Archivos de la categoría ‘MÍO PERSONAL’

ME DESPIDO A LA LLANERA

Agosto 21, 2009

YO EN TODA MI GLORIA

…aunque despedirme no quisiera.

   Como dice la canción: todo tiene su final. Llevo casi un año escribiendo aquí. Parece más tiempo. Quise expresar algo, y saber si ese algo era de interés. Afortunadamente supe que sí lo era, al menos para tres o cuatro personas. Gracias a todas ellas. En todo este tiempo he recibido agradables comentarios que dejaron en claro que puedo escribir más o menos bien una oración larga. A pesar de eso, y aunque me gusta escribir, he sopesado si vale la pena o no continuar con este espacio, y creo que no lo vale.

   Casi nadie lee aquí, y sentarme, aunque es fácil decir groserías, me lleva tiempo. A veces tengo que pensar hasta media hora por una entrada. Las serias, claro. Y ando deprimido, las cosas que pasan en mi país pesan, duelen. Arrechan. Y eso no me deja sentarme a disfrutar el escribir como antes.

   Fue divertido mientras duró. Ya no. Adiós, amigos…

Julio César.

AÚN EN CAMINO

Junio 26, 2009

RECUERDOS DE AMOR

   Será que algunos nunca aprendemos…

   La vida siempre fue grata, sin sobresaltos o penurias; siempre contaste con el amor de tu familia, su ayuda y comprensión. Discutiste, peleaste, te disgustaste y llenaste de rabias contra ellos, y ellos contra ti, pero era parte de crecer. De ser familia. Cuando miras a otras personas, comparándolos con tu gente, y los ve llegar, te alegras porque los quieres. No hubo guerras o persecuciones, hambre o miseria en tu existencia. La escuela estuvo allí si la querías, la casa, las ropas, los viajes. Aún el auxilio de un padre serio y trabajador cuando decidiste dejar el nido, un día emocionante, grande, cuando te dijiste ya no soy un niño, esta es mi vida. Y la ibas a vivir como querías, logrando grandes cosas y divirtiéndote mucho en el camino. No faltaba nada, ni siquiera con quien compartir una cama, íntimas presencias que llenaban tus momentos. Era grato mirarte en otros ojos, oír tu nombre como sonido melodioso en otra boca. Hundirte en otro cuerpo de mil noches cálidas. Y sin embargo…

   El tiempo pasa, la rutina te alcanza. Cepillas tus dientes y frente al espejo miras tus mejillas más hundidas, los surcos más profundos, la piel menos brillante. Y te incomoda, mientras te miras al espejo al asear tu boca, recordar esos mil planes, esas mil fantasías. No viajaste a donde querías. No tienes lo que anhelabas cuando con tan sólo dieciséis años soñabas con todo. Pero no importa. Porque estás bien, en un mundo de pesares, inquietudes e incomodidades, tú estás bien. Puedes sonreír indiferente al dolor, a la enfermedad, al temor de una vida sin seguridades. Tienes lo tuyo, tu mundo, y eso te brinda paz. Puedes salir al piano bar a tomar algo, a mirar un juego por satélite, a encontrar otra mirada, y sabes que todavía interesas, y que por un rato todo vacío se llenará. Pero…

   La visitas, mitad cariño, mitad obligación, porque cuando dejas de verla la oyes quejarse de que ya no la buscan. Mamá está allí, pero de pronto ya no parece la mujer enorme, fuerte y decidida de años atrás. Parece más menuda, más frágil. Más pequeña. Y su rostro, Dios, ¿qué pasa en su cara? Hay manchas, pecas y arrugas. Sus mejillas caen. Su cabello encanece a pesar de sus tintes. Sus manos, esas manos que acariciaban o golpeaban, dedos fuertes que la casa guiaba con disciplina, las manos de mamá, ahora parecen algo inseguras, las arrugas las recorren, y entiendes que está más vieja. Y allí, sentado a la mesita de la cocina, viéndola afanada prepara algo, algo que sabes te gustará porque siempre parece tener a punto algo que a sus hijos les agradaba de niños, saboreando un café, la notas algo más encorvada. Y hablas y hablas, de pronto inquieto, inseguro de los silencios. Hablas para saberla allí, pensando en cosas que hasta el cumpleaños anterior no considerabas: un día será una anciana… después un recuerdo que se llorará en momentos de soledad, una sombra que se paseará por su casa y la cual nos atormentará un poco al desparecer cuando más la deseamos ver.

   Porque el tiempo ha pasado. Los años se han ido rápidamente, te parece ahora. Y todo lo que tienes te parece poco. Todavía demasiado poco. Ahora es más pesado llegar a casa, a tu casa cómoda, aseada, provista de todo lo que necesitas… porque de alguna manera te sientes insatisfecho. ¿Qué falta? ¿Qué necesitas? Lo sabes y no lo sabes. Te dicen que necesitas a alguien, compartir tu casa, tu vida. Y te ríes, todavía ríes. Qué simplismo. Ni que fuera difícil encontrar con quien estar, con quien compartir la cama, una noche, una semana. Pero, ¿no es ese el problema? Recuerdas la vieja canción: “amar y querer no es igual”. El problema es que nunca quisiste en verdad. Nunca amaste. ¿Por qué? Y te inventas mil razones, a los amigos presentas mil pretextos. Pero a ti mismo no puedes engañarte, y eso te molesta. Eso te deprime.

