Archivos de la categoría ‘LOS PALOS GRANDES’

PONIENDO CARACTER

julio 3, 2009

MATRACA DE PALO

   Les daba correa o palo por esos culos…

   Vicente tenía un problema que comenzó en las duchas de la fábrica. Un letrerito que hablaba de un carajo que caminaría de culo si las piedras del camino fueran güevos, lo puso mal y erecto. Y los otros se dieron cuenta de que cojeaba de esa pata… y todos querían mamársela. Era mortificante pero ya no podía hacer nada en el taller sin que alguno le sobara la bragueta, o al ir pasando le dieran con sus culos en la pelvis. Tan grave se puso la cosa que ahora hasta reparte empujones. No puede coger a todos al mismo tiempo como pretenden. Pero era hasta lógica la ansiedad de esos tipos jóvenes y calientes cuando miraban esa montaña, deseaban monearla… de culo.

Julio César.

ALMUERZO

marzo 12, 2009

man-hot

   Era su hora del día…

 

   -¡Joaquín, ¿qué haces?! –estalló el supervisor.

 

   -Nada. Es mi hora del almuerzo. –Sonrió el otro, subiendo y bajando esa mano grande sobre el impresionante tolete, totalmente desnudo en medio de su oficina.- ¿No se te apetece un bocado? –ofreció, pícaro, tomándolo por la base y agitándolo levemente, invitador. En esas aburridas horas, el joven siempre intentaba divertirse, y una mamada era… lo mejor para una tarde, pero ¿aceptaría su supervisor?

 

   -Bueno, sí insistes…. –jadeó el otro, cayendo frente al plato principal, dando gracias al Cielo por tan suculento bocado.- Hummm…… -¡y estaba tan rico!

 

Julio César.

LAS DUDAS DE LOS AMIGOS

octubre 24, 2008

   Siendo sinceros, llamaba la atención…

 

   -Vicente, ¿qué haces? –se asombra, mirando fijamente el enorme y hermoso instrumento. Su cuerpo se llena de calor.

 

   -Estoy angustiado, Roberto. Mírame el güevo… ¡no es nada del otro mundo!

 

   -A mí… a mí… me parece que está bien. –responde ronco, con la boca increíblemente seca, pensando, por alguna razón, que de ese palote de caña debía salir bastante jugo.

 

   -Lo dices porque eres mi mejor amigo, pero no lo es. ¿Crees que alguien sentiría ganas de tocarlo, sobándolo mientras se agacha frente a él, mirándolo con admiración, con la boca seca por las ganas de metérselo, y que sacaría la luenga para recorrerlo todo, de abajo arriba antes de pegarme una tremenda mamada? –casi grita mal.- No lo creo, me encantaría estar equivocado, sentir una buena mamada que me sacara la leche ente jadeos, pero con un güevo así… ¡Ahhh…! –gime cuando el otro, cansado de mirar cae allí, tragándolo con dificultad, encontrándolo duro, caliente, salino y dulce, delicioso como todo güevo joven y tieso. Pero a Roberto nadie le quitaba de la cabeza (de la cabecita no salía la boca de Vicente) que su amigo sólo lo hacia para que se sintiera mejor. Y vaya que se sentía bien, admite gruñendo cuando esa lengua voraz le lame la para inferior del tolete y las mejillas lo halan, atrapándole el rostro querido de amigo, cogiéndole duramente la boca, clavándosela hasta la garganta. Cada uno ya pensaba en los chorros de leche caliente y sabrosa que llegaría después.

 

Julio César.


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