broma, ya esto parece deliberado. Nuevamente tengo un virus de lo más mugroso, que, al parecer, llegó por correo. Es tan basura que bloquea todo, es imposible conectarse a nada que tenga que ver con la red, aunque sigue sintonizado. Si cancelara el Internet por hora me molestaría mucho más. Por unos días los dejo. A decir verdad no me extrañó, diciembre es para mí siempre un tiempo curioso. Ocurren cosas entre las cuales marcho en medio de alegrías y depresiones. Nada anormal. Escribir me gusta, sé que lo hago en demasía más bien, pero esto es catártico, se me ocurren muchas cosas, y muchas otras las veo y escucho de gente a mi alrededor, y una manera de procesarlo es así. No sé si lo he dicho aquí, pero no sé conducir, a mi trabajo voy y vengo en transporte público; en viajes de trabajo, así como a reuniones y fiestas, me llevan. Lo que es bueno cuando regreso hecho una botella de licor, lleno de aguardiente, aunque… ahora pienso que debí esforzarme un poquito en aprender. Al parecer, el no saber, causa extrañeza. Y ahora es otra cosa que veo como una meta inconclusa, aunque jamás me llamó mucho la atención.

 

   A lo que iba, mientras voy al trabajo, en medio del infernal tráfico caraqueño, luego de leer mi periódico y evadir a quien se sienta a mi lado (con ganas de charlar), se me ocurre, u organizo, mucho de lo que publico. A decir verdad no es difícil, transcribirlo sí, y eso me cansa en estos días, porque el ánimo influye en todo. Con cara de compromiso, cuando no con mala cara, llegaré a las fiestas de fin de año. Tomaré, comeré, reiré y sé que me divertiré… pero mientras llego me lleno de inquietud. Es posible que algunos sepan que en Venezuela no hay paz, no podemos disfrutar con tranquilidad la navidad o la cercanía del año nuevo (me encanta abrazar, apurruñar y dar besos esa noche); ni deprimirnos por una de las peores temporadas de Los Navegantes del Magallanes, agravado por el hecho de que Los Leones del Caracas (gente horrible) están ganando juegos de béisbol uno tras otro. No, ni eso se nos permite, nuevamente debemos prepararnos para un acto comicial, eventos a los que son tan dados estos tiranillos inútiles pero fiesteros, donde todo es circo, ya ni pan hay. Si, nuevamente debemos ir a campaña, a preocuparnos, a gritar, a discutir. A darnos mala vida mientras un grupo revolucionario de izquierda vive a todo trapo sin preocupaciones… como no sea no tener que soltar jamás el coroto ni rendir cuentas. Dios, ¡cómo odio a los socialistas!

 

   En fin, espero recuperar mi equipo dentro de poco. Y reunir algo de ánimos. Imagino que ya andan de viaje, o planeándolo, para llegar a esos lugares alegres del ayer, o a otros nuevos, para disfrutarlos con personas queridas. Diviértanse mucho, y pórtense mal. Bueno, antes se decía que el papel lo aguantaba todo, también se puede aplicar a esto, lo que accese seguirá allí después de las fiestas. Nos vemos,

 

Julio César.

LOS SUEÑOS… SUEÑOS SON

Diciembre 14, 2008

pensando-en-ti

   “No sueñes tu vida, vive tus sueños”

……

 

   Esta hermosa frase que copié (sin verguienza alguna) del blog de Mar del Norte, aparentemente tan simple, seguramente dicha millones de veces a lo largo de la azarosa y dilatada historia del hombre, me llegó mucho. Toca cosas del… no sé, habrá que decir del alma. Muchos reiamos cuando veiamos a Cerebro, cada noche, retirandose a soñar con dominar el mundo, y que la vida se le iba en eso sin alcanzarlo. Pero ¿cuantas personas no habrá en este mundo, normales, calladas, que mientras van al trabajo en el autobus, recostados en una silla o en sus camas por las noches, sueñan unicamente con todo aquello que se juraron un día alcanzar sin haberlo conseguido?

 

   Soñaran con exito, dinero, una casota, mujeres u hombres segun el caso, mientras siguen moviendose dentro de las cuatro paredes donde la falta de valor o la inacción los condenó a vivir sus vidas. “No sueñes, vive…”, suena simple, práctico, pero entre el pensarlo y hacerlo existe toda la diferencia de este mundo. Creo que lo que más nos detiene, a veces, es el miedo al fracaso, al rechazo (oir ese “no” que nos matará), al rdiculo; pero quien no arriesga no gana, eso lo sabemos. ¿Imaginan que aquel tipo de sonrisa hermosa y ojos grandes hubiera soñado unicamente con encontrar a su amigo sin atreverse jamás a ir hasta él? Pero fue; y eso hace toda la diferencia entre vivir y sólo estar.

 

Julio César.

CADA UNO A LO SUYO

Diciembre 14, 2008

negrotes-gay

   Le gustaba verlo aplicarse…

 

   -Coño, Fabián, el único ejercicio que haces en este gimnasio es mover esa boca… cuando no este culito rico. No debí dejarte casar con mi hermana. Pero me la mamaste tan rico detrás de altar… y a media fiesta, ¿no? Dejaste a todos… ¡mamados!

 

Julio César.

COLOMBIA CAYÓ DE LA PIRAMIDE

Diciembre 14, 2008

cuidando-bogota

   Lamento decirles que no sé llegar al nudo de las cosas de forma directa, así que tendrán que calarse dos referencias previas. Como inspector sanitario me tocó trasladarme hace unos tres años a un conocido hospital público caraqueño donde atienden enfermedades neoplásicas, era únicamente oncológico, el Luís Razetti. Un hospital chico, feo, sin grandes recursos, pero donde la gente trabajaba, y trabaja aún, con las uñas. Se discutía en el Servio de Radioterapia qué hacer con los pacientes que llegaban, ya que al colapsar por ese tiempo este servicio en el Hospital Militar (una larga historia de lamentos), y el Llanito (otra historia de dolor con esa máquina nueva), todos debieron ser referidos al Razetti. El equipo que tienen capaz de atender volumen es un acelerador lineal computarizado, pero de los viejos, que salió bueno. Les habían recomendado al entregarlo en el 97, que trataran de 60 a 70 pacientes diarios; al poco tiempo atendían 80, luego 90 y para ese momento andaba por sobre los 110 pacientes, por la emergencia. Pues, como era de esperar, el equipo dio señales de que no aguantaría y los médicos del centro se dividieron en dos corrientes. La jefa del servicio no quería admitir un paciente más, pero otros, jugando a la política, decían que había que ingresar hasta que aguantara. Recuerdo, molesto como estaba yo, a uno de los médicos nuevos decir que él jamás rechazaría a un solo paciente y que los iniciaría a todos. Fue cuando me sorprendió mi jefa, la doctora Pereira, nueva para ese momento.