   Nunca quisiste aceptar que tu felicidad, el sentirte realmente dichoso, podía depender de otra mirada, de otra sonrisa, no de alguien casual, sino de quien te miraba entregándote también su alma. El miedo te paralizó porque alguien te dijo que si osabas entregar tu corazón tarde o temprano te lo destrozarían, y te dolería. Y no querías sufrir, eso jamás. Te parecía que entregarte a otra persona, convertirla en centro de tu vida, mucho trabajo te daría; ¿y tus fiestas de borracheras? ¿Y amanecer echado en un sofá antes de correr al baño para desahogar todo lo ingerido sin dar explicaciones? ¿Y dormir hasta tarde, en tu camota grande? Te pareció demasiada obligación decir de tarde en tarde, “te amo”; estar pendiente de una mirada lejana que pudiera ocultar una pena; detenerte una mañana antes de salir al trabajo, regresar y abrazar con fuerza, porque imperdonablemente se te había olvidado. No querías salir de tu vida cómoda, desviarte de tu camino tan conocido. Y las palabras están allí, acusándote, señalándote: cobarde… egoísta.

   Pero todavía no lo entiendes, no con esas palabras. Solo sabes que ya no puedes simplemente yacer regodeándote en la nada sobre tu cama una tarde cualquiera, porque te ahoga la casa, te pesa el silencio. Quieres salir, correr, buscar… algo que no comprendes. Es la falta de algo que no es simplemente alguien. Una explicación, una razón. Y una tarde cualquiera, imprudentemente, haces planes con los amigos, los viejos y queridos amigos que han ido construyendo también su camino, y envidias en silencio a algunos, compadeciéndote de otros. Salir por ahí, y hacen planes. Y te resistes por molestar, porque… últimamente no quieres nada. O nada que entiendas. Pero vas, y ríes algo nervioso como los otros.

   -Nos vamos a rayar viendo esta película. –dice la voz gruesa, riente, de un amigo que ya no está.

   -Ay, sí, Ricardo, seguro te vuelves marico por ver El Secreto en la Montaña. –lo reprende Alicia, tan poco paciente siempre con él.

   Pero nos los escuchas. Ya es normal entre ellos (y bastante que lo lloraría ella más tarde). Entras, te sientas en medio de ese cine extrañamente lleno para semejante película. No esperas gran cosa, tan sólo divertirte y escandalizarte satíricamente con la trama. Pero no es así; no entiendes tu rabia por un lado, ni el pesar de tantos por el otro. La película tenía magia, una que te alcanzaría de una forma que no entenderías hasta mucho después. Y era horrible; aquel hombre viejo y solitario que todo lo perdió, te espanta, hace que tu piel se erice de miedo, te quita el sueño y la paz. No puedes dejar de sentir su dolor, su pesar, y se convierte en el tuyo. Ese hombre que amó una bella ilusión de ojos azules, y que ahora padece, eres tú. Es como enfrentar de pronto y sin estar preparado al fantasma de tus navidades futuras, tan cruel y descarnado como siempre. Y lo odias, odias a Ennis porque es muy parecido a ti; y quieres al otro porque no se te parece en nada. Pero lo entiendes, entiendes al cobarde y egoísta hombre que dejó escapar la dicha de los días de su vida.

   Y ese miedo, ese dolor, no te deja. Te dices que hay tiempo, que en algún lugar, en un momento dado, encontrará tu destino. Te gritas que dejes la cobardía, tu egoísmo y que salgas a interesarte en la vida de los demás. Porque eso es lo que ha faltado, no miradas de cariño porque las ha recibido, no toques de ternura porque también se te dio… lo que falta es sentir. Nunca has sentido de verdad. Eres tú el que ha fallado.

   Pasado el tiempo, una noche en un mercado, mientras lees una etiqueta de algo que arrojas a un carrito, se te ocurre una idea extraña, también desagradable: Ennis sufría porque estaba solo, porque dejó pasar la vida… pero en algunos momentos, en medio de su amargura, tal vez una tarde ya anocheciendo, mirando el cielo del Oeste, sonreiría con nostalgia, recordando caricias y besos, porque él, al menos, fue amado. Y quiso. Apuras el carrito, alejándote del pasillo donde la desagradable pregunta flota: ¿alguna vez amaste a alguien de verdad?

   Esperando la respuesta, continúas, con tus pasos, con tus acciones. De tarde en tarde, al mirar ese cielo al Oeste, puedes anclar tu vida nuevamente en la realidad: el tiempo pasa, la vida se va, por favor, termina de subir a la montaña.

