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ADIOS, AMIGO MIO…

Agosto 21, 2009

   Esta es una historia publicada el cuatro de mayo del dos mil seis, no sé bien si en el blog EL PUTO JACK TWIST, o en A RAS DEL SUELO, o en UN ANGEL. No estoy seguro. Sólo sé que fue increíblemente buena. Curiosamente, mientras lo releía y lo medio adaptaba a la forma en que veo el mundo (y que me perdone el autor de tan maravillosa historia), me fui encariñando con Ennis del Mar, un tipo al que nunca le he tenido mucha paciencia. Sin embargo, el cuento, me hizo verlo bajo una luz nueva. Y vamos a estar claros, los que vimos la película y nos enamoramos de Jack Twist, debemos entender que para este tipo debió ser el infierno conocerlo, tenerlo, amarlo y perderlo. Por ello me costó incluirlo aquí, perder a Ennis también duele; realmente pensar en eso, me llenó de nostalgia y tristeza. En fin, aquí va el relato; a propósito, en un comentario enviado por el cuento, alguien también hizo una bonita aportación que incluyo aquí.

ENNIS DEL MAR HA MUERTO

AMOR, AMOR

   Al fin la paz…

   Cuando abrí los ojos no sabía lo que había ocurrido, o que hubiera ocurrido algo, simplemente me sentía diferente. Mejor que siempre, mucho mejor a decir verdad: podía erguir la espalda, la pierna dejó de molestarme, la mirada estaba mejor enfocada y sentía la mente despejada, clara, como hacía mucho tiempo que no la tenía. Mi boca estaba limpia, sin el agrio regusto a cerveza o vomito de la noche anterior. Intenté concentrarme porque todo me parecía extraño, no era como despertar de un sueño de repente, o soñar que se está despierto. Ahí estaba yo, de pie, erguido, vestido y mirando al suelo, pero sin saber cómo había hecho todo eso. ¿Desperté en medio de la noche mientras dormía?

   Lo más curioso es que llevaba mi viejo y apolillado sombrero calado en la frente, uno que tenía años de años sin ponerme. De hecho… creía haberlo perdido, porque la última vez que lo usé sobre mi cabeza, de cierto y lo recuerdo bien, el frío y poderoso viento del Oeste barría unas montañas altas, y alguien, de voz riente, había gritado que tuviera cuidado que el sombrero se me iba. ¡Magia! El sombrero había regresado por arte de magia, y yo creo en ella; en esas montañas hubo un ser de esos, mágico, que hizo de ellas y de mi vida, por un tiempo, un Paraíso en la tierra…

   “¿De dónde saliste, viejo sombrero?”, me pregunté, quitándomelo de la cabeza y sosteniéndolo contra mi pecho. Por alguna razón mi corazón latía con más fuerza, y eso fue antes de darme cuenta finalmente de la camisa que llevaba puesta. Allí estaban esas conocidas manchas secas, oscuras, de sangre. A mis ojos volvieron las viejas y familiares sensaciones, era como si alguien hubiera dejado caer vinagre en cada una de mis pupilas. Las lágrimas acudieron, como siempre, como años atrás, cuando ella me dijo por teléfono… (¡y aún no cumplía cuarenta años!). El mundo perdió firmeza, volviéndose borroso a mi alrededor, cubierto por ese llanto que volvía con la misma fuerza de siempre, como si el dolor fuera nuevo, como si el dolor acabara de llegar y no pensara marcharse jamás: murió… murió en un estúpido accidente.

   Estuve un rato así, cubriéndome el rostro con las manos intentando contener todo aquel llanto. ¿Fue un accidente realmente? ¿Sólo eso, amigo mío? ¿O te vigilaban? ¿Sabían ellos de ti, ojos azueles, y te despreciaban demasiado? ¿Te golpeó una palanca en un tonto accidente? ¿O te siguieron a través del campo, con risas, con odio, hacia una cañada, siempre hacia la maldita cañada? ¿Pensaste en mí en ese momento? ¿Sonreías todavía, como siempre hiciste, aún cuando sufrías? No, no debía seguir así, ¿por qué me hacía esto? ¿Por qué me torturaba así? ¿Hasta cuándo duraría esto? Pero no había respuestas. Nunca las había para mí.

