Archivos de la categoría ‘CINÉFILOS UNÍOS’

MUERTOS REVIVIDOS… TAN SÓLO PARA MOLESTAR

Marzo 27, 2009

muertos-revividos

   Grita porque la vio hasta el final…

 

   Hace unos días, llegado del trabajo acalorado y molesto, cargado de tensiones y rabias, encendí mi aire acondicionado (no me gusta dejarlo fijo), la televisión y me serví una taza enorme de café. Me dispuse a presenciar una cinta (o disco, es raro decirlo así) de muertos vivientes. Me encanta ese tipo de películas. Me agradan esos seres torpes, brutales, que se multiplican como un chisme maloso, acorralando a los pobres vivos. Sí, me gustan, algunas pueden ser argumentalmente muy malas, como lo son generalmente las VIERNES 13, pero siempre es emocionante, grato y… (no sé cómo decirlo sin parecer un psicópata) ameno ver los asesinatos. ¿Qué quieren que les diga? Eso me distrae. Sólo en filmes, únicamente en la ficción. Esta, MUERTOS REVIVIDOS, me la vendieron como “Uno de los mejores filmes de zombis en años”. Y en verdad era sustentable. Nada del otro mundo, los lugares comunes y todo eso, pero las escenas de brutalidad caníbal eran como más feas, las víctima como que tardaban más en morir. Hubo dos grandes aciertos dramáticos para decirlo así, el primero en caer devorado, el chico del aseo, se veía bien, buena gente, amable y galancito (creí que era el héroe); cuando todo comenzó me decía: corre, no, aléjate, aléjate;  pero luego va y muere de una forma atroz, a mí me dio escalofrío. Pero también ese muchacho, ¿cómo se lo ocurrió abrir esa vaina? Es como el viejo chiste de parodias: “Dios, todos están muerto, parece la obra de un loco homicida, ¿qué es eso?, bajaré al sótano para ver qué es ese ruido”.

 

   El otro momento impactante fue la hermosa joven asesinada saliendo de su carro cuando iba rumbo a la fiesta de los chicos bonitos, idiotas y necios (ya es un estereotipo, aún en ALIÉN CONTRA DEPREDADOR, la dos, se vio esto). Fue salvaje todo lo que le hicieron esos bichos; porque estos, para aumentar el horror, no eran los típicos muertos vivientes que caminan arrastrando una pata, lentos como tortugas en subida. No, estos corrían, y duro, como el policía malo en TERMINATOR dos. Difícilmente alguien podría ganarles en los cien metros planos. Pero hubo desaciertos que molestaron, dañando algo que pudo ser regular tirando a bueno; fueron tres detallitos en específico. Uno era el grupo de los chicos ‘buenos’ encerrados en un carro rumbo a una verbena, fumando marihuana como si de algo inocente, una tremendura, se tratara. Es la contribución y continuación del falso paradigma que sostiene que eso no es malo, sino que da caché. Esta excusa de enfermos que intentan justificar su debilidad, siempre me ha molestado. No, las drogas no hacen daño, eso es mentira. Pregúntenle a Britney. Lo otro fue cuando estos seres comenzaron a atacar (y fue casi absurdo), cuando los jóvenes se encierran bajo techo, cercados, y uno le dice al otro “parece un ejercito de zombis”. Y lo decía como quien dice, “coño, llegaron los portugueses, o los italianos, o los gorditos, o los inmigrantes”. Se supone que si uno no los ha visto antes, que si el mundo no se ha enfrentado ante a los zombis, no se les conoce. A menos que eso pase a cada rato en ese pueblo. Pero como digo, fue este un detalle tonto.

 

   Pero lo grave fue el final. El chico y la chica, los últimos, están frente a una morgue, no pueden abrir la puerta, los muertos vivientes los rodean, los miran y echan a correr hacia ellos, saboreándolos ya. ¿Saben lo qué pasó? Ah, no, mírenla y arréchense ustedes también. Pero en verdad no fue tan mala. Yo, excepto por ese detallito final, la pasé más  menos bien mirándola. Como dije, me agradan los zombis… no como vecinos, claro. Recuerdo que cuando vi por primera vez EL RESIDENTE MALIGNO, con Milla Jovovich, la disfruté bastante, y comentándola con un hermano le dije: hubo un accidente y la computadora mató a todo el mundo, ¿y sabes qué pasó? No sé cómo lo hizo, pero me dijo: no, no me digas, revivieron como zombis y comenzaron a matar gente. Creo que me vuelvo predecible.

 

Julio César.

LA VENGANZA, PLATO SAZONADO EN EL INFIERNO…

Noviembre 2, 2008

   Cuando era un niño, nueve o diez años, dormía tardísimo, cosa que causaba las angustias de mi madre, pero no podía acostarme temprano, cada noche transmitían por RCTV, un ciclo de películas: Señor Cine. Era un ciclo de martes a sábado, cada día un tema especifico, con un anunciante de voz dramática que iba pasando trailers de las películas que se transmitirían los días siguientes. Vi joyas realmente en dicho espacio: El Salario del Miedo; Cabaret, Un Largo y Ardiente Verano; De Aquí a la Eternidad; Los Doce del Patíbulo… y las de horror, por supuesto. Amaba Señor Cine de Horror. Eran cintas viejas, los clásicos, Drácula, Frankenstein (bueno, el monstruo), la Mosca y otros. Y allí estaba este ser, el taimado, cruel, diabólico e inteligente doctor Phibes. Qué ser tan ingeniosamente sádico.