Julio César.

AQUÍ SEGUIMOS…

Junio 21, 2009

JAKE

   Gracias amigo…

   No es fácil explicar el por qué nos impresionó tanto la película de los vaqueros, o por qué nos encantó tanto Jake Gyllenhaal; no lo era antes, ahora menos. Responder el ‘¿hasta cuándo vas a seguir escribiendo sobre ellos?’, ya resulta embarazoso de responder. Sería fácil decir que es porque la película fue bonita, emotiva, sentimental, y que a Jake lo confundimos con su personaje, pero es más complejo. Es por mí.

   ¿Por qué sigo? Porque muchas de las cosas que me replanteé en ese momento de mi vida, continúan vigentes. A las metas no satisfechas, a la soledad de una casa vacía, soledad que viene de adentro y que parezco incapaz de terminar de llenar, como un puente que no termino de cruzar jamás, se suma la depresión. Salir cada día a las calles, leer un diario, encender una radio, mirar una televisión, me recuerda el deterioro de mi país, la destrucción de un modo de vida que parecía encaminado al futuro, de regreso a la malaria y al dengue, sustituyendo la modernidad por la bodega, el conuco, el trueque. Es terrible ver a gente ansiosa haciendo una cola interminable al pie de un camión para comprar un kilo de esto y un litro de aquello, sonreídos y satisfechos porque vale cincuenta bolos de los viejos menos que en un mercado. Mercado donde ya no queda nada.

   Es mi gente, mi pueblo, esa que no puede relacionar una política calculada para reducirlo a eso, a esperar el camión enviado por el gobierno para recibir esto y aquello, con la pérdida de oportunidades, de seguridades y libertades. No parecen recordar un país donde se iba al mercado y se compraba lo que se deseaba, del tipo y marca que gustara, sin tener que ir de aquí para allá, cazando un vehículo oficial. O tal vez nunca pertenecieron a esa Venezuela. Como sea, es duro tener que transitar esta realidad: servicios que colapsan, mercados vacíos, hospitales abarrotados de personas que no pueden ser atendidas, fábricas cerradas y aceras llenas de buhoneros. Realmente, debo ser muy antirrevolucionario, pero yo no veo mejora. ¿Dignidad? ¿Dónde, en el hombre que no quiere trabajar ni sudarse ese rabo para tener que lo quiere sino espera tomarlo de otros, porque es su ‘derecho’? ¿Cuál dignidad mientras se espera horas y horas haciendo fila por dos kilos de carne al pie de un camión?

   Es cuando cierro la mente, escapando. Y leo alguna noticia sobre un nuevo proyecto de Jake, u otro éxito o reconocimiento póstumo para Heath. Por eso continúo. Hace tiempo alguien lo dijo mejor que yo en uno de esos blogs por donde una vez pasé. A una bonita fotografía de Jack Twist, seguía el comentario:
……

JABYJACK:

   “Dedicado a Jake, porque él nos ha hecho emocionarnos, reír, llorar, gritar de rabia, enfadarnos con nosotros mismos, aprender qué somos y qué deseamos ser, dónde estamos y cuánto nos falta para llegar a lo que un día soñamos. Porque con su trabajo, su dedicación, nos ha invitado a mirar la vida desde otro punto de vista, a revaluar cómo son las cosas, las personas, las esperanzas; a mirarnos a nosotros mismos y entender que somos mucho más de lo que creíamos, que dentro de cada uno está la fuerza para continuar, para luchar, para intentar, cada día, atrapar la vida con las manos y no dejarla ir.

   Aprendimos a confiar tanto en la vida como en la suerte, que a veces nos sonríe siempre y cuando estemos dispuestos a tomar las riendas de nuestra existencia, con temor pero decididos y esperanzados en lograrlo. Pero, por encima de todo, nos enseñó a soñar que las respuestas que buscamos, que el camino que necesitamos transitar, viene de nosotros mismos. Una noche lo vimos, encarnando a otro, entendiendo que deseaba algo, algo que era importante para continuar viviendo, cuando, tal vez inquieto pero resuelto, alargó la mano y lo tomó, haciendo temblar a la persona a su lado, y a todo un mundo con su valor para actuar; con sus miradas brillantes y expresivas donde se leía igualmente el amor, la entrega, la esperanza y la tristeza; con sus silencios de dicha y calma, o de dolor y desespero; su risa suave en mejillas ahuecadas, sus palabras que dejaban flotar sus ilusiones y deseos, sus gestos de hombre que quiere vivir. En esa lengua furiosa que lame el labio inferior mientras alguien, ese de quien tanto espera, deshace sus sueños e ilusiones dementes a orillas de una carretera; en esas manos que van a los bolsillos al acercarse a alguien que le importa, como para contenerlas un momento más. Todo eso nos enamoró y dio sentido a algo más.