   Al fin me serené un poco y recorrí todo dentro del trailer con mis nuevos y nítidos ojos. Joder, parecía que llevaba años deshabitado. Nadie se había molestado en sacudir todo el polvo y la arena que el viento del desierto colaba a través de cada rendija. Para colmo de males, la ventanilla de la cocinita estaba abierta de par en par y la arena entraba a mares a través de las cortinas que revoloteaban. Poco a poco la arena lo cubría todo, el suelo, los rincones, los muebles, la cama…

   “La cama… ¡Santo Dios!”

   Bajo aquella colcha de cuadros, vieja, había un bulto cubierto hasta el cuello, un cuerpo humano con el aspecto delgado y despatarrado de un muñeco roto y abandonado. ¡Soy yo! Si, estaba convencido, pero no sentí tristeza, ni pena, sólo… desconcierto y sorpresa, mucho más de lo que había sentido en los últimos años. Sin duda estaba muerto, la piel tenía un color extraño y parecía haberse encogido en torno a las mandíbulas, mostrando los pocos dientes que me quedaban. Por si aún quedara alguna duda por desvanecer, una mosca grande, azulada, voló irrespetuosamente y se posó en mis labios abiertos, luego sobre mi afilada nariz, donde comenzó a frotarse las patas, divertida, sin que aquel Ennis del Mar hiciera el menor gesto por quitársela de encima.

   “No hay duda, estoy bien muerto”, me dije sin pasión, sin interés; sin embargo, una poderosa oleada de autocompasión se hizo presente, de forma avasalladora. Allí estaba yo, muerto, solo y abandonado a merced de los insectos. ¿Cuánto tiempo llevaba allí, así? ¿Es qué nadie me había echado de menos en la taberna o en el viejo rancho? ¿Ni siquiera mi hija Alma? ¿Se iba a convertir el maldito trailer en mi gran ataúd metálico por los siglos de los siglos? Y de pronto sentí miedo, ¿y si debía quedarme allí, mirándome abandonado para siempre en ese trailer cerrado… como un castigo? Porque así había vivido mi vida durante las últimas décadas. Solo, siempre solo, sin que me importara nadie más, encerrado en mí mismo con la única compañía de mis recuerdos, unos pocos alegres, muchos no. Viví encerrado dentro de mi dolor, mi tristeza, mis nostalgias por todo el tiempo que perdí durante los mejores veinte años de mi vida. Mi Dios, ¿esta sería mi penitencia por haberme alejado de todos, aún de mi pequeña Alma y de Francine? ¿O era mi castigo por haberlo amado tanto a él, por haberme muerto con él ese día en ese camino?

   “Que final tan triste, Ennis del Mar. Ni siquiera al final supiste morir con algo de dignidad. Dejaste que toda tu vida pasara y no enmendaste tus errores. No supiste buscarlo y decirle que lo amabas. No te disculpaste con Alma, la que fue tu mujer. No les dijiste a tus hijas cuánto las querías, aunque no pudiste amarlas más o ser un buen abuelo, o uno más feliz, porque estabas triste porque él murió un día en un camino, y estaba solo cuando pasó. No le dije a mi gente que no pude vivir, que no tenía fuerzas para seguir, porque sólo podía llorar al que se fue. Se te fue la vida y no hiciste nada por pactar con el dolor, con la soledad, con la vida. Pudiste seguir queriéndolo, llamándolo cada noche, mojando con tu llanto de viejo tonto y ridículo tu almohada, agradeciéndole a su recuerdo el materializarse como una sombra en los rincones, pero también disfrutar de tu familia, de tus nietos. Pero ahora es tarde”.

   Esta vez no lloré como un momento antes, tan sólo volví a cerrar los ojos y me pregunte: “¿ahora qué? ¿Debo sentarme y ver pasar la eternidad? ¿Es mi castigo, Dios, por todo lo que lo quise? ¿Ahora debo pagar todavía más por aquel pecado infame? Sí es así, perdóname, Señor, pero tampoco Tú me la hiciste nunca fácil. ¿Puedo pensar en los tiempos felices a su lado, Señor? ¿Me quedarán esos recuerdos por lo menos?”