 

   Con un tono de voz seco, le dijo al galeno que esa era una gran manera de actuar, que era un buen sujeto y un buen médico, pero que jamás serviría para jefe y que nunca aceptara una jefatura. Eso lo descontroló. Fue cuando dijo que apoyaba a la jefa del servicio, alegando algo más o menos como esto: muchas veces un jefe debe tomar medidas duras, que parecen hasta crueles, por eso está solo, la gente lo culpa de todo, y más cuando debe ser duro hasta con aquellos a quienes aprecia si se desvían. Mirando al doctor en cuestión le dijo que la doctora no podía detenerse a pensar en un paciente, por muy doloroso que fuera su caso, cuando tenía bajo su responsabilidad el tratamiento de más de cien; que esos cien pesaban más. Que era irresponsable y hasta criminal poner en peligro el tratamiento de todos esos por una sola persona, que de dañarse la máquina ¿qué bien le harían a todos, incluido a ese?, y que además tendrían el problema de qué hacer con toda esa gente. Y es cierto, era, y es aún, preferible tratar a esos cien aunque muchos lloren de desconsuelo, que arriesgarse a no poder tratar a ninguno. En caso de emergencia allí también, ¿a dónde podían haber enviado a esos más de cien pacientes, qué instituciones podrían haberse hecho cargo de semejante volumen? Era una decisión dura, pero afortunadamente siempre hay alguien que la toma sobre sí.

 

   Lo otro que quiero comentar, brevemente, se refiere ya en sí a Colombia, cuando al presidente colombiano Ernesto Samper se le investigaba por la narco patrocinada a su campaña, algo que fue comprobado (no fue que lo imaginaban o suponían), y los políticos colombianos, la fiscalía colombiana y los tribunales colombianos lo absorbieron de toda culpa y responsabilidad, el pueblo neogranadino debió entender muy bien el mensaje: vale la pena ser un vivo, un delincuente, porque eso da dividendos y jamás hay que pagar el precio. Aquí en Venezuela se dijo, lo leí en la revista ZETA, comentado por Rafael Poleo y Jurate Rosales, que el daño causado por la clase política a ese pueblo, era similar al hecho aquí por Carlos Andrés Pérez, el mayor corrupto hasta ese momento (antes de Chávez, a ese no creo que le gane nadie), cuando no solo robó sino que envileció los patrones éticos de todos los venezolanos.

 

   En Colombia, actualmente, ha estallado el escándalo de esos centros financieros fraudulentos que pagaban exorbitantes ganancias a sus participantes, quienes vendían todo lo que tenían y lo invertían allí para duplicarlo prontamente. Lo increíble es que semejantes instituciones trabajaran durante tanto tiempo sin llamar la atención de las autoridades, ¿en verdad nadie se había dado cuenta? Algo parecido ocurrió aquí cuando la crisis bancaria del noventa, mientras más endeudado estaba un banco, y más señales daba de estar hundiéndose (algunos parecían semáforos), y aunque algunos periodistas así lo alertaban, más intereses pagaban a los ahorristas y más gente depositaba en ellos. Cuando quebraron y escaparon con las botijas llenas, muchos lloraron y culparon al gobierno del viejo Caldera, que culpa tenía, cuando no quisieron oír advertencias. ¿Me va a decir un colombiano típico que jamás se preguntó como hacía esa gente para pagar esos dividendos? En un país donde el narcotráfico anda desesperado por blanquear capitales, ¿no se le ocurrió a esa gente de bien que de allí podían salir esas ganancias extrañas? Quién sabe cuánto del secuestro, el robo y la extorsión no salió bendecido también por ese camino.

 

   La avaricia cegó a los colombianos, no quisieron recordar que nada cae del cielo, que nadie regala nada de gratis, que siempre hay un precio que cancelar, el de la estafa, la del estafador, al final del ‘arco iris’. Y ahora les llega el tiempo de pagar, y se molestan, claro, por una parte pagar no es sabroso ni saber que a uno le vieron la cara de idiota (que no es el caso, en el fondo sabían que esas ganancias provenían del delito). Las autoridades intervinieron esas organizaciones, esa gente perdió su dinero y ahora gritan, patalean, lloran y amenazan por sus munas. Dinero que pensaron que sembrándolo en la tierra abonada y milagrosa del estafador les daría maticas de real. Viéndolo en frío, uno no se explica cómo tantos cayeron en esa estafa de la pirámide, ¡es que es un truco tan viejo y conocido! (por eso insisto, no son inocentes); sólo hay algo más falso que eso, el juego del grano en tres cáscaras de nueces, ¿quién, con dos dedos de frente, puede caer en semejante trácala?: aquellos que creen que son muy vivos, y que se van a llenar sin tener que hacer nada. Ningún colombiano puede alegar que creyó que ese dinero salía de debajo de un colchón, del mar o de debajo de las piedras. No, no quisieron ver, no desearon saber, no intentaron averiguar; un tipo llegó con un traje de rayas, un gran lazo rojo en el cuello, un sombrero de feria y con una carretilla llena de billetes gritándoles que arrojaran su dinero y todo lo que cayera era suyo… y se lo creyeron… porque querían creerlo. Ahora viene el amargo despertar, pero aún así se aferran a la esperanza de salvar su parte del botín.

