
Estaba tan contento… como muchacho lamiendo chupeteas…
Ricky y Mario no son gay. Son amigos y trabajan con Julián, quien sí lo es, aunque reprimido. El chico a sus veintidós no había tenido acción y los dos hombrezotes, compadeciéndolo, lo citaron en aquella habitación. El chico esperaba fiesta, pero al llegar encontró la cama grande y los dos carajotes en tanguitas rojas con lacitos de regalo sobre las siluetas de los bultos. Como en trance, con el corazón loco, cayo en esa cama y desenvolvió sus obsequios. Ellos ríen, divertidos (y estimulados) de esa lengua joven que sube y baja, que lame y mama. El chico, sin pensar, sólo se deja llevar por lo que tanto quiere, traga sus premios. Pero los otros dos se animan, y a pesar de que sólo iban a darle dulce de leche a probar, ahora le inyectarán sabor. Y el chico, en cuatro patas, gemirá como puta feliz, clavado por boca y culo. Mas tarde, sentado sobre Ricky, quien le aprieta las tetas llamándolo “mariquito rico”, bien cogido, todavía abre un espacio en su corazón para que Mario también se le meta. ¿Conclusión? Fue el inicio de una fiesta cada fin de semana.
Julio César.

