Archivos de la categoría ‘YA QUISIERA YO...’

MOTIVANDO

Julio 21, 2009

PROBANDO CULOS

   Temblaban emocionados esperando que comenzara…

   Aquel trabajo de maestro suplente no me convenció hasta que me fijé en todos esos atractivos, saludables y bien arregladitos muchachos, todo testosteronas, pendiente de mil vainas y no de los estudios. Y en que mucho me miraban la pinta bajo el traje, sobre todo el bulto que dejaba colgar por ahí. De tarde en tarde siempre venía uno a mi oficina buscando tutoría, orientación, o ‘comprensión’ para sus problemas de joven confundido… o de notas. Y como maestro me aplicaba a atenderlos. Intentaba introducir en sus vidas algo de sentido… también, de tarde en tarde, un dedo, o dos, para que el cuerpo les diera algo de felicidad; o una lengua que chupara sabroso para oírlos gemir y distraerse un rato. Y a los más emotivos, y sentimentales, quienes me pedían con sus vocecitas jóvenes y dulces: “profe, enséñeme a amar…”, una buena y dura tranca. Dios, amo mi trabajo.

Julio César.

CONTRATISTA TRABAJADO

Junio 15, 2009

OBREROS CALIENTES

   Ese culito, sudado, sabía todavía mejor…

   Todo el mundo me decía, “pero ese carajo no avanza, no termina de reconstruirte la cocina, deberías botarlo”, pero yo lo defendía. “Se esfuerza”, ¿cómo botarlo si al pobre yo no lo dejaba trabajar? Desde que llegó la primera vez, le caí encima; tal vez pensó que después de la mamada le daría el culo o algo así; pero la mamada que le di lo dejó viendo estrellas, tan débil que cayó sobre las lonas, lo que aproveché para mamarle el hueco del culo, metiéndole hondo la lengua, y lo enloquecí. Lo admito, me encanta ver a esos carajotes tan machitos gimiendo cuando le lames el huequito y se lo frotas con la punta de un dedo hasta que te gritan que se lo metas. Y lo haces. Le metes el dedo que se desliza suave en el sedoso y cálido tuvo, lo coges con él y lo lengüeteas, lo coges con dos y tres dedos, hasta que para el tercer día de trabajo, te mira pidiéndote más, y ya lo tienes en cuatro, cogiéndolo en la cocina, sobre la mesa del comedor, en el sofá de la sala, en tu cama, en la ducha. Y te le corres en la cara, para verlo viril y lleno de leche. Y él sólo grita y grita ensartado, tal vez preguntándose qué hará cuando le pidas que no vuelva. Pero por ahora, hummm… está tan mojadito y saladito este culito…

Julio César.

PASA EN LOS SEMINARIOS

Abril 18, 2009

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   Me metí en eso y no supe cómo salir…

 

   Les juro que todo comenzó como un juego. De la compañía me enviaron a Mérida a un seminario y me tocó compartir cuarto con aquel carajo joven y reilón de Maracay. Hicimos buenas migas. Cada uno tenía sus particularidades, yo tenía que dormir (en mi cama, claro), con el televisor encendido o no dormía. Él dijo que bien, ya que también tenía una maña, dormía sin ropas de la cintura para abajo; decía que necesitaba que su virilidad respirara. Y vaya que todo eso lo necesitaba, pensé al verlo antes de caer en mi cama. Tuve sueños raros, el caso fue que amanecí empegostado. Temprano me duché y a salir del baño lo miré dormir como un angelito… sexy y caliente, de nalgas redondas, boca abajo. Se hacía tarde ya para el primer seminario del día y jugando, se los juro, fui a despertarlo con una bromita. Después de una nalgada con un “párate, flojo”, le metí un dedo… que entró como en mantequilla. Qué suave, qué cálido. ¡Era una broma!, pero entró tan rico que lo saqué y metí otra vez, y el chico despertó, o se movió al menos, elevando sus cachetotes rojitos hacia mi dedo. Asombrado me quedé helado, aunque me quemaba todo. No tuve más remedio que continuar puyándolo con el dedo, una y otra vez, hasta el fondo… para despertarlo; y al hacerlo le di de tomar su primer buche del día, un buen trago de leche caliente y espesa. Nunca esperé semejante compañero de cuarto. Ahora tan sólo espero que terminen las charlas de la mañana para regresar juntos al cuarto, donde  almorzaremos; le había prometido una carne de primera… aunque yo sabía que estaría muy dura.