   Descubrí, en ese instante, que el tiempo no transcurre igual cuando uno está muerto, porque aunque me había parecido sólo un parpadeo, de pronto la mortecina luz que entraba por el ventanal había desaparecido. Todo estaba a oscuras, había anochecido. Me pareció mejor, la cruda realidad se difuminaba en sombras difíciles de reconocer, y una suave luz plateada que supuse provenía de la Luna hacía parecer todo más hermoso.

   -Sal fuera, Ennis del Mar. –me sobresaltó un susurro que venía de mi interior, pero también parecía provenir de todas partes. Por un momento pensé que era mi propia voz, aunque no lo creí del todo, porque el tono era mucho más amable y amigable del que suelo emplear conmigo mismo.

   Creí percibir un poco de cariño y afecto en aquellas palabras, como si alguien muy bondadoso comprendiese en toda su extensión mi agonía, y mi temor ante un castigo más allá de mi muerte. Esa voz parecía indicarme que era el momento al fin de curar tantas heridas, de encontrar paz, de descansar. Me fue imposible negarme a obedecer aquella suave orden y casi sin mover los pies llegué hasta la puerta, la abría sin ruido y salí al exterior.

   “Ay, Dios, yo conozco este lugar”, pensé. El suave aroma de los pinos y el aire fresco de la noche golpearon mi rostro de una forma tan real que me resultó difícil aceptar que realmente estaba muerto.

   -¿Ves la luz, Ennis? Camina hacia la luz.

   “Mierda”, pensé. “¿Así que todo es así, como lo describen en los programas de la tele? ¿Algunos recuerdos del pasado, un túnel oscuro y un viaje siguiendo la luz? No, coño, no quiero ir hacia la puta luz. No quiero encontrarme con Dios. ¿Qué quiere Dios de mí? ¿Pretende que le confiese mis culpas, mis pecados? ¿No los conoce ya? ¿Qué quiere que diga? ¿Qué pida perdón por aquel a quien amé tanto, o que le de las gracias por este amor, o quiere decirme que todo fue sólo mi culpa? Si le pregunto por su muerte, ¿me dirá por qué coño tuvo que irse así, dejándome atrás para llorarlo cada noche? No, no quiero decirle nada. No quiero asistir a mi juicio; no será justo, Dios no fue justo nunca conmigo. Debo alejarme de aquí. Debo alejarme de la maldita luz”. Todo eso lo pensé con miedo, con rabia, con otro temor aleteando en mi mente: “¿y si en la luz están mamá y papá y me preguntaban qué cochinada hice de mi vida?” Hubo un largo silencio.

   -Joder, hijo de puta, camina hacia la luz. –rugio una voz, una con un tono nuevo, uno diferente, pero familiar. La verdad y la comprensión por fin estallaron en mi cabeza, y fue como una explosión de luz blanca y pura.

   -No… no puede ser… -fue todo lo que pude susurrar.

   Con la respiración agitada, busqué. Miré de un lado a otro hasta encontrarlo: un tenue resplandor anaranjado entre las ramas de los árboles. ¡La luz! Y eché a correr hacia ella como un loco, con miedo de estarme engañando, con miedo de que fuera sólo otra ilusión, una prueba más. El corazón lo tenía en la garganta, impidiéndome respirar, palpitando con fuerza, y las lágrimas, otra vez las malditas lágrimas, me corrían a mares por las mejillas, mientras gimoteaba como un niño que sale de un bosque oscuro donde se creía perdido y condenado para siempre y de pronto ve una vereda y al final de ella a una persona amada esperando, llamándolo a la vida nuevamente. La amargura de tantos años, las penas, las noches de desvelo viendo pasar los fantasmas parecían irse diluyendo, quedando atrás, se me olvidaban. Salí a un claro y me detuve en seco, sin aliento.

   Vi una tosca construcción tipo un techo sobre cuatro maderos que servían de pilares, donde dos caballos parecían dormitar sobre el heno. Vi una rústica cabaña levantada en medio del claro. Frente a la vivienda había una hoguera que chisporreaba con fuerza. Y allí estaba alguien agachado metiendo leña al fuego, un carajo de espaldas anchas, de camisa azul, con un sombrero tejano. Sentí temblores por todo mi cuerpo porque yo conocía bien aquellos hombros que había tocado a placer, reconocía el lustroso cabello negro que asomaba bajo el sombrero, en una nuca en la que había enterrado mi rostro muchas noches al dormir, en otra vida. Ese sujeto se volvió y vi unos ojos que iluminaron la noche toda y que me miraban con franca sorpresa, con alegría intensa.

