
Ahora que lo tenía bien agarrado no iba a soltarlo…
Vicente había regañado a su asistente, Daniel, varias veces por llevar ropas de colores sicodélicos. Esa mañana, molesto por una discusión con su mujer, le gritó al verlo llegar con un saco verde lima y una camisa rosa. Le gritó y manoteó. Daniel, generalmente le replica, pero ese día tuvo miedo de perder su trabajo y sólo podía gemir, pero doctor, cuando el otro comenzó a quitarle el saco a halones. Algo se apoderó de Vicente, y teniendo a muchachote, desconcertado y sin saber qué hacer, de pie frente a él. La camisa siguió el mismo camino y ese cuerpo joven, delgado pero musculoso quedó a la vista. Pero a Vicente todo le molestaba, se dijo cuando lo empujó a la silla comenzó a bajarle los pantalones. Lo mira sonriendo duro, con algo oscuro en sus ojos ahora, y Daniel, tembloroso con ese calorcito extraño adentro, abre sus piernas cuando el cierre baja. No sabe hasta donde llegará el jefe pero.
-hummm… -se le escapa cuando con un puño, el jefe aprieta sobre su calzoncillo, calzoncillo abultando ya, en su mano.- jefe… pero, qué quiere…?
Vicente lo mira, podría hacer muchas cosas, como ponerse de pie e irse, o decirle algo, para que entendiera, pero está agotado, así que baja el rostro y el primer calido y suave beso cae bajo el ombligo del otro, un segundo antes de lengüetear saboreándolo… y a esas alturas… ya no habían dudas.
Julio César.
NOTA: Cuando era muchacho y estudiaba, me regañaron poder decir jalones, me tocó hacer planas con ‘halones’, parece que ahora la cosa ha cambiad