 

   Una de las cosas más aberrantes que nos ha tocado presenciar de la hermana república, son esas marchas, concentraciones, protestas y gritos contra las autoridades exigiendo que reabran las casas de pirámide y los dejen seguir legitimando capitales. De verdad fue impresionante. Casi temo que, quitándose la careta como en un baile de mascaras, la población pida un referéndum para convertirse, ahora sí, en una nación productora y exportadora de drogas, ya que eso da plata. Pero es comprensible el desasosiego de esa gente, y su confusión mental; cuando no se observa fácilmente la línea entre lo ético y lo que no lo es, lo permitido o lo que no, cuando se sanciona al bolsa por cualquier infracción pero no al presidente Samper, esto tiene que pasar. Ahora a Álvaro Uribe Vélez, el cuatriboleado presidente colombiano, le toca el duro papel del villano, el que dice: “No, no pueden seguir legitimando dinero de las drogas; lo siento, pero no”, y como el abogado del diablo, será atacado y odiado, por hacer lo que se tiene que hacer, cortar con otro tentáculo del crimen organizado en Colombia. Es un hombre inteligente, sabe que el narcotráfico, la narcoguerrilla, y agitadores sin Piedad, intentarán sacar provecho de esto. Todo esto me daría pena, ordinariamente, ahora no, también Uribe se hizo el loco con otras formas de delitos, comenzando por apoyar a esas instituciones y regimenes seudo democráticos, que atacan a la población desarmada. Pero, ojalá, salgan con bien de esto; hasta el ridículo incidente de la gente que creía en los frijoles mágicos, porque quería creer, siempre nos pareció que la sociedad neogranadina era más sensata.

 

Julio César.

LUCHAS INTERNAS… (3)

Diciembre 14, 2008

el-chofer

   Su madre sabía que ese chofer traería problemas…

 

   Una hora más tarde, Eric baja en el ascensor directo que va del piso quince a los sombríos  estacionamientos. Se siente cansado y deprimido. Sabe que la reunión con los socios no fue nada comparada con la que tendría con su padre. Germán era un luchador, entregado a la pasión de toda su vida, la ley. Era un hombre decente, pero eso no quería decir que no fuera combativo y que hiciera todo lo que estaba en sus manos para ganar como fuera. Al final, triunfar era su obsesión, casi más que el dinero, el prestigio o las influencias que tanto buscaban ahora Ricardo Gotta y Aníbal López. Su padre, junto a Manuel Caracciolo, fundó La Torre; era su vida, y le costó mucho retirarse: dos infartos y una amenaza de divorcio de Norma, su madre, entre otras cosas. Y lo quería al frente de todo, aunque el joven sabía que no estaba contento con los resultados obtenidos hasta ahora.

 

   El abogado se mira de pasada en el espejo. Sonríe con una mueca. Sam tiene razón, no está tan mal. No es un hombre que pudiera llamarse bello, pero no era tan feo, se dice divertido. A sus veintiocho años, Eric Roche estaba en la plenitud de sus facultades físicas y sexuales; con ganas, con muchas ganas. Era un hombre alto, pero no tanto como Sam. Delgado, pero musculoso, de buenas espaldas. Le gustaba el ejercicio, pero más como un pasatiempo que como una rutina obsesiva a la que se encadenaba para tener ‘un cuerpo bonito’. De piel algo paliducha y cabello muy negro; sus ojos castaños oscuros eran llamativos, le daban un aire de buena gente y de hombre sensible que destacaba; aunque también lo hacía verse algo… suave. Blando.

 

   Recuerda lo que le dijo Sam sobre el joven del taller mecánico. Sabe que tiene buena pinta, siendo sensible e inteligente (dentro de ciertos límites, claro está), culto y de buena presencia, resultaba atractivo para la gente. En especial para las mujeres. Pero hacía muchos años que el joven sabía que por ahí no iban sus intereses. Sí alguien le hubiera preguntado qué le pasó, Eric no habría podido responderle claramente. Hasta los trece años lo emocionaban las mujeres y la idea del sexo con ellas. Atesoraba como algo muy preciado una revistica porno donde una hermosa catira aparecía muy abierta de piernas, agachada, con una pantaletica roja y las grandes tetas al aire. Eso le provocó miles de fantasías y de pajas en su cama y en el baño.

 

   Pero algo cambió; a los catorce comenzó a fijarse en otras cosas. Él culpaba de todo a Ángel Lamas, un condiscípulo grande y atractivo, galanzote entre las chicas, que en los vestuarios del liceo, al cambiarse, se pavoneaba en calzoncillos tipo bikinis de un lado para otro. Una tarde, cuando sólo estaban Eric y él, Lamas comenzó a hablarle de una tipa a la que conoció, de cómo le metió mano y todo eso; y bajo el bikini azul que usaba, se dibujó una tremenda erección. Eric sintió unas ganas horribles de tocársela, de sobarla sobre la tela, de sacar esa tranca de allí y masturbarla, de oír a Lamas jadeando, mientras le ordeñaba el güevote. Y casi podría jurar, aún hoy en día, que Lamas esperaba que se la tocara. Estaba ahí, en tanga, con el güevo erecto, esperando él también. Pero nada pasó.

 

   Sin embargo fue un sentimiento tan fuerte, que entendió que había algo distinto en él. Pero era algo a lo que en veintiocho años no había cedido. Su drama era ser un joven saludable, atractivo y caliente, con un güevo, una boca… y tal vez un culo que buscaban algo más (emociones ‘fuertes y duras’), y no las había tenido. No se atrevía. Había sojuzgado su sexualidad, eso que tanto buscaba y deseaba. Durante años tuvo que resistir el encanto de jóvenes atractivos en las piscinas, en las playas, en fiestas, en el stadium. Nunca cedió a eso que tanto anhelaba y solamente en la soledad de su cama, de noche o de día, se atrevía a soñar con otra forma de sexo, de amor. Claro que ojeaba revistas y veía películas, y como le costó conseguirlas, no porque no las hubiera, sino por la horrible sensación de exponerse a un juicio extraño cada vez que las buscaba. Pero eso no era sexo real, no era piel contra piel. Carne contra carne. Contacto con otro.

 

   Sí, tenía veintiocho años, era un ganador, un triunfador como diría cualquiera de forma ligera y superficial. Pero para sus adentro, Eric se moría. Y no lo entendía. No sabía por qué. Algo le faltaba, y no era simplemente el sexo, el tocar a otro carajo y tirar un rato, porque si a ver vamos, podría haberse ido a otra parte, otra ciudad, otro país, donde nadie supiera quién era y obtenerlo. Pero de alguna manera, el joven sabía que no era eso. Era su vida la que estaba mal. Tenía todo, y lo disfrutaba, le gustaba, pero cuando estaba  solas, cuando ya no había nadie más, ni siquiera Irene, dormida a su lado en la cama, un manto oscuro de soledad, de insatisfacción, de… tristeza por él mismo, lo envolvía. Despertaba, se duchaba cantando, besaba a Irene, desayunaba algo sabroso, conducía su bonito carro, trabajaba y trataba a otros. Estaba la piscina, el club, el gimnasio, el motocross… todo le gustaba. Era bueno, sabía que podía tener lo que quisiera, pero ese hueco extraño, que de noche no lo dejaba dormir, iba creciendo: ¿qué estás haciendo de tu vida, Eric? ¿Qué estas haciendo de tu vida?

