
Cada día se sentía mejor…
Hay personas que cada día se repiten sin reparar ya en sus pasos, actos o palabras. Cada día igual al anterior, y terminan moviéndose mecánicamente. Por costumbre. Eso le pasa al joven amigo, el cual cae en cuenta mientras el jefe, un tipejo grandote y machote, lo batuquea contra el asiento, que:
“Coño, hoy no tenía que venir a trabajar. ¡Salí de vacaciones ayer!”.
Pero el jefe lo tenía bien cebaito. Y aceitadito también, lo que era bueno por la forma en que lo trabajaba… psicológicamente.
Julio César.


