HUGO CHÁVEZ Y LOS INHABILITADOS

   Lo quiere todo de mí, pero no se puede, papá…

 

   Quiero hablar del pesar que siento por la situación en la que se encuentra Hugo Chávez (aunque no lo crean y me imaginen un hipócrita). Actualmente el Presidente, porque quien maneja la guadaña legal es él, aquí ningún rastacuerista se arrastra sobre la barriga sin que él lo ordene, se enfrenta a una disyuntiva seria: por un lado la necesidad de mantener a un grupo de políticos inhabilitados para las elecciones regionales de noviembre, y por el otro enfrenta las presiones cada vez mayores de la población que grita que no, que eso no puede ser, que si el Gobierno quiere alcaldías y gobernaciones que compita en buena lid y gane (cómo si fuera tan fácil, gime él). Leopoldo López por la Gran Caracas, y Enrique Mendoza por Miranda, ambos recalcitrantes representantes de la oposición de la rama más odiosa, de  los que pueden presentar éxitos y logros haciéndolos quedar bien mal, están ahí punteando como caimanes en boca de caño en las encuestas, pero han sido inhabilitados por el Contralor General de la República, Clodosvaldo Russián (se pronuncia Rufián, debe ser italiano o polaco) quien no les permite inscribirse en la carrera electoral, siendo que no está facultado legalmente para eso porque la Constitución Nacional del 99, la de Chávez (maldito error, gritan ahora, y alegan que en el siglo 18 el Rey envió una bula real que sí se los permite), dice que para inhabilitar a alguien debe haber una sentencia judicial.

 

   Rufián dice que se le ataca por inhabilitar, pero que esas averiguaciones no son por las elecciones de noviembre (no, no, ¡claro que no!), que algunas llevan hasta cuatro años, entonces uno se pregunta ¿qué carajo hacía él y el resto de los bandidos de la contraloría que no enviaron todo eso a la fiscalía y a los tribunales? Hablamos de cuatro anos, coño, en ese tiempo algo podían hacer… si es que tenían pruebas. Porque la cosa es cumbre, ni siquiera se sabe si hay delitos porque ningún tribunal ha estudiado nada, es que a él, a Rufián, le parece que hay algo malo. Uno lo oye con la boca abierta, de asombro y maravilla, y sólo queda decir: es la revolución. No hay modo legal de inhabilitar, pero a la macha, lo hacen, se inventan unos argumentos tales como: yo puedo tomar una medida administrativa, y como a mí me parece que está bien eso deroga lo constitucional; nuevamente cuentan con que la OEA, Brasil, Argentina y tal vez España, entre guiños de ojos, digan que sí, que la constitución puede ser violada así. Eso le cayó muy mal a todo el mundo, chavistas y no, quienes (los muy mal pensados) sospechan que son argucias de tramposo que quieren ver cómo ganan sin merecerlo. Al Presidente le atormenta que la gente común y corriente diga en las calles que si Aristóbulo Istúriz quieres ser Alcalde Mayor que compita, y que si gana mande y si no, que se quite, pero que no puede usar trucos como ese.

 

   La presión de todas esas voces no deja dormir al Presidente, atormentado ya por otras voces propias. A mí me daba escalofríos cuando decía que hablaba con Simón Bolívar, pero me asusté en verdad cuando éste, al parecer, comenzó a responderle. El problema para Chávez no es sencillo. Si ordena a rastacuero y a la gordita que permitan esas candidaturas, puede verse en el penoso trance en enero de tener que explicar al mundo, y sus alrededores, cómo la gloriosa revolución bolivariana, la más mejor de todos los tiempos, amada por cada  habitante de este país, perdió la capital y la zona céntrica, encontrándose Miraflores rodeada de gobernantes ‘desestabilizadores, golpistas y conspiradores pro Bush’. ¿Cómo lo aclara? ¿Como dar la cara después de semejante revés? Le Monde Diplomatique, a pesar del realero que le tiran bajo cuerda, y la prensa dizque socialista, tendría que dar aún más piruetas mentales para justificar esto. Por ello Chávez se pone terco, cosa que él cree que es determinación (o como cree