 

   Cualquiera podría decir que tratándose de una película vieja, sería aburrida, pero para mí fue la primera vez que vi una venganza tan esquemática, cruel y definitiva, cosa que la hace eterna. Tal vez eso sea lo ‘clásico’. No pierde su encanto; se cae en un canal retro y te encuentras con que la transmiten y allí te quedas, siguiendo las peripecias del policía que investiga, llegando generalmente tarde a todas partes, y la de este barroco y elegante villano. Se veía de fábula. Claro, sus métodos pueden parecen bobos ahora, comparándolas al sadismo (interesante) que vemos ahora en las Juego del Miedo (SAW); pero esta tiene el mérito de ser una precursora. Me quito el sombrero ante este género y aquello realizadores, qué visión. Ahora quiero transcribirles este artículo que encontré sobre nuestro amigo Phibes, en el blog LA CAJA NEGRA. Que no se moleste el amigo, ¿okay?

 

La venganza tiene un nombre: Dr. Phibes

   “Nueve la mataron, nueve morirán, nueve malditos para la eternidad”.

 
   Si Shakespeare hubiera aguantado quinientos años más habría acabado escribiendo la historia del abominable Dr. Phibes, la encarnación misma de la Venganza y la máxima creación del genial Vincent Price.


   “El Abominable Dr. Phibes” se rodó en 1971 a las órdenes de Robert Fuest, director inglés que contaba en su haber con unos cuantos episodios de la serie Los Vengadores. Con un impresionante elenco encabezado por Vincent Price y Joseph Cotten, la película lo tiene todo: asesinatos, música, suspense y estética pop.


   Hagamos una breve sinopsis: El Dr. Phibes, un culto cirujano experto en música y teología, culpará de la muerte de su amada esposa a los nueve médicos que la atendieron tras un aparatoso accidente de coche (él ha quedado horriblemente desfigurado y es dado por muerto). Phibes prepara la venganza: asesinará a los médicos inspirándose en cada una de las plagas bíblicas, en un alarde de imaginativa crueldad y sofisticado sadismo. Nuestro moderno y descontrolado Orestes se refugia en una especie de bunker art decó. Cubre su rostro desfigurado con una máscara que es la impasible cara de Price. Entre crimen y crimen, toca un llamativo órgano de tubos de metacrilato, acompañado por una orquesta de autómatas. Para poder hablar, se conecta a un gramófono por medio de un cable a un orificio en el costado del cuello. Y se alimenta introduciendo una cuchara en el mismo orificio (ésta es una escena especialmente tierna). Siempre está acompañado por su fiel Vulnavia, la misteriosa ayudante muda, y por el cadáver de su amada Victoria.


   En este género que, si no existe, debería ser definido, el “cine de venganza”, el desarrollo habitual de la historia nos suele llevar durante las primeras tres cuartas partes del metraje a ir presenciando un rosario de humillaciones infringidas al protagonista, hasta que se produce su reacción final que provoca la catarsis de violencia desatada. En “El Abominable Dr. Phibes” se nos ahorra la parte del melodrama. Desde el principio de la película el buen doctor es ya un asesino demente, un siniestro genio del mal. Y nos queda toda la extensión del filme para disfrutar junto a él del sabor de la venganza. Porque Phibes es ante todo un esteta. Un esteta de los años 70 pero aún así, a su manera, un refinado en esto del crimen.


   Al año siguiente se estrena una segunda parte, “El regreso del Dr. Phibes” (Dr. Phibes Rises Again, 1972) en el que nuestro doctor, que ha estado hibernando durante diez años, nos lleva hasta Egipto con su criogenizada esposa. Allí, intentará revivirla en la tumba de los faraones, y de paso nos brindará otro extravagante catálogo de asesinatos concebidos a la manera de las bellas artes. Algo falla, claro está, y el sádico doctor, como buen héroe romántico que es, no alcanzará la tan ansiada vida más allá de la muerte para su hermosa Victoria, pero para entonces nos ha dejado dos de las mejores películas de la historia del cine. Y nos recuerda de paso que la venganza es un manjar condimentado en el infierno.

 

24/05/2005 14:06 Enlace permanente. Tema: La venganza tiene un nombre: Dr. Phibes Hay 4 comentarios.

……

 

   También vi la segunda parte, de hecho creo que fue esa la primera que vi, y la muerte de un sujeto amarrado que es cubierto por feos y malvados alacranes o escorpiones, fue increíble; así como la del hombre atrapado como en una cama cuyos respaldos van cerrándose, aplastándolo, fue genial. Recuerden que era un niño cuando la vi. Difiero en mis recuerdos un poco con CAJA NEGRA, me parece que el doctor, navegando por un afluente secreto del Nilo, iba hacia la cámara donde su esposa reviviría, triunfando. Un hombre que lo perseguía, enfermo y obsesionado con curar, lo sigue y él lo deja fuera de la cámara. Cómo gritó. Todos esos detalles eran sublimes. Quien tenga la oportunidad, siéntese a verla. No la juzguen por el tiempo transcurrido. Se llevarán una gran sorpresa.

 

Julio César.