JUEGO DESPUÉS DEL JUEGO

    Sabía que nadie resistía su culito…

 

   -Anda, coño, tengo el culo necesitado; sácate ese güevo del pantalón que ya lo tienes duro y dame lo mío. –urgió, meciendo sus nalgas; pasar toda la tarde jugando béisbol con los otros lo ponía siempre así.

 

   -No lo sé, chamo, tu mujer está arriba durmiendo y… eso de cogerte así, bajo su techo… -dudas morales lo acosan, pero con el güevo babeándole en el uniforme ante la mirada de esas nalgas turgente y ese orificio que parece titilar.

 

   -Lo tengo sucio y mojado, todo sudado… será como enterrar un cuchillo caliente en mantequilla, papá… -ofreció mórbido, sonriendo, inclinándose sólo un poco más; contuvo un jadeo cuando el primer dedo entró, sabía que a Julián le encantaba lengüetear un poco, eso le había oído a las esposas cuando se contaban sus vainas. Y esta sería la primera de muchas, de dedos que entraban y de la lengua que lamía antes de cabalgarlo como un demente, metiéndosela hasta los pelos, después de cada juego en los años venideros. Cositas que hacían la vida más grata en comunidad, ¿o no?

 

Julio César.

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