 

   Y eso le atormentaba aunque quería espantarlo. Y como muchas otras personas antes que él, o justo en ese momento, entendió que se podía escapar de todo, obviarlo, esconderlo, pero no a uno mismo. Despierto, inquieto, con el corazón palpitándole en forma algo dolorosa y desordenada en esos extraños momentos de infelicidad, imaginaba una galería interminable de noches, de meses y años sintiendo ese pesar. Era cuando cerraba los ojos, y respiraba pesadamente, intentando pensar en cosas alegres, ligeras, pidiéndole a alguna cara amable (Irene, Sam, o el bebé de algún conocido) que lo llevaran hacia el sueño, para escapar, por esa noche, del tedio que iba apoderándose de su corazón.

 

   Vuelve a mirarse al espejo. Para Sam era sencillo aconsejarle que bajara, le mirara el tolete al muchacho y se le insinuara. Él jamás podría hacer eso, aunque lo quisiera mucho; aunque deseara más que nada en el mundo ver ese tolete creciendo frente a él, llenándose de sangre, de calor, de deseo. Era posible que hubiera gente que asumiera esas posiciones sin mayores traumas, pero él no. Le aterraba el que se supiera, el que lo señalaran, se burlaran o lo condenaran. Imagina la cara de sorpresa, decepción, disgusto y tal vez hasta de asco de sus padres, y sentía una angustia terrible. Nada más pensar en la cara que pondría su madre sí supiera cuanto le gustaría revolcarse en una cama con otro carajo, bastaba para que perdiera cualquier erección que tuviera.

 

   El hombre llega a los estacionamientos y ve a José Serrano, uno de los vigilantes de la compañía, recostado de su carro, fumando distraídamente un cigarrillo. Eric se inquieta. Es un joven algo bajito, musculoso, de rostro sonriente y pícaro. Pero lo más llamativo es el uniforme. Ese pantalón caqui se ajustaba a sus muslos como unos guantes. Se veían musculosos, firmes. Su culo se veía apretado contra la tela. Y entre las piernas se formaba un bulto que destacaba mucho, cilíndrico, alargado. Y Eric se preguntó, y no por primera vez, sí sería trapo del pantalón y la camisa, o güevo. Fuera lo que fuera, su mirada quedaba atrapada allí. Había pocas cosas tan excitantes como un carajo enfundado en un pantalón ajustado, que destacara sus carnes, caminando distraídamente por la calle, como inconsciente del tolete que se dibujaba contra la tela o como sus nalgas mordían algo del pantalón. Viriles. Machos.

 

   -Ah, buenas tardes, doctor Roche. -le sonríe José, arrojando el cigarrillo. Eric desvía rápidamente su mirada de aquella entrepierna. ¿Será tolete o trapo?

 

   -Buenas tardes, Serrano. Eso te va a matar, hombre. -señala el cigarro y le hace una seña de que le de uno.

 

   -El mundo se va a acabar pronto, o eso dicen, ¿por qué no gozar todo lo que se pueda? -le sonríe el joven tendiéndole la cajetilla. Eric medita sobre eso, encendiendo el cigarro.

 

   -El mundo se está acabando desde hace mil años y todavía estamos aquí.

 

   -A los que vivían hace mil años se les acabó, ¿o no? -mira el estacionamiento.

 

   Eric lo estudia y lo encuentra muy atractivo. Se estremece un poco pensando que últimamente todos le parecen atractivos y calientes; carajos con quienes tirar en potencia. Tantos años de negarse lo que sentía, lo estaban afectando con mayor frecuencia.

 

   -Al fin se acabó esta tarde. -suspira y bota humo, recordando que eso lo dijo Sam, hace poco.

 

   -Mi tarde no ha sido tan agitada. -sonríe, olvidando convenientemente la sesión de sexo que tuvo con Cecilio.- Uno se siente aburrido aquí solito… La tarde estuvo floja. Y eso ladilla. Siempre son mejores un poco duras, ¿verdad, jefe? -Eric lo mira fijamente. El otro mira a lo lejos, como perdido en sus pensamientos.

 

   -Eso creo. -responde confuso; no entiende para dónde va esa conversación, pero ya lleva tiempo allí hablando maricadas. Siente que algo meloso parte de José y no sabe sí quiere eso.- Debo irme. Hasta mañana. -sonríe con incomodidad y sube al carro, que enciende. Se oye un sonido feo, de algo que raspa.

 

   -Hummm, no se oye bien. Como que tiene problemas con el tubo de escape. Deben revisárselo. -dice mirándolo fijamente, asomado a la ventanilla. Eric lo mira confuso, su mirada traidora baja un momento a la entrepierna y cree notar que el tolete abulta un poco más. Se veía más atractivo, llamativo y apetitoso.

 

   -Gracias. Lo haré. -dice ronco y se aleja, despidiéndose con una mano. Eric lo mira por el espejo. José aún lo sigue con la mirada, con las manos en las caderas, sexy.- Anda, corre, maricón. ¿Qué te asustó tanto? ¿Qué te tocara el culo? Pero sí es lo que querías… -se reprende molesto a sí mismo. No sabe si lo imaginó, pero la conversación con José le pareció… extraña.

 

……

 

   Entrando en el difícil tráfico caraqueño, Eric enfila su carro hacia el Oeste, hacia el stadium Bernabé Salas. De tarde en tarde, Sam y él practican algo de béisbol o sóftbol con unos carajos conocidos a los que ahora se referían como El Grupo. Todos eran como ellos, profesionales, gente que trabajaba duro, que se llenaba de estrés y quería pasarla bien un rato, descargando tensiones y rabias corriendo, golpeando algo y gritando como demente. Siempre y cuando hubiera alguien por ahí, forman una caimanera y jugaban una partida o dos.

 

   La cola de vehículos está pesada. Con un suspiro de resignación el joven supone que se trata de alguna marcha de los opositores al Gobierno que andaban por ahí. ¡Y no sería él quien los criticara! El país vivía un duro momento. Él, con veintiocho años, dudaba que hubiera habido otro igual, con tanto desequilibrio social, político y económico. Un país que había conocido gobiernos malos, corruptos, torpes, o corruptos y torpes, ahora parecía haber llegado al llegadero. Esta gente que desdirigía los destinos de la República eran simple y llanamente unos delincuentes. Malandros que por un error trágico habían llegado al poder para mostrar toda su crapulencia, vicios y excesos; donde más que desvergüenza, o corrupción, todo parecía más un acto de demencia, de insania mental. Un momento histórico como éste sólo podría encontrarse en la Roma de los césares locos tipo Calígula o Nerón, piensa el abogado.