   Jake, nos has dado mucho y por ello este sitio es para ti, de parte de la amiga ALAS, y de todos los que se unirán, para apoyarte siempre, para siempre esperar por tu bien, tus éxitos, tus triunfos, tu felicidad; pues, cuando menos lo esperábamos, tú nos diste y ayudaste mucho”.

……

   Me tomé una que otra libertad, pero es lo que se deseaba expresar. Mirando atrás, no puedo dejar de sonreír por todo lo que me pegó y dolió esa historia. Como ya he dicho, la parte del Secreto en la Montaña que me tocó no fue tanto la de esa gran pasión, fue el temor a la vida del otro vaquero, el que tuvo que padecer al continuar viviendo perdido su amor; toda la soledad y aridez de una vida que no se vivió bien, por el tiempo ido con sus oportunidades, años donde no se tomó uno u otro camino y la vida fue distinta de lo que pudo ser; por los años que quedan, donde lo peor es lamentar a cada momento lo no hecho.

Julio César.

¡TREINTA AÑOS! LA INFAMIA CONSUMADA

Abril 5, 2009

   Ya está. Sin testigos que probaran que estaban allí, sin grabaciones de órdenes impartidas, sin pruebas de balística, sin responder cómo los asesinos subieron a azoteas en manos de la Guardia Nacional que resguardaban las zonas de seguridad alrededor de Miraflores, sin revelar quién ordenó que no sobrevolaran los helicópteros de la DISIP, la policía política, sobre esas azoteas, sin explicar quiénes tumbaron las señales de las televisoras cuando estas comenzaron a mostrar a los asesinados alrededor de Miraflores ni qué hacían allí antes de la matanza, ni quién dio la orden de disparan, aunque el Alto Mando en boca de Lucas Rincón responsabilizó al Presidente de la República solicitándole la renuncia… un grupo de venezolanos fue condenado a treinta años de cárcel.

 

   Nunca como ahora la justicia había caído en tal estado de abyección, postración y corrupción. Jamás Venezuela, tierra de gobiernos amorales, había sido testigo como ahora de las hordas salvajes que pillan, roban, abusan y asesinan bajo un manto seudo legal como en esta autocracia. Comparado con esta gente, con este régimen de horror y abusos, la Cuarta República era un tiempo de estadistas decentes. Qué suciedad se oculta bajo el cobijo de un gobierno dizque de izquierda.

 

   Imagino que Tony Saca, la basura cobarde que hasta hace poco era presidente de El Salvador (responsable directo de que ahora mande el Farabundo Martí), ni se acuerda de ninguno de ellos. No recuerda que los entregó en lugar de permitirle seguir hacia una tierra más decente. Y olvidó que, en el colmo de sus iniquidades, se responsabilizó por la buena marcha de aquel proceso, como garante del juicio. O se recuerda y ríe divertido.

 

   ¡Treinta años!, condenados a treinta años porque el Gobierno necesita que alguien cargue con los muertos del once de abril de dos mil dos, la llamada Masacre de El Silencio; y no podían ser aquellos a quienes se les vio matar gente desde puente Llaguno, porque era gente enviada por Chávez. Treinta años dictados en una parodia grotesca de justicia. Imagino que mañana oiremos a Lula Da Silva, frente al congreso del Brasil, pedir nuevamente la entrada de Venezuela al MERCOSUR, porque así es que se gobierna.

 

   ¡Treinta años de cárcel! A veces no se puede con el asco.

 

Julio César.

SALUDOS

Febrero 14, 2009

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   Recordándolos en mi soledad…

 

   Ha pasado tiempo desde la última vez, ¿cierto? Será como dicen, la última vez, fue precisamente la última vez. Comienzo deseándoles una feliz navidad a todos, un feliz año (tenía una bonita foto para este día, que hablaba de la película que tanto me gusta y de ese sentimiento que a veces se apodera de todos, la nostalgia, la tristeza, pero también la belleza… Quedará para otra vez) y felices reyes.

 

   Un problema con el computador, que resultó ser el modem del Internet, me apartó en primer lugar, luego un viaje, después una falla técnica de mi proveedores de Internet (CANTV) que me obligó a mandarlos a lavarse el paltó, pero la otra alternativa, MOVISTAR, no resultó mucho mejor. Han sucedido muchas cosas, y les confieso que las navidades no son mi época preferida. Así como en todos los seriales de televisión todo el mundo parece tener problemas con sus padres (¡qué gente!), yo lo tengo con estas fechas. No me gusta el fin de año, ni el balance que obliga a hacer, aún el de las personas a las que continuamos viendo o no. Sufrí la pérdida de un amigo, pero… eso lo contaré después. Igualmente sufrí una fea caída que me mantuvo con una pierna inmovilizada, la cosa más fastidiosa del mundo, y ahora llega Chávez otra vez…

 

   Sí, el país se prepara para afrontar otro proceso electoral, más circo, nada de pan. Pensar en el tiempo, recursos y personal que se malgasta en los caprichos de una mentalidad enferma (que se encadena por radio y televisión desde las dos y media de la tarde hasta las diez y cuarenta de la noche para dar su balance y cuenta de un año) en lugar de resolver problemas reales, es descorazonador. Pero no es únicamente Venezuela, han sucedido tantas cosas terribles en estos días, guerras, violencia, condenas, la inoperancia de los grandes organismos internacionales para dar respuestas no sólo a una crisis financiera mundial, sino para enfrentar a dictadorcitos mediocres como Mugabe o detener una guerra en Gaza, ya no entristece sino que produce depresión, arrechera. Todo es tan fútil.

