
Ese bate se le antojo bueno para su piñatita.
A Mario sus amigos le prepararon una fiesta sorpresa. Y debido a la caña y a las danzas de chicos y chicas en la enorme pista, terminó bailando alocado con Rodrigo; jugando se abrazaron hasta que Mario sintió, con sorpresa, el rolo contra su barriga. Un brazo de Rodrigo lo retuvo contra él y el otro se movió para que la mano abriera la bragueta y ese güevo saliera. Fue tanta la sorpresa, que Mario cae de rodillas, y desconcierta a dos amigos que miran, cuando se come el plátano. Para Rodrigo no era sorpresa que Mario quisiera, y como era su fiesta, le daba. Sorpresa fue que otros tres amigos se acercaran y dos de ellos mostraran sus regalos para que Mario gozara, y que el tercero quisiera comer junto a Mario. En fin, sorpresas de fiestas entre carajos.
Julio César.