 

   La gente, luciendo una falta de sentido común, y aún de instinto de supervivencia que dejaba loco a cualquiera con dos dedos de frente, se las había ingeniado para tender sobre sí misma una trampa de muerte. La ratonera se cerraba día a día, las consecuencias de los trágicos acontecimientos ocurridos en el mes de abril de ese mismo año aún largaban sombras sobre el destino de todos. Un grupo de venezolanos que salieron a marchar exigiendo cambios de política y conductas en sus dirigentes fueron asesinados a mansalva en las calles cercanas al mismo palacio presidencial, públicamente, y los culpables aún no aparecían. No habían castigados, ni sancionados. La impunidad más feroz, más aterradora, se imponía. El miedo quería enseñorearse en todos. Las instituciones del Estado se usaban para taparear todo crimen, toda investigación seria, y miles de millones de dólares, como de horas de transmisión se utilizaron para crear una versión oficial que contradecía todo lo que ese día había ocurrido. Documentales y ‘películas’ habían sido financiadas, con sangre, y exhibidas en un sinfín de lugares llenos de imbéciles que quería oír y ver lo que deseaban ver y oír.

 

   Muchos pensaban que lo que estaba ocurriendo  era un castigo de Dios contra un pueblo excesivamente necio e irresponsable. Un país que hacía por segunda vez Presidente de la República a un hombre señalado pública y notoriamente de corrupto, de ladrón, y aún así lo aupó; y que después para castigar a los políticos corruptos e inútiles que ellos mismos colocaron allí, voto a voto, hacía presidente a un hombre delirante que les decía que los iba a poner a pasar trabajo, hambre y miseria (como Fidelio hizo en Cuba), no podía correr con mejor suerte de la que corrió. Era imposible escapar de las culpas y responsabilidades personales, por mucho que se intentara.

 

   Fue  una orgía de locura, de irresponsabilidad, de ignorancia y marginalidad de todos los estratos sociales del país. Hubo un desprecio al sentido común, a la lógica; se quiso probar con los golpes de suerte, con el vamos a ver si nos sale bien. Cosas como el trabajo serio y sostenido siempre eran dejadas al lado del camino, la planificación era difícil, pensar siempre lo era, y el trabajo era algo duro al que había que sacarle el cuerpo. Había que probar con los Mesías. Primero el corrupto que aparentemente multiplicaba la plata, luego el viejo estadista al que se le concedían dotes casi divinas, más tarde la reina de belleza universal que lo haría todo bonito y finalmente el militar raspado en el examen de Estado Mayor y que había probado el atajo de llegar al poder con una intentona de golpe militar, traicionando todos sus juramentos. Esos eran los íconos, las estampitas a los que el venezolano rezaba y se jugaba su suerte. Milagrería barata que le estaba saliendo cara.

……

 

   El stadium estaba poco concurrido y las luces ya se encendían aunque el despejad cielo caraqueño estaba encendido de un amarillo viejo, algo hermoso para algunos, deprimentes para otros; mientras tanto Eric, Sam y los conocidos de allí,  practicaban a batear y atrapar. Toda Caracas vivía bajo el estrés de la basura, el hampa, el mal gobierno y la angustia de no saber cómo terminaría todo eso. Pero por un rato podían evadirse con el ejercicio, con el esfuerzo físico, con los gritos y la agradable sensación de competir por ver quién era mejor. Eric tenía un brazo potente, era capaz de batearla más lejos y mejor posicionada que Sam, quien siempre alegaba que lo dejaba ganar para que no se sintiera tan mal con su miserable vida.

 

   Uno de los bateadores con más poder era Lucas Rondón, un negro cuarentón, de rostro liso, cabellos chicharrón cortos, con un bigote no muy ancho. Era alto, de brazos y pectorales fuertes. Uno de los pocos que inquietaba a Eric en las duchas; él, quien a pesar de lo que decía el mal hablado de Sam, no andaba pendiente de cada tipo que entraba en calzoncillos. Pero Lucas era… muy atractivo en su rudeza y virilidad. Albañil de corazón, había levantado una pequeña constructora, a la que ahora llamaban la Compañía. Era un carajote llano y franco, que bebía, comía y pagaba sin tacañerías.

 

   Más flojón para los ejercicios, pero bien dispuesto a la hora de beber, aunque no así para pagar donde mostraba una pichirrez a la que llamaba sentido del ahorro, Néstor Lobo era un treintón de cabellos castaños; médico de profesión, tenía como especialidad la urología, cosa que le ganaba gran cantidad de bromas de los demás sobre la cantidad de carajos desnudos que tenía que ver. Tenía una vena algo cruel y macabra para sus bromas. No había dolor más grande para él, que dar plata para algo, y eso que ganaba muy bien.

 

   Alirio Fuentes era un carajo algo más bajito y fornido, bromista, truculento y algo fastidioso. Con sus ganas de mostrar puntos de vista originales, a veces se empeñaba en discusiones que no llevaban a nada. Fuera de eso era poco lo que el grupo sabía sobre él; si le preguntaban en qué trabajaba, decía que en esto o aquello. Hasta su edad era cuestión de misterio. Aunque no mal parecido, había algo en él que le dificultaba encontrar mujeres, no como a Sam, Lucas o Néstor. ¡Y como era de atacón! Su actitud muchas veces resultaba molesta más bien.

 

   El último de los regulares era Renato Mijares, un joven reilón, alto y bien parecido, de rostro delgado y mirada algo perdida. Había un aire como de muchacho indefenso y buena gente que llamaba la atención de todos, aunque él no parecía explotarlo. Qué hacía, de qué vivía o si tenía novia, era un misterio para todos. Néstor, vulgar y directo como era, pensaba que era marica; pero era algo que a nadie constaba, ni importaba.