   -Por fin has legado, Ennis del Mar. Ya tenía el culo helado de tanto esperar por ti, vaquero. –sonrió, poniéndose de pie. Joven como lo fue cuando lo conocí. Magnífico como lo fue siempre en mis recuerdos.

   -¡Jack…! Puto Jack Twist… -sólo pude gruñir, corriendo hacia él, con la mirada difusa otra vez, bañando el camino con mis lágrimas.

   Lo abracé con fuerza, como jamás creí que podría abrazarlo otra vez. Mis brazos rodearon sus costados, mis manos atraparon su espalda y lo atraje. Nuestras frentes chocaron mientras decíamos mil vainas, y reíamos, y llorábamos. Ahora podía llorar ante él, ya no había miedo, ni al mundo, ni a mí mismo. Enterré mi cara en su hombro, en su cuello, y lloré todavía más, abrazándolo con desesperación, sintiendo su calor, su fuerza. Era el viejo aroma, el aroma que a veces me parecía imaginado y que me esforzaba por recordar. Pero no, era su olor, mis labios podían percibir su sabor. Dios mío, ¡era el Cielo!, ¡estaba en el Cielo! Dios había permitido que llegara, me habían franqueado la entrada. Estaba allí…

   Y nuevamente me asusté, porque sentí como Jack se movía y temí que se alejara, pero no, sólo buscaba mi boca con la suya. Boca a cuyo encuentro corrí, hundiéndome en ella, sin aliento, sin fuerzas, pero sintiéndome vivo y poderoso al mismo tiempo; notando mis carnes dura, la piel caliente, las ganas a flor de piel. Y entre besos mordelones, miradas y caricias, choques de frentes, narices y de manos que tocaban, Jack me fue contando su historia, y fui enamorándome todavía más, maravillándome de que tal cosa fuera posible; pero claro, ¡estaba el Cielo…!

   Él se había estado preparando desde cierto tiempo atrás para mi llegada, sabía que pronto estaría ahí y quería estar listo. Estuvo dormido, no recordaba más, despertó y encontró ese paraje hermoso. Y algo le dijo que debía construir un hogar. Desde ese día se dedicó a eso, a nuestra casa, una cabaña humilde pero cómoda, con una chimenea y un gran mueble acogedor, al frente. En los estantes de la cocina no había frijoles. Un solo dormitorio fue levantado, con una gran cama, solo una, donde dos personas podían descansar, pero sobretodo buscar compañía, amor y satisfacción. Era una cama donde yo podría dormir abrazado a él durante toda la eternidad, oliéndolo, tocándolo, besándolo, y cada día sería como el anterior, sin cambios, sin sorpresas, sin sobresaltos, quietos en la tierra de no pasa nada, y el Paraíso duraría para siempre. Los dos caballos habían pasado por ahí, y ahí se quedaron, y él les hizo un cobertizo primitivo, con heno, agua y todo. La cabaña estaba cerca de un cristalino y ancho arroyo, que cantarino, se mostraba lleno de truchas. Había árboles y montañas, coyotes y búhos, praderas, flores y cielos azules e inmensos, pero no hacía frío. Esta vez sin frío, por fin un lugar cálido para vivir juntos.

   -La espera ha sido larga, vaquero, pero ha valido la pena. –me dijo al final, mirándome con sus ojos grandes, llenos de amor, de picardía, de deseos.- Ven, Ennis, dame esos besos con los que tanto hemos soñado. Tócame como le has pedido al Cielo poder hacer cada noche desde que me fui. Estoy aquí, Ennis, soy yo, tu Jack, el puto Jack Twist…

Julio César.

……….