 

Julio César.

OFRENDA

Diciembre 12, 2008

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   Él se ofreció… y me deje.

 

   Maldita sea, pensé; al fin habíamos terminado de recoger todos esos escombros en casa de mi amigo Pancho. El trabajo fue extenuante, y yo estaba agotado. Ese perro siempre pedía ayuda a los amigos para trabajar de gratis en la casa que estaba remodelando, pero esta vez fue el colmo, hubo que cargar dos camiones de escombros y el único que acudió, o al que llamó, fui yo. Para colmo me pisé un dedo que me ardía y palpitaba. Molestó entré en las duchas del taller que tiene junto a la casa para darme una rápida ducha e irme al coño, con mi dedo bajo la axila. Le dije a la comadre que no comería con ellos. Fue cuando lo encontré ahí, casi tirado en el suelo.

 

   -Lamento lo de tu dedo y que no haya venido nadie más, JC; llamé a varios.

 

   -No hay peo. -mentí.

 

   -Déjame atendértelo.

 

   -No, no quiero un coño, sólo…

 

   -¿Seguro?

 

   Y me lo atrapó con su boca cálida, dándole un tibio apretón y mamada, para calmármelo, pensaría, pero sólo lo puso más caliente y palpitante. La vaina me sorprendió, dejándome todo envarado y duro por la sorpresa. Y se aplicaba el gran carajo, su boca iba y venía, chupándolo, mamándolo, dejándome bien lleno de saliva cálida todo mi largo y grueso… dedo. De su boca sólo salían gruñidos mientras cerraba sus ojos, goloso, disfrutando de mi enorme, tieso y muy caliente… dedo.

 

Julio César.

ATENDIENDO A LOS VECINOS

Agosto 7, 2008

   Lo tenía todo rico y al alcance de mis dedos…

 

   Me encanta bajar a la piscina del edificio. Me encanta darme un chapuzón y salir, mojado, grandote, con la tanga que uso para esos momentos, y echarme a llevar sol. Sonrío en cuanto aparece uno de mis vecinos. Alguien que me vio bajar con a tanga. Vienen haciéndose los güevones, estirándose, mirando el agua, hablando del calor, y displicente les respondo, poniéndose morcillón el tolete bajo la tanga. La miran, digo que hace calor en verdad, y la saco. Me la miran con fiebre, eso me la pone dura en segundos. Me la agarro, la agito, no digo nada, pero le sonrío indicándole con la cabeza que se acerque. Y vienen, como aturdidos, asustados, pero duros bajos sus trajes de baño. Y tragan, gimen como niños con teteros ricos mientras me lo tragan con fuerza. Esas boquitas masculinas, de machos viriles suben y bajan tragando, chupando, llenándose de gusto. Maman siempre más y más, con avidez y hambre. Siempre noto que parecen hambrientos de güevos duros. A mí me gusta todo, cuando se inclinan ante el dios güevo, les sobo las nalgas sobre el bañador. Me encantan esas nalgas duras. Las sobo bajo la telita, metiendo mis dedos en la raja interglútea caliente. Lo bajo un poco y comienzo a meterle el dedo, explorándolo, oyéndolo gemir más. Es tan rico estar así que sonrío, comodote, siendo mamado sabroso, metiéndole ese dedo en ese culito caliente y prieto… culito que termino metiéndole machete duro momentos más tarde. Les encanta.

 

Julio César.