 

   Ese era el grupito que generalmente se reunía, jugaba béisbol, sóftbol o fútbol. Bebían cervezas, tomaban caña más picante y hablaban de todo, con descaro, con franqueza, casi con rabia. Tal vez algunos se ofendían o molestaban por lo que otro decía, pero en líneas generales a nadie le importaba. Eran hombres brutales y directos, una concepción que todos tenían más o menos de lo que debían ser. Mientras corren, atrapan y batean, se gritan cosas como: marica; abre los ojos, güevón; miren a la mamita, todas se le caen…

 

   Sentada en las gradas se encuentra Irene Guerra, una mujer alta, de rostro sereno y bonito, nada espectacular, pero hermoso, con el largo cabello negro lustroso atado en una cola, casual, simple. Viéndose bonita. A la mujer le gusta mirar a Eric jugar con sus amigos, claro que ignora qué otros jueguitos preferiría el hombre. Ella lo quería, y en líneas generales todos esos carrizos le caían bien; excepto tal vez Alirio Fuentes, con su aire atacón que no lo dejaba respetar ni a la mujer del hermano. Y Sam. Irene sentía que Sam no la tenía en un buen concepto, pero tal vez eran los celos del hombre que veía a su mejor amigo buscar a alguien más.

 

   Desde la cancha, Eric la mira y la saluda con una sonrisota, y en eso nota como la mujer es abordada por Lesbia, la mujer de William Bandre, otro socio minoritario de la firma, quien, es ahora que cae en cuenta, llevaba tiempo sin aparecer por La Torre. William no era amigo suyo, más bien lo contrario. Pero Irene, en una cena de la firma, había congeniado con la otra mujer, quien era una persona que buscaba amigos en forma algo desesperada. Lesbia siempre parecía que andaba nerviosa o agitada. Y la gente buscaba a Irene por su aire de mujer sensata e inteligente. Ella nota la mirada de Eric y le sonríe. Tras él, Sam le hace una mueca e Irene le muestra la lengua. Por alguna extraña razón, piensa Eric, la mujer no apreciaba a Sam, cosa que era curiosa ya que todo el mundo lo quería. A veces demasiado, más bien.

 

   La mujer llevaba cinco años saliendo con él en plan formal. De hecho desde la boda de Sam. Y ahora estaba pasando el tiempo con celeridad, más bien corriendo, se dice la mujer mirando a Eric (quien retrocede de espaldas y atrapa un batazo de Lucas), y aún no se concretaba la boda. Cuando Eric le telefoneó para que visitaran la mansión de sus padres esa noche, pensó en negarse. Sabía que Norma, la madre de él, no la apreciaba. Bueno, esa mujer no quería a nadie, se dice con disgusto. Ni a Eric, sospechaba ella. Norma era altiva, como una reina, y parecía pensar que su Eric era demasiado bueno para una profesorcita de inglés; y en el pasado se lo había hecho notar de forma indirecta, pero inequívoca.

 

   Sin embargo, con el paso del tiempo, la mujer parecía haber ido aceptando la idea de que Eric tenía que casarse con alguien; de hecho era ella quien más insistía en lo del matrimonio ahora; y parecía haberse convencido de que para eso serviría Irene como cualquier otra. La joven había notado que con el paso del tiempo, Norma se desesperaba. Por alguna razón que sólo ella entendía, parecía decidida a concretar ese matrimonio ya; pero Eric luchaba como bagre en el anzuelo, resistiéndose. Ella misma comenzaba a inquietarse, sin saber a ciencia cierta por qué. Eric la quería, se llevaban bien conviviendo juntos y en la intimidad de la cama. Pero por alguna razón, él no ponía le fecha y hora al casorio.

……

 

   Cuarenta y cinco minutos después, Irene deja a Lesbia, quien se ve algo agitada, como envejecida, se dice Eric mirándola desde la cancha; y va hacia él. Sam se les acerca también.

 

   -¿Nos vemos entonces esta noche en casa de tus padres? -le sonríe ella, besándolo, sintiéndolo sudado y agitado; en cierta forma, eso era estimulante, lo encontraba sexy, y Eric lo sintió en su lengua cuando lo besó.

 

   -Claro. Lleva tu antídoto contra mordeduras de serpientes. -sonríe. Ella igual.

 

   -A tu madre no le gusta tu broma de llamar a la casona, la Casa de las Serpientes.

 

   -Si supieras lo que ella dice de ti. -bromea Sam. Ella lo mira fría.

 

   -Basta, Sam. Deja tus celos. Eric nunca será para ti. -aunque bromea, la frase tiene tantas connotaciones que Eric y Sam, que entienden un poco más que ella, sienten embarazo. Eric la mira sonriendo apenado.

 

   -¿Y Lesbia? -mira hacia las gradas, donde ya no se encuentra la mujer. Irene bota aire.

 

   -Está mal. Parece que… William la dejó. O por lo menos abandonó la casa. -los impacta. Los dos hombres cruzan una mirada.- Pasó para ver sí alguien sabía algo. ¿Qué les estará pasando?

 

   -Muchos maridos escapan de sus mujeres, es cuestión casi de supervivencia. -dice Néstor Lobo acercándose. Oyó lo que hablaban.

 

   -No todos se casan con mujeres como la tuya, medicucho. -bromea Lucas.

 

   -Ay, ojalá la mía se fuera. -responde él.- Yo creo que de la alegría, me daría un infarto.

 

   -Y quedarías cuadrapléjico y ella tendría que regresar a lavarte el culo en la cama. -ríe Lucas.

 

   -Hummm, ésa me envenenaría para salir de eso. O se buscaría otro marido y tirarían a mi lado.

 

   Y así comienza una de esas interminables conversaciones entre hombres sobre lo malas que son las mujeres en general, las esposas y suegras en particular, y de lo felices que serían sí se fueran todas. Alirio y Renato Mijares se unen también a la charla. Irene bota aire, resignada, hasta que dándole otro beso a Eric se marcha. Renato saca de una cavita unas cervezas y beben, cayendo todos sentados sobre la grama, hablando aún de las mujeres malas. Es un rato ameno al final de un duro día de trabajo. Sam y Eric se despiden, Néstor va hacia su carro, despidiéndose también, y Lucas se queda allí, tomando otra cerveza con Alirio y Renato.

 

   -¿William Bandre, desaparecido? -le comenta Eric a Sam, mientras se alejan.

 

   -Curioso. No lo había notado, pero en verdad lleva días sin aparecer por La Torre. -lo mira fijamente.- Tú sabes que es un agente de Ricardo Gotta, ¿no? -el otro asiente.

 

   -Trata de averiguar en qué andaba. Sería bueno tener algo contra Ricardo, aunque eso parece imposible. Ese carajo tiene más trucos y recursos que un político viejo en campaña. –en ese momento no podía imaginar lo lejos que la vida iba a llevarlos siguiendo la pista de ese tipo.