 

   Pero me gusta escribir, soy de los necios que cree que tiene algo que decir y que puede resultar interesante; como verán, en eso me parezco a Chávez, y tal vez a todo el mundo, pero por lo menos no pretendo que sea yo escuchado a juro, ni creo tener todas las respuestas. Lo que sí aclaro desde ahora es que ando molesto, y deprimido, por lo tanto seré más directo, claro y… malo en mis apreciaciones. Quedan advertidos. El espacio es mío, lo utilizaré a discreción, sin dejar que algo que suene mal, desagradable o poco popular, me detenga.

 

   Únicamente dos cosas me alegraron cuando entré a revisar mis correos, una amiga, Marga, la gitana rubia en España, ha iniciado un nuevo espacio, un blog ameno y profundo, parece simple pero lleva mensaje: ….VAMOS HACIENDO… QUE NO ES POCO. Y me gustó el homenaje que hizo en una entrada llamada REGALO, tal vez sin reparar en ello, a una persona que ya no está, mostrando una hermosa fotografía. Fuera de sus lindas palabras a su ‘amigo’, ya quisiera yo tener esa facha. Lo otro fue un mensaje simple de alguien que ya me ha escrito, Apolo se hace llamar, “escribe pronto”. Fue todo lo que dijo pero me cayó bien, me hizo saber que había quien deseaba que continuara el espacio. También fue grato que los Tigres de Aragua, los Tigres de Venezuela, ganaran la serie del Caribe. Y lo mejor fue la eliminación de los Leones del Caracas (ja ja ja).

 

   Veremos a dónde nos lleva la marea; me gustaría creer que de alguna manera, al final, todo saldrá bien, pero…

 

Julio César.

HOLA

Febrero 7, 2009

   Sigo sin Internet propio, amigos, así que debo continuar ocultando un tanto mi vulgaridad. Prometo corregir todo luego. Por cierto, anoche el equipo de béisbol profesional, los Tigres de Aragua, los Tigres de Venezuela, ganaron la serie del Caribe. Una noticia buena al fin.

 

Julio César.

HOLA, AMIGOS

Febrero 6, 2009

   Ay de mí…

 

   Amigos, lamento informar que vivo un verdadero apagón informativo, no he conseguido que se resuelva mi problema con el Internet. Y el comienzo de este año tampoco ha sido grato a nivel personal. La llegada del quince de febrero, fecha donde nuevamente nos jugamos a Rosalinda, me obliga a publicar algo fuera de mi manera normal de hacerlo y en equipo ajeno, así que aquí no puedo usar el “estilo” de siempre (explayarme en la vulgaridad). Discúlpenme, espero volver pronto.

 

Julio César.

 

VAYA, DE NUEVO!!!

Diciembre 17, 2008

yo

   -Dios, no…

 

   Que broma, ya esto parece deliberado. Nuevamente tengo un virus de lo más mugroso, que, al parecer, llegó por correo. Es tan basura que bloquea todo, es imposible conectarse a nada que tenga que ver con la red, aunque sigue sintonizado. Si cancelara el Internet por hora me molestaría mucho más. Por unos días los dejo. A decir verdad no me extrañó, diciembre es para mí siempre un tiempo curioso. Ocurren cosas entre las cuales marcho en medio de alegrías y depresiones. Nada anormal. Escribir me gusta, sé que lo hago en demasía más bien, pero esto es catártico, se me ocurren muchas cosas, y muchas otras las veo y escucho de gente a mi alrededor, y una manera de procesarlo es así. No sé si lo he dicho aquí, pero no sé conducir, a mi trabajo voy y vengo en transporte público; en viajes de trabajo, así como a reuniones y fiestas, me llevan. Lo que es bueno cuando regreso hecho una botella de licor, lleno de aguardiente, aunque… ahora pienso que debí esforzarme un poquito en aprender. Al parecer, el no saber, causa extrañeza. Y ahora es otra cosa que veo como una meta inconclusa, aunque jamás me llamó mucho la atención.