   La historia termina casi con una posdata del autor, y una exhortación final que habla del gran cariño que también él siente por los dos hombres de la historia; aquí la transcribo literalmente: No sé si Dios me fulminará con un rayo divino por esta imagen del Paraíso, porque en este punto en el que acaba el cuento Ennis y Jack están a punto de hacer el amor frente a ese fuego. Pero sí creo que Dios representa precisamente ese Amor, debo creer que todo ocurre de este modo, y que los dos vaqueros al fin juntos se aman por toda una eternidad (o dos, porque tratándose de Amor con mayúscula a veces una eternidad no es suficiente), de manera que… Que Dios los bendiga por siempre…

NOTA: Esta adaptación la hice en mi otro blog el año pasado, mucho antes del mal momento de la muerte del chico australiano. Este cuento me gusta, como me gustan CABALGATA, FRONTERAS, ANTES DE LA DESPEDIDA Y UN DÍA, MUCHOS AÑOS DESPUÉS, pero ahora me parece más intenso. Debe ser por su partida.

LA MAÑANA DE TU VIDA

Julio 28, 2009

MIRANDOTE...

   ¿Qué decir del hombre que ya sabe, de joven, dónde está su destino?

……

   La noche fue de jadeos, pieles ardientes y deseos. Fue de locura, de roces, de amarguras y pasiones; pero llega la mañana y con ella la tormenta. Ahora se aleja a la carrera seguido de su mirada, sin volverse, porque esa mirada le quema la espalda como quemó su alma. Un hombre se aleja a la carrera de esa otra persona con quien encontró lo que nunca imaginó necesitar. Escapa como el viento de lo que hizo, de lo que sintió. Huye… de su necesidad de volver, sin entender aún que esa es una guerra perdida.

……

   Es fácil escapar de lo que se desea cuando somos jóvenes; se confía en que el tiempo de el olvido, pero ¿y sí tan sólo es lo que se espera? ¿Y sí la paz, la calma, el sosiego nunca llega? Es difícil imaginar una vida larga, un día tras otro, moviéndote por una casa de ventanas cerradas, de cuartos vacíos, de silencios que alarman. Pero eso no lo sabemos cuando somos muchachos, eso lo enseña el tiempo, muchas veces cuando ese mismo tiempo se nos acaba.

Julio César.

CAMINOS DE NADA… SENDEROS DE MUCHOS

Mayo 11, 2009

TESOROS DE BROKEBACK

   Poco para unos, mucho para otros…

   ¡La muy descuidada había dejado su saco!, reparó, sereno, doblándolo cuidadosamente antes de abrir el ropero. Allí, al alcance de sus manos como siempre, estaban sus tesoros. Pocos pero preciados. Las dos camisas. La postal del paraíso. Las miró por un segundo y no pudo evitar el reflujo de sentimiento subiendo por su garganta, amargos por intensos, que humedecieron sus ojos. “¡Mi niña se casa, ¿puedes creerlo, Jack?!”. Su niña ya era una mujer. Él hizo lo que debía por ella. Hizo las preguntas que importaban: ¿Lo amas? ¿Te ama? ¿Es un buen hombre? Al parecer, sí. Ella estaría bien. Fue cuando miró por la ventana abierta que dejaba entrar el cálido viento del desierto y que a veces traía ecos que susurraban nombres del pasado.

   Tendría a alguien. Su niña no estaría sola. Pero reparar en ese camino de tierra que se perdía en la distancia, le pesó, porque lo llevaba a lo que era su existencia. Era un camino de estéril soledad, una vía que no llevaba a ninguna parte. El camino que él debía recorrer ahora cada día de su vida porque ya no tenía fuerzas, ni deseos, de regresar. Era el sendero árido de su ser, uno que esperaba terminara una noche cualquiera al ir a dormir. Deseaba cerrar sus ojos y despertar a una noche oscura, a un cielo desconocido donde brillaran con increíble intensidad dos estrellas azuladas, brillantes y vivas, que le dirían que ya todo estaba bien. Nunca esperó que la espera fuera tan larga, pero está convencido que un día tendrá final, cuando al grito de un vaquero de comiquitas sabrá que ha terminado la soledad de su transitar.

……

   O así lo esperamos, por él. Por tantos otros.

Julio César.