……

 

   Es casi de noche cuando Eric llega por fin a la casa paterna después de pasar por su apartamento, ducharse y cambiarse de ropa. La propiedad es magnifica, protegida, bien cuidada y hermosa. El joven detiene su carro cerca de la entrada. Nota que el de Irene ya está ahí. Pobre, seguramente estaba aguantando lo mejor que podía a su madre, resistiéndose a atacarla con un tenedor o algo así, se dice sonriente. Va hacia la casona cuando oye unos alegres silbidos. Mira hacia los estacionamientos y se impacta tremendamente. Allí se encuentra Pedro Correa, el joven chofer de su madre, el hijo de un antiguo empleado a quien su padre le daba trabajo casi como una obligación de honor. El carajo lavaba el carro de la mujer.

 

   Es un joven veinteañero, atractivo, de piel algo amarillenta cobriza. Pero lo más impactante en ese momento es que usa únicamente un pequeño short de tela jeans, cortado muy por encima del borde del nacimiento de las nalgas, dejando al descubierto un cuerpo lampiño. La tela se hundía ricamente entre las firmes y jóvenes masas. Pero lo más enloquecedor es una tirita muy delgada, de una tanga licra morada que subía mucho en una de sus caderas.

 

CONTINUARÁ…

 

Julio César.

LA PROPUESTA

Diciembre 14, 2008

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   Se miraban y se gustaban… como amiguitos…

 

-Uy, diablo, ¿para qué quieres que suba a tu cuarto ahora que salieron tus padres?

 

   -Compré un traje de baño de locura. El hilo dental que vendía Leticia. Sube a vérmelo puesto y después te doy algo más… Algo que nunca he dado.

 

   -Upa, ¿qué es eso que vas a darme que nunca le has dado a nadie?

 

Julio César.

JESSE, ISEA Y CILIA SON NOTICIA…

Diciembre 12, 2008

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   -Y lo dejan a uno estupefaciente…

 

   Regresa Jesse Chacón al Alto Gobierno después de su sonoro fracaso como candidato chavista a la alcaldía de Sucre, (Petare, ¡la tenían tan segura!). Señor, para ganar un cargo así, si ya te conocen como los venezolanos llevamos años conociéndote, no puedes llegarle a nadie con ese aire de prepotencia y necedad, sobretodo si únicamente puedes presentar fracasos por donde has pasado. Bien, vuelve al ministerio de Propaganda del Régimen y hace un llamado a los medios de comunicación independientes para que presenten equilibrio comunicacional, que espera que cambien y ahora sí se dediquen a lo que tienen que hacer, informar sin dobleces. ¡Cómo si él no fuera el mismo hombrecito falaz que ni para el canal Ocho mira, mientras allí se insulta y calumnia sin pruebas! Jesse, por Dios, al menos intenta fingir que eres otro. Lo de la amenaza de llevar la discusión del papel de los medios de comunicación a un debate internacional es un riesgo, ¿y si pasan pedazos de la programación habitual de VTV, o los últimos y desaforados mítines del Presidente en campaña cuando se supone que aquí rige la ley de responsabilidad social? Recuerda que este mundo esta llena de gente mala… y no todos son chavistas.

……

 

   Mario Isea está a punto de lograrlo, ya Manuel Rosales casi está en una celda, en una oscura mazmorra encadenado a la pared esperando que Chávez llegue a divertirse… con las cosas que puedan gustarle. Isea no se cansa de pregonarlo: preso por regalar una camioneta a un jefe policial, preso por unas propiedades que no puede justificar aunque no se sabe dónde quedan, pero que él sabe, en el fondo de su corazón, que existen. Preso por corrupto… Y ya viene la enmienda, y como nos cuesta lo mismo con una o dos pregunta, se consultará: ¿Todo el que regala lo que no es suyo a sus amiguitos fuera o dentro del país debe ir preso y perder todos sus privilegios inmediatamente? De lo otro ni hablo, ¿a dónde va a huir toda esa familia saliendo de Barinas cargando con gallinas, morrocoya y demás? Sigue, Mario, ya casi lo tenemos en su pequeña celda. Al final serás el gran héroe… quién encerró, como dicen por ahí, a la bestia… aunque tú ni te imaginabas hacer algo así. Me pregunto, ¿con qué imbecilidad irá a salir Carlos Escarrá después para justificar que lo que es delito en uno es generosidad graciosa en el otro?

……

 

   A Cilia Flores se le alborotó el gallinero con lo de aprobar la discusión de la enmienda. Uno no entiende por qué lanzó una cadena para ponerla… en discusión. A su tonito de “se aprobó la discusión con los votos de los diputados”, se alzaron las voces de protesta, que hizo de todo por acallar. Siendo una democracia participativa y protagónica, sólo ellos como caja de resonancia de Hugo Chávez, pueden hablar, el resto a callar, ¡carajo! (cómo tiene que ser, coño, para eso son revolucionarios); y le molestó que Ismael García, de PODEMOS (ya no), le aclarara que no se aprobó por todos los diputados, sólo la galería que aplaude como focas cuando le enseñan un pescado. Cilia, por Dios, mujer, lava la ropa sucia en la intimidad, no abras las puertas ¿y sí hay hoyitos o manchitas sospechosas? Por cierto, decir que una de las enmiendas para perpetuarse en el poder la hizo Pérez Jiménez (el último dictador hasta ahora) para reelegirse cuanto quisiera, hizo arquear más de una ceja. Es que no piensan, sólo rumian… lo que les gritan desde Miraflores.

 

Julio César.

OFRENDA

Diciembre 12, 2008

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   Él se ofreció… y me deje.

 

   Maldita sea, pensé; al fin habíamos terminado de recoger todos esos escombros en casa de mi amigo Pancho. El trabajo fue extenuante, y yo estaba agotado. Ese perro siempre pedía ayuda a los amigos para trabajar de gratis en la casa que estaba remodelando, pero esta vez fue el colmo, hubo que cargar dos camiones de escombros y el único que acudió, o al que llamó, fui yo. Para colmo me pisé un dedo que me ardía y palpitaba. Molestó entré en las duchas del taller que tiene junto a la casa para darme una rápida ducha e irme al coño, con mi dedo bajo la axila. Le dije a la comadre que no comería con ellos. Fue cuando lo encontré ahí, casi tirado en el suelo.

 

   -Lamento lo de tu dedo y que no haya venido nadie más, JC; llamé a varios.