 

   A lo que iba, mientras voy al trabajo, en medio del infernal tráfico caraqueño, luego de leer mi periódico y evadir a quien se sienta a mi lado (con ganas de charlar), se me ocurre, u organizo, mucho de lo que publico. A decir verdad no es difícil, transcribirlo sí, y eso me cansa en estos días, porque el ánimo influye en todo. Con cara de compromiso, cuando no con mala cara, llegaré a las fiestas de fin de año. Tomaré, comeré, reiré y sé que me divertiré… pero mientras llego me lleno de inquietud. Es posible que algunos sepan que en Venezuela no hay paz, no podemos disfrutar con tranquilidad la navidad o la cercanía del año nuevo (me encanta abrazar, apurruñar y dar besos esa noche); ni deprimirnos por una de las peores temporadas de Los Navegantes del Magallanes, agravado por el hecho de que Los Leones del Caracas (gente horrible) están ganando juegos de béisbol uno tras otro. No, ni eso se nos permite, nuevamente debemos prepararnos para un acto comicial, eventos a los que son tan dados estos tiranillos inútiles pero fiesteros, donde todo es circo, ya ni pan hay. Si, nuevamente debemos ir a campaña, a preocuparnos, a gritar, a discutir. A darnos mala vida mientras un grupo revolucionario de izquierda vive a todo trapo sin preocupaciones… como no sea no tener que soltar jamás el coroto ni rendir cuentas. Dios, ¡cómo odio a los socialistas!

 

   En fin, espero recuperar mi equipo dentro de poco. Y reunir algo de ánimos. Imagino que ya andan de viaje, o planeándolo, para llegar a esos lugares alegres del ayer, o a otros nuevos, para disfrutarlos con personas queridas. Diviértanse mucho, y pórtense mal. Bueno, antes se decía que el papel lo aguantaba todo, también se puede aplicar a esto, lo que accese seguirá allí después de las fiestas. Nos vemos,

 

Julio César.

OTRA VEZ ELECCIONES

Noviembre 26, 2008

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   Pasando el ratón moral.

 

   La semana pasada, comentando en el trabajo que parecía mentira que ya hubiera llegado el 23 de noviembre con las elecciones, la señora Dora, una camarera, mortificada dijo: “Ay, sí, otra vez con esa pendejada, yo no sé hasta cuándo Chávez va a llamar a elecciones en lugar de ponerse a trabajar”. Y ella es chavista, pero de las que trabajan de verdad. Y es cierto, la gente ya se cansa, ya no vemos la gravedad o importancia de todo esto. Y sin embargo lo es. La idea del Presidente era no sólo arrasar con todas las gobernaciones, de allí el odio y violencia desatada, sin importarle parecer un demente, contra el Zulia y Nueva Esparta (en manos de la oposición), sino sacar la mayor cantidad posible de votos hombres. La idea era llamar luego a una reforma o enmienda constitucional que le facultara reelegirse nuevamente. Le angustia y le quita el sueño ya que no el hambre, saber que le quedan ‘sólo’ cuatro años de gobierno. Pero las cosas no le salieron bien. No sólo el Zulia y Nueva Esparta se conservaron, sino que se obtuvieron otros importantes estados.

 

   Valencia, Miranda, Táchira y el gobierno metropolitano de Caracas se suman ahora al ‘territorio opositor’, como lo ven ellos. Y es entendible su desagrado, es difícil explicar al mundo cómo un presidente tan bienamado quedó encerrado dentro de esa prisión ideológica opositora. Miraflores es ahora un fuerte apache en territorio enemigo. Pero más importante, el número de votantes en esos cinco estados y el área metropolitano, suma la mitad total de los votantes nacionales. Cinco estados contienen casi tantos votos hombres como los otros diecinueve estados juntos. Al parecer hay amplias zonas del territorio donde no vive nadie, como en Apure. Eso da cierto margen a creer que ninguna medida demencial (reelección indefinida) cuente con garantías de no ser vencida en las urnas de un referéndum. Pobrecito el Presidente, lo único que quería, lo único con lo que en verdad soñaba, alentando por tantos crápulas dentro y fuera de Venezuela, no está confirmado.

 

   Libre ahora de decir lo que pienso y creo, les cuentos que yo no veo el brillante triunfo por ninguna parte. Se ganó, sí, pero muy poco. Y eso me inquieta, no por mal perdedor o porque odie como odio a esta gente, sino porque enfoca un reflector sobre llagas que amenazan ser más profundas y peligrosas de lo que se esperaba. El chavismo ganó en el departamento Libertador, lo que es Caracas Caracas, el centro de la ciudad capital, y eso que el municipio está rodeado de sucio, huecos, malandros, miseria y problemas. Liberador, donde la gente se queja del abuso policial, del malandro que atraca en las colas, de las vías que destruyen los carros, y que lanza como un grito de reclamo: “¿por qué no es como en Chacao o en Baruta?”, prefirió continuar en semejante lodazal en lugar de intentar un cambio. Es como un auto castigo, “seguiremos sufriendo porque nos lo merecemos”. O peor, por masoquismo, “no gusta esto, queremos seguir así, como sub humanos”. Lo inquietante no es que mucha gente prefiera seguir en la basura, mirando con rabia a los que salen de ella logrando vivir más o menos bien, como debe vivir la gente (y cómo rumian, con resentimiento, contra esos “ricos”), sino que eso signifique que en verdad esa perversa forma de secuestrar y someter a la gente a un modelo de gobierno autoritario, esté dando frutos en nuestro suelo. Te maltrato, te vergajeo, te humillo pero te regalo estos pedacitos de pan, te hago algunas carantoñas, te digo que requiero y tú debes agradécemelo. En Cuba llevan más de cuarenta años haciéndolo y perfeccionándolo; convertir en rehenes y en esclavos de sus captores a la población.