ES POR TI, MUCHACHO

Marzo 3, 2009

jack-twist

   -A veces te extraño tanto que…

 

   No, muchacho, no es que el amanecer sea oscuro o que el sol ya no brillé sobre la humanidad. El cielo no llora de desdicha ni las flores de los campos han perdido sus hermosos colores. No han terminado las alegrías ni las esperanzas, los sueños no han muerto… Te lo parece porque tu alma sufre, porque cuando aún no tenías veinte años encontraste el amor, el que era para ti, y una tarde, con tan sólo un adiós, para siempre, lo viste partir.

 

Julio César.

DESPEDIDA

Febrero 20, 2009

sin-mirar-atras

   En mis labios una sonrisa, en mi corazón una herida.

 

   Ve en paz, una que yo no tendré. Para conocerte bastó un instante, decirte hola llevó un minuto, decirte adiós me tomará toda la vida.

 

Julio César.

LOS SUEÑOS… SUEÑOS SON

Diciembre 14, 2008

pensando-en-ti

   “No sueñes tu vida, vive tus sueños”

……

 

   Esta hermosa frase que copié (sin verguienza alguna) del blog de Mar del Norte, aparentemente tan simple, seguramente dicha millones de veces a lo largo de la azarosa y dilatada historia del hombre, me llegó mucho. Toca cosas del… no sé, habrá que decir del alma. Muchos reiamos cuando veiamos a Cerebro, cada noche, retirandose a soñar con dominar el mundo, y que la vida se le iba en eso sin alcanzarlo. Pero ¿cuantas personas no habrá en este mundo, normales, calladas, que mientras van al trabajo en el autobus, recostados en una silla o en sus camas por las noches, sueñan unicamente con todo aquello que se juraron un día alcanzar sin haberlo conseguido?

 

   Soñaran con exito, dinero, una casota, mujeres u hombres segun el caso, mientras siguen moviendose dentro de las cuatro paredes donde la falta de valor o la inacción los condenó a vivir sus vidas. “No sueñes, vive…”, suena simple, práctico, pero entre el pensarlo y hacerlo existe toda la diferencia de este mundo. Creo que lo que más nos detiene, a veces, es el miedo al fracaso, al rechazo (oir ese “no” que nos matará), al rdiculo; pero quien no arriesga no gana, eso lo sabemos. ¿Imaginan que aquel tipo de sonrisa hermosa y ojos grandes hubiera soñado unicamente con encontrar a su amigo sin atreverse jamás a ir hasta él? Pero fue; y eso hace toda la diferencia entre vivir y sólo estar.

 

Julio César.

ESTE SENTIMIENTO…

Noviembre 26, 2008

amor-en-la-montana

   …tiene un nombre.

 

  Sin entender cómo o por qué, sin que la razón lo pueda explicar y aunque para mí no tenga ningún sentido… sé que te amo. No sé cómo ocurrió, pero lo sé de cierto porque eres quien ocupa mis pensamientos y mi imaginación a todas horas; porque es tu rostro amado y perfecto el que veo cuando cierro mis ojos, cuando sonrío dejándome llevar por el dulce momento; porque es tu nombre el que pronuncio para alejar la soledad; porque es a ti a quien espero encontrar cada noche en mis sueños.

……

 

   Uno lee las frases y oye las palabras vehemente, pero me pregunto: ¿amará realmente la gente así? para mí continúa siendo un misterio, uno que ya temo jamás llegar a descifrar.

 

Julio César.

NO LO ENTIENDO, ¿SERÁ LA DICHA?

Noviembre 13, 2008

amigos

   Era eso, la simple alegría de estar allí…

 

   No sé qué pasa pero te escucho, realmente escucho tu voz susurrando a mis oídos cuando callas, cuando estoy lejos de ti cuidando a las ovejas. Muchas veces he virado mi rostro buscándote al sentirte tan cerca, pero no estás. Sin embargo no me importa, el desencanto debería ensombrecer mi día, pero sonrío, porque me basta para recordar tu estampa; y me estremezco aunque todavía no lo entiendo.

 

   Me hablas mientras ríes y bebes a mi lado, como mi amigo, y debo desviar un poco la mirada, porque tu boca me hace recordar los besos que he robado y pensar en aquellos que todavía no he dado. Caricias que me pesan cuando reparo en ellas, el esperar por esos labios que un día besaré y que todavía son promesas de amores que viviré; y es cuando con escalofríos reparo en que tampoco tú los has brindado y… Ni siquiera imaginas, mi dulce amigo, con todo aquello que he soñado.