 

   -No hay peo. -mentí.

 

   -Déjame atendértelo.

 

   -No, no quiero un coño, sólo…

 

   -¿Seguro?

 

   Y me lo atrapó con su boca cálida, dándole un tibio apretón y mamada, para calmármelo, pensaría, pero sólo lo puso más caliente y palpitante. La vaina me sorprendió, dejándome todo envarado y duro por la sorpresa. Y se aplicaba el gran carajo, su boca iba y venía, chupándolo, mamándolo, dejándome bien lleno de saliva cálida todo mi largo y grueso… dedo. De su boca sólo salían gruñidos mientras cerraba sus ojos, goloso, disfrutando de mi enorme, tieso y muy caliente… dedo.

 

Julio César.

PEQUEÑAS GRANDES VERDADES

Diciembre 10, 2008

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Julio César.

 

NOTA: Todas las fotografías han sido tomadas de portales gratuitos… Que nadie se moleste, por favor.

MANUEL ROSALES Y HUGO CHAVEZ… LA FISCALIA PUEDE ENMIENDARLA

Diciembre 10, 2008

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   -Es que lo quieren todo…

 

   Ante una parodia de interpelaciones en la Asamblea Nacional (sí, esa), Manuel Rosales, ex gobernador del Zulia hoy alcalde de Maracaibo, encaró de forma frontal a sus ‘acusadores’. Del señor Leonett Canales se sabe que aunque hoy tiene billete, ayer no tenía ni donde vivir por lo que el Estado le entregó una pequeña parcela, propiedad del Instituto Agrario Nacional, es decir, que no era suya y por lo tanto no podía venderla… pero la vendió, y debe haber invertido en frijoles mágicos, porque ahora tiene real del bueno. De Mario Isea, lo dijo el propio Rosales, “recuerde que a usted lo sacaron del cargo donde estaba por averiguaciones de peculado y corrupción”. Y fueron estos dos ilustres venezolanos quienes lo enfrentaron, acusándolo con declaraciones largas e idiotas, sobretodo en lo referente a que una persona sin moral no podía dirigir ningún cargo público. ¡Y lo dijeron ellos! Tan extraviados estaban, que acusaron a Rosales del horrible crimen (para ellos tan decentes) de poseer, bajo diversos nombres, bastas extensiones de tierras, olvidando que escupían hacia Barinas y los Chávez Frías, la gente con más real y tierras en este país. Según ellos, la familia real, bienes legados por don Fernando Séptimo antes de la independencia, pero que sólo ahora lo descubren, como en cualquier telenovela.

 

   Bueno, de las risibles acusaciones rebatidas una a una por Rosales, este salió fortalecido ante la opinión pública, porque los muy tarados, seguramente creyendo que se la comerían (y a Rosales) lo transmitieron por televisión. No se veía una batuqueada tal desde que Patricia Poleo fue llamada a interpelación por el golpe de Estado dado por Lucas Rincón el once de abril de dos mil dos; cuando fue tal la fregada que la mujer le dio al piso de la Asamblea con sus interrogadores, que decidieron terminar su interpelación bruscamente. Madre mía, qué mal quedaron ese día. Retomando el hilo, la payasada de interpelación fue incapaz de presentar un papel, un título o una fotografía de las famosas tierras de Rosales. Es que ni siquiera una ubicación. Cuando se les preguntaba dónde estaban, hacían un gesto con la boca y decían ‘por ahí’. Sin embargo, la orden tajante lanzada por Hugo Chávez a través de la televisión era que él lo quería preso. Como fuera. Que hicieran como pudieran, que se inventaran lo que hiciera falta, pero lo quería preso. Y preso ya.

 

   La Fiscalía General de la República, apéndice dilecto de Miraflores (ah, cuánto daño hace la gente falta de probidad), ni corta ni perezosa citó en calidad de imputado a Manuel Rosales. Imagino que se extrañarán, ¿imputado y no como presunto indiciado? Se supone que la Fiscalía primero investiga, busca esas tierras, identifica a los testaferros, va a los bancos de dónde se sacó la plata para comprarlas y monta un expediente, y una vez con los pelos de la burra en la mano, actúan. Pues… no, nada de eso se hizo. Lo citaron en Caracas para, según las malas lenguas, que les de tiempo de buscar un juez complaciente mientras Rosales esté declarando, y que firme una orden de detención mientras aún rinde indagatoria. Lo quieren tras una celda antes de navidad, porque… Chávez lo quiere y lo exige. Es por ello que se le interroga en Caracas y no en el Zulia, donde los zulianos podrían tener algo que decir al respecto. Pero no se crean, las acusaciones están basadas en hechos comprobables muy sólidos, como las tierras ubicadas en Nunca Jamás, o la camioneta del año noventa que el ex gobernador le regaló a un compadre… jefe de la policía del estado para que se movilizara con sus credenciales en labores de investigación. ¡Qué cosa tan aberrante!

 

   Por mi parte, no me hago ilusiones. Con las instituciones secuestradas unas, postradas otras, el presidente Chávez hará lo que quiera. Pero cuando a Rosales lo detengan por esos cargos horribles dignos de ser juzgados de lesa humanidad, quedará abierta la puerta para… ta ta ta tan… una enmienda. Chávez desea que para febrero, marzo más tardar, y antes de la menguante, se pronuncie el pueblo sobre sí lo quiere gobernando para siempre o no; yo creo que, sirviendo a una mejor justicia, se podría aprovechar de meter otra pregunta en dicha consulta, que va a costar un realero mayor que la del 2007. Algo como: ¿Está de acuerdo que todo el que halla regalado algo del erario público como si fuera suyo de su propiedad debe ir inmediatamente preso y perder todos sus privilegios políticos? Creo que nuestra democracia ‘participativa y protagónica’ puede tener mucho que decirle a nuestra dirigencia. Tanto al Ejecutivo y la Asamblea, como al Tribunal Supremo.

 

   Tan sólo hay que esperar que la Fiscalía cierre el nudo alrededor del cuello de Manuel Rosales… y ahorcar con él la Presidencia de la república. Después de todo, corrupción es corrupción, corrupto es corrupto y cárcel es cárcel, ¿o no, señora Fiscal General de la República señora Luisa Ortega Díaz? Yo dejaría que todo terminara como Chávez quiere, por ahora… ya viene el referéndum y entonces podremos saber si queremos a todo el que regala lo que no es suyo preso o no.

 

Julio César.