ESBIRRO Y REBELDE

   Comenzó como revisión y ya parecía amor…

 

   -Hummm… -se le escapó, a pesar de estar molesto al sentirse invadido… y caliente por eso.

 

   -Ah, ya jadeas, rebelde. Ahora vas a conocer todo el peso y fuerza de la ley. –le gruñe el agente del Orden, aferrándolo mientras le abría las nalgas nuevamente, pero ya no revisando en busca de armas, sino metiéndole el güevo, uno que era enorme y grueso, en las entrañas.- Si no tienes papeles, te sometes… -le recuerda, sonriente.

 

   -¡Esto es abuso y tiranía! –jadeó con la boca abierta, apretando esa barra caliente con ganas. En aquel mundo post apocalíptico donde una férrea dictadura militar se alzó sometiendo a todo el mundo, un grupito luchaba por la libertad, aunque el joven reconocía que la mano dura de la Ley no estaba tan mal.- Dios, que rico…

 

   -Desde que te vi supe que eras un amante de los güevos gubernamentales, te mojaste por dentro imaginándola, ¿no?

 

   -¡Maldito desgraciado! –ruge.

 

   -¿Quieres que te la meta poniéndote en cuatro? Seguro que te encanta que te la claven así, ¿verdad? Seguro que todos los rebeldes ya te la han metido así, llamándote perrita…

 

   -¡Okay! –jadeó decidido… Ya mañana lucharía.

 

Julio César.

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