 

   No lo sé, camarada, pero ahora temo que tu recuerdo me persiga toda la vida. Un día nos separaremos, cuando estos deberes que nos obligan a estar juntos terminen, y sé que cuando estemos lejos recordaré tu mirada y mucho me temo que perderé mi alegría. Pero no quiero pensar en eso ahora mientras escucho tu historia, mientras te cuento la mía, ahora que estamos juntos y el mundo es perfecto. Tu pierna roza la mía, hace rato que debí separarlas… pero no me atrevo porque tal vez un día, en una existencia árida y fría, con tan sólo aferrarme a este recuerdo me bastará para continuar. Ríes y río contigo, dejémoslo así, ya mañana será otra vida.

 

Julio César.

 

NOTA: Ya sospecho un ataque deliberado. Nuevamente padecí un virus en mi disco duro que ha afectado varios archivos. Este tiempo fuera sirvió para que lo revisaran, pero siempre es un problema.

ALGUIEN QUE LOS CONOCIÓ

Noviembre 2, 2008

   Lo tenían todo y no lo sabían.

 

   Imagina que estás nuevamente en el 2006, que desprevenidamente (¿cómo saberlo en ese momento?) ibas por un boulevard y entraste en aquel teatro. Sólo ibas a pasar el rato. Me pasó a mí. Recuerdo lo que sentí, también lo que me contaron otros, las frases que se repitieron, las miradas que se lanzaron extraviadas que se lanzaron a la nada, el gesto de insatisfacción personal. Recordemos a cualquiera:

 

   “Pero ¿qué pasa? Quiero que alguien me explique esto que siento, que alguien me diga qué tiene esta película que no puedo apartarla de mi mente, que la tengo presente a cada instante. Era una película, tan sólo una película, ¡y sobre hombres! Entonces, ¿por qué me lleva a tantas reflexiones? ¿Por qué necesito mirar dentro de mí? ¿Por qué quiero cuestionar lo que es y lo que un día se prometía ser? No quiero pensar en ella porque me hace sufrir, pero tampoco deseo evitarlo. Algo está mal, ahora lo sé. Antes de entrar a ese teatro me sentía bien, era feliz, la vida era plácida, tranquila, jamás me cuestioné, nunca supuse que algo no estuviera bien. Tengo treinta y cinco años, he hecho mi vida, tengo mi lugar, el respeto y admiración de otros, una relación que no molesta y que brinda momentos gratificantes… pero ahora todo se me antoja falso, un espejismo de vida.

 

   “Jack… Ennis, lo siento tanto, por todo lo que no vivieron, por todo aquello de lo que careció sus vidas… y sin embargo se tuvieron el uno al otro. En la mirada entregada de uno estaba el amor más grande, en los silencios atormentados del otro, la pasión más fuerte. Al conocer su historia me pregunto si alguna vez he querido así, sí he amado con todo mi ser. ¿Me he entregado alguna vez, he pensado en dejarlo todo, aún lo que soy, por otra persona? Creo que no, no lo he sentido por nadie, incluida la persona que ahora comparte mi casa.

 

   “Pero ¿es posible? Me detengo y me cuestiono, ¿no he amado a alguien, a quien sea? ¿Realmente he sentido algo por alguien? ¿Acaso eso provoca este malestar, este dolor que no puedo ubicar o definir, estas ganas de sentarme y dejarme llevar por la melancolía? ¿Acaso el amor es simplemente un cuento, un mito, algo que se inventa en historias como la tuya, Jack, que nada podía menguarlo, destruirlo o acallarlo? Pero si es simplemente una ilusión del corazón, ¿por qué lo buscamos, por qué lo extrañamos, por qué nos hace sufrir cuando no lo tenemos? Quiero ir al teatro nuevamente pero me da miedo, las noches ahora son largas cuando despierto y aparto su brazo de mí, y me levanto porque no soporto seguir en la cama, el peso de mi malestar me ahoga y debo moverme.