 

   El caso del estado Vargas es patético, mientras más abandonado, más arruinado, más humillado, más se entrega y se somete, como la pobre mujer del ‘macho’. Suena feo decirlo o sentirlo, pero en verdad ver esas muestras de sometimiento voluntario, da algo de asco. Pero sí son felices, ¿qué se le hace? Tampoco voy a caer en lo que dijo tanta gente esa noche después de las doce, que nada merecían y que era una lástima que no hubieran terminado de hundirse en el mar en el 99. Aún a mí me pareció demasiado; pero llevamos diez años sometidos a un régimen que suelta, riega y utiliza el odio para gobernar, eso termina afectando a todo el mundo. Yo creo que la gente en Varga ya tiene su castigo, y continuarán pagándolo en sus hijos, que es lo triste.

 

   De verdad, está vez no me sentí tan dispuesto a la lucha. La abstención de la clase media en las elecciones regionales del 2005 y en el referéndum del diciembre pasado, me pegó. Gritar en medio de una calle que viene el fin del mundo, sabiéndolo (metafóricamente hablando, claro, aún no enloquezco del todo), notando que nadie le para, es desalentador. Pero no sólo eso, saber de lugares donde se debió lograr la unidad para arrebatarle el triunfo al oficialismo, pero que no se dio por las apetencias de poder de los dueños de partidos, llenaba de amargura. Ver a Julio Borges sacrificando a otros por su vanidad, fue desilusionante. Y estaban los estudiantes. ¿Saben que ocurrió hace poco en las elecciones de facultades de la UCV? Los jóvenes que representaban la tendencia oficial fueron unidos, los opositores fueron en tres toletes, y se perdió la facultad de Derecho. Nada más y nada menos que la facultad de Derecho. Mientras cada abogado de este país lleva meses alertando sobre los peligros de una dictadura disfrazada mediante decretos, cada uno con un fajo de carpetas bajo el brazo camino al Tribunal Supremo para intentar derogar esas leyes inconstitucionales, se perdía la facultad. Mientras estos daban la batalla, los estudiantes de derecho escribían mensajitos de textos e iban a morir a Choroní. No, no sentía yo ganas de participar. Pero había que hacerlo. Siempre me atormenta la idea de que por uno o dos votos (nuestro sistema permite que por la diferencia de un voto, se legalice un triunfo), se perdiera algo.

 

   Sí, hubo victorias importantes, y aunque me parecen pocas debo reconocer que si son alentadoras. Dentro de la Casa de la Unidad había quienes deliraban con conseguir la mitad del territorio; gente más seria, a quienes yo no quería oír pero les creía, alegaban que serian cinco (qué ojo). La votación de la clase media en El Hatillo, Baruta y Chacao se dejó sentir. De las elecciones a gobernadores del 2005, donde mi querido estado Miranda cayó en manos de Diosdado Cabello, hombre fuerte del régimen ya que tiene unos ojitos que le gustan a Chávez (dicho por él, no lo invento yo), yo culpaba a la gente de Primero Justicia. A todo el mundo les decía que habían traicionado a Enrique Mendoza; luego supe que la clase media de esos municipios no concurrió a votar porque no les dio la gana, porque eran muy chéveres. Por ello el estado debió sufrir estos años de abandono, retroceso y anarquía. Para esta campaña, Gerardo Blair, candidato de Baruta por la unidad, hablando con Marta Colomina, la formidable y temible periodista, dijo que allí tenían un problema porque los baruteños se definían como abstencionistas de conciencia. Fue cuando esta mujer educada, inteligente, pero dura, dejó oír: “Pero qué postura tan estúpida”. Y lo es.

