Archivos de la categoría ‘SUEGRO GOLOSO’

DE FLEX

Abril 24, 2009

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   Sí, le encantaba el yerno, tan fornido dentro de su chico y ajustado suspensorio. Y sabía qué hacer para que se ablandara… de ánimo, ya que le gustaba bien duro de todo lo demás. Sabía que con un tipo así, todo forrado de músculos, velludo y machote, había que admirar su cuerpo, decirle lo bien que se veía y tocarlo todo mientras se le decía que seguro a todas las mujeres se les hacía agua la boca al verlo. Eso les gusta, los excita; y que cuando se acaloran un poco, hay que tocar más y más, hasta que venga el: “Pero ¿qué hace? ¿Qué quiere?”. “Tragármelo todo el… momento”, es la respuesta. ¿Qué pasará?: o se va, callando y medio caliente, o sede y saca todo su ser. El viejo lo sabía.

 

 

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   El suegro sabía que si el yerno aflojaba un poco, sin negarse de plano, la cosa era de urgencia. Había que caer rápido adorándolo, bajarle la prendita lentamente, acariciándolo, luego de tocarlo un poco sobre ella. Seguramente no estará muy… dispuesto todavía, nervioso como está, pensando que todo eso es malo. ¿Solución? Un solo bocado y dejarlo allí, saboreando y masajeando con la lengua caliente y las mejillas. Un poco de aliento pesado en la base también inquieta. No hay uno que no se arme con toda su fuerza y hasta dispare una que otra gota viéndose obligado a ello. Si se va y viene con fuerza sobre el juguete, el bebé no escapa. Menos si el otro se vuelve un pulpo tocando todo, pellizcándolo todo.

 

Julio César.

DE FLEX

Febrero 18, 2009

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   A Red le encantaba su yerno Anthony, el marido de su hija mayor. El carajo, un camionero de los rudos y machos, pecho peludo y amigo de deportes y ejercicios, se divertía cuando el suegro lo miraba admirado cuando posaba para él mostrándole sus músculos. El viejo lo tocaba, lo sobaba, y ahora hasta lo lamía, mordía y besaba, asustándolo un poco… porque le daba un calorcito raro en muchas partes. No estaba bien que se dejara tocar así por el papá de su mujer, pero…

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   Red lo mimaba bastante; sabía la importancia que Anthony le daba al ejercicio y por eso montó en su casa un pequeño gimnasio para que el otro lo usara al estar allí. Luego le ofrecía un masajito, temblando de emoción ante ese cuerpo fornido, duro y caliente, brillante de transpiración, enfundado en pequeños suspensorios húmedos y calientes. Le encantaba despojarlo de sus ropas, admirando ese corpachón dentro de la pequeña y ajustada prenda que Anthony usaba para sentirse más sexy y… putón, aunque no lo decía. Más de una vez, mientras el yerno tomaba una ducha, Red había tomado uno, perdiéndose en las sensaciones más ricas del mundo al ocultar su rostro allí, oliéndolo hasta el delirio.

 

Julio César.