 

   “Es tan sólo una película; Ennis y Jack no existen; su amor nunca fue… pero no logro convencerme, y mientras salgo de mi casa rumbo al trabajo donde se me felicita por lo bien que lo hago y lo mejor que me va, me hago mil promesas de enmienda, me juro que hoy será distinto. Que yo seré distinto. Todo parece empujarme, el sol que brilla, la gente que parece sonreír, aún la radio donde se oye aquello de “Hoy salgo a buscar el amor”; ojalá pueda perseverar y lo logre. No quiero otro día de soledad en medio de la gente, no quiero seguir con ese pesar mientras estoy riendo, no quiero ver pasar las horas de la noche sintiendo vacío e infelicidad mientras duermes a mi lado”.

 

Julio César.

 

NOTA: Por un tiempo dejaré de escribir, espero que sea poco ya que me agrada mucho hacerlo, pero pasamos por momentos más urgente. El día 23 ya se nos viene encima y hay otros asuntos de qué ocuparse en esta tierra de Bolívar. Aquí, mientras dejo estas líneas, intento pelear con la depresión y el pesimismo, pero cuesta. Ojalá nos vaya bien. En fin, ya nos leeremos. Un fraterno saludo a todos desde Caracas.

PRESTADO DE LA GITANA RUBIA…

Octubre 28, 2008

   Ojalá nunca me acostumbre a pensar que se puede vivir sin amor, o que vale la pena vivirla así, como si de algo sin importancia se tratara.

……

   Prestado, con tan inocente denominación quiero encubrir la toma de una bonita entrada que merece ser leída por muchos, aunque no sea a través de este conducto. Fue hermoso, Gitanilla de Barcelona…

 

LA VIDA SE GASTA

Nos acostumbramos a vivir en pisitos y a no tener otra vista que no sea las ventanas de alrededor.


Y porque no tenemos otra vista, luego nos acostumbramos a no mirar hacia afuera.


Y porque no miramos hacia afuera, luego nos acostumbramos a no abrir del todo las cortinas.


Y porque no abrimos del todo las cortinas luego nos acostumbramos a encender más temprano la luz.


Y a medida que nos acostumbramos a encender más temprano la luz, olvidamos el sol, olvidamos el aire, olvidamos la amplitud.

Nos acostumbramos…


– A despertar sobresaltados porque ya se nos hizo tarde.


– A tomar café corriendo porque estamos retrasados.


– A leer el periódico en el transporte porque no podemos perder tiempo.


– A comer un sándwich porque ya no hay tiempo para almorzar.


– A salir del trabajo y llegar a casa rápidamente porque ya es de noche.


– A dormir en el trayecto de regreso porque estamos cansados.


– A cenar rápido y dormir pesados sin haber vivido el día.

Nos acostumbramos:


– A esperar el día entero y oír en el teléfono: “hoy no puedo ir”… “a ver cuándo nos vemos”… “la semana que viene nos juntamos.”


– A sonreír a las personas sin recibir una sonrisa de vuelta.


– A ser ignorados cuando necesitábamos tanto ser vistos.


– A sentarnos en la primera fila y torcer un poco el cuello, si el cine está lleno.


– A consolarnos pensando en el fin de semana, si el trabajo está complicado.


– Y si el fin de semana no hay mucho qué hacer, o andamos cortos de dinero, nos vamos a dormir temprano y listo, porque siempre tenemos el sueño atrasado.


Nos acostumbramos a ahorrar vida. Que dé a poquito se gasta, y que una vez gastada, por estar acostumbrados, nos perdimos de vivir.


Alguien dijo:


“La muerte está tan segura de su victoria, que nos da toda una vida de ventaja”…

www.conocimientosweb.net

Pido a mi Dios no acostumbrarme tanto a todo eso que llegue a no echar de menos la luz, la amplitud, el aire, el paisaje, las sonrisas, el saborear… en definitiva: EL VIVIR.

 

Empieza la Primavera, cargada de alergias, de rinitis, de asmas y bronquitis… Y DE VIDA!… A RENACER SE HA DICHO!!!!…

  

31/03/2008 15:28 | Agregar un comentario | Enviar un mensaje | Vínculo permanente | Ver vínculos de referencia (0) | Agregar al blog

……

 

Julio César.