 

   Afortunadamente la clase media salió a votar, en Baruta la participación llegó al ochenta por ciento, cómo debe ser. En momentos de crisis la gente debe dejar su pereza, cobardía o irresponsabilidad. Los testigos de mesa trabajaron en mejores condiciones, las auditorias a las cajas, y la entrega de las actas a los partidos políticos brindaban ciertas garantías de que no se podían inventar votantes fantasmas más allá de ciertos márgenes, o cambiar tendencias mediante oprimir un botón. La gente, nuestra gente, cumplió. Llegaron temprano, discutieron lo que se debía discutir y llamaron a todos los que debieron llamar. Había otro aire, la gente estaba cansada ya oír decir que se haría esto y aquello, sin que se materializara jamás. Creo que uno de los triunfos más resonados, y que más debió dolerle al chavismo, fue la populosa, y peligrosa Petare, el municipio Sucre. El chavismo lo creía su bastión más seguro, cerros y cerros de votantes fieles. Pero a diferencia de la gente de Vargas, o Libertador, los petareños están cansados de sufrir, de la amargura de una vida dura sin que se les brinde ningún tipo de ayuda. Es entendible, del Este al Centro, los petareños tienen que pasar por Baruta y Chacao, y entendieron que otra vida era posible, ¿por qué no para ellos? Recuerdo que hace dos semanas, un anciano de La Bombilla, una barriada casi dantesca, se definía como chavista, pero que el hampa los estaba matando, y dijo algo como: “Hace poco vino ese muchachito (Carlos Ocarís), y se le dejó caminar y hablar con todo el mundo. En otra época lo habrían sacado a pedradas e insultos, pero la gente se cansa”. Eso es confortante, pero…

 

Julio César.

23 DE NOVIEMBRE, ¿ESPERAR Y SOÑAR?

Noviembre 21, 2008

jake-gyllenhaal

   No, no basta únicamente con soñar o desear por muy grata o hermosa que sea la ilusión…

……

 

   Hace tiempo, en una de las  interminables colas de Caracas, ojeaba mi revista ZETA, de análisis y política, terminándola toda, y temiendo que la joven mujer a mi lado notara que no hacía nada y quisiera hablar, leí nuevamente hasta los anuncios. Y me fije en una pequeña inscripción en la portada, de una frase de Martí: “Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado y a pensar y a hablar sin hipocresía”.

 

   Me gustó e impresionó tanto esta cita de José Martí, de quien poco más se puede agregar (¿quién no sabe quien fue?), que la busqué. Lo que encontré fue algo tan dolorosamente irónico que tuve que sonreír con amargura. Este hombre grande, universal y decente, sobretodo decente, que cantó contra la impudicia, es citado frecuentemente, y utilizada su figura, por gente impúdica en un régimen criminal que lleva más de cuarenta años cebándose en la carne morena de la isla cubana.

 

   Bien, el texto completo dice:

 

   “Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía. Hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro. Hay otros que padecen como en agonía cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor. En el mundo ha de haber cierta cantidad de luz, como ha de haber cierta cantidad de decoro. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con su fuerza terrible contra los que roban a los pueblos su libertad, que es robar a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana. Esos hombres son sagrados”

 

José Martí.

……

 

   Imaginarán ya por qué me molesta cuando escucho su nombre manoseado por quienes roban a otros su libertad, su dignidad y hasta sus sueños, que es quitarles su humanidad. Es que ese Fidel Castro, cuando estaba vivo, y su banda eran unas lacras. Aunque no son los únicos que ensucian el nombre de Martí.

 

   ¡Qué palabras, ¿verdad?! Expresan lo que tantas veces es difícil de hacer entender a otros, a los amigos que no saben, a los familiares que no se mortifican por nada, a la pareja que supone que sólo es un domingo más. Hay angustias, temores y rabias que uno siente y padece, que sabe deben enfrentarse, pero que no pueden explicarse. Venezuela se dirige este domingo 23 de noviembre a otra de esas jornadas ‘cruciales’. Nuevamente se habla de lo importante que es; yo lo entiendo, pero no puedo evitar sentirme cansado, desanimado. A muchos parece no importarles que se nos imponga cómo vivir, qué comer, qué pensar. Sin embargo eso no evitará que asista, que me reúna con los otros, así sean pocos numéricamente, y que cumpla con la parte que me encomienden. Si está la doñita de siempre, la universitaria flaca de la vez pasada, el muchacho de liceo demasiado alto para sus años, el hijo angustiado del chofer que no le interesa lo que pase, bastará. Deberá bastar, deberán alcanzar. Ellos tendrán que cargar, nuevamente, con el indecoro de muchos.

 

   No quiero decir más, no quiero que se me tache de negativo, pesimista y agorero, pero no soy optimista. Nunca lo soy. Ahora mismo llueve horriblemente sobre Caracas, desde las dos de la tarde. Las calles y avenidas son gigantescos estacionamientos, quebradas, árboles y basura han colapsado el tránsito. No deja de llover aún a estas horas, las nueve y media de la noche, y el Guaire se desbordó. Defensa Civil, bomberos y autoridades llaman a todo el que esté en sus casas y no tenga necesidad de salir, que se quede en ellas hasta que pase la emergencia. El Metro funciona a media mecha y hay fallas eléctricas en el Oeste. Todo un infierno. No sé por qué recuerdo los horribles días del deslave del 99, momento cuando, irónicamente, nació la nueva Constitución parida por esta gente, violada al poco tiempo. Esperemos que la Chinita meta su mano en esta hora. En fin, por unos días estaré algo ocupado. Deséennos suerte,

 

Julio César.