Archivos de la categoría ‘SABOR Y COLOR!!!’

REGALO DE CUMPLEAÑOS

Junio 13, 2009

NEGROS SOBRE BLANCO

   Estaba tan contento… como muchacho lamiendo chupeteas…

   Ricky y Mario no son gay. Son amigos y trabajan con Julián, quien sí lo es, aunque reprimido. El chico a sus veintidós no había tenido acción y los dos hombrezotes, compadeciéndolo, lo citaron en aquella habitación. El chico esperaba fiesta, pero al llegar encontró la cama grande y los dos carajotes en tanguitas rojas con lacitos de regalo sobre las siluetas de los bultos. Como en trance, con el corazón loco, cayo en esa cama y desenvolvió sus obsequios. Ellos ríen, divertidos (y estimulados) de esa lengua joven que sube y baja, que lame y mama. El chico, sin pensar, sólo se deja llevar por lo que tanto quiere, traga sus premios. Pero los otros dos se animan, y a pesar de que sólo iban a darle dulce de leche a probar, ahora le inyectarán sabor. Y el chico, en cuatro patas, gemirá como puta feliz, clavado por boca y culo. Mas tarde, sentado sobre Ricky, quien le aprieta las tetas llamándolo “mariquito rico”, bien cogido, todavía abre un espacio en su corazón para que Mario también se le meta. ¿Conclusión? Fue el inicio de una fiesta cada fin de semana.

Julio César.

CADA UNO A LO SUYO

Diciembre 14, 2008

negrotes-gay

   Le gustaba verlo aplicarse…

 

   -Coño, Fabián, el único ejercicio que haces en este gimnasio es mover esa boca… cuando no este culito rico. No debí dejarte casar con mi hermana. Pero me la mamaste tan rico detrás de altar… y a media fiesta, ¿no? Dejaste a todos… ¡mamados!

 

Julio César.

ESCAPE PLAYERO

Octubre 3, 2008

   -Te dije que era muy goloso…

 

   Mujer, si tu marido es un asiduo parrandero de fin de semana y te sale con que se va a pescar para la playa, ten cuidado, entre sol,  mar, caña y bikinis (como les gusta a los carajos pasearse en ellos, se siente caliente cuando los miran), porque eso siempre termina en meriendas de negros. Alguien termina tragando, siempre, mucha leche. Y a veces no sólo por la boca. Efraín no perdía ninguna oportunidad para llenarse la suya de ricos sabores, le encantaba la carne dura, caliente y saladita, y la comía con un hambre feroz. El negro Fermín era a quien más buscaba desde que un día lo vio meando en la fábrica. Ya en ese instante, aún tragándose los últimos rastros de orina, quedó marcado por aquel tipote, que sonreído, entendía cuánto gustaba su güevo enorme a todos esos carajitos que se rascaban en las fiestas y le restregaban el culito contra la bragueta. Lo mejor que habían descubierto en el mundo, era eso, bajar a pescar a la playa. Efraín pescaba güevos babeantes, aunque el suyo era el preferido, y él pescaba, fuera de una buena mamada, algo que enloquecía a cualquiera (¿a quién no le gusta ver a un socio de trabajo o un amigo subiendo y bajando la boquita sobre su güevote?), sino culitos rojos, chicos y temblorosos. Todos ganaban… Bueno, tal vez no las esposas.

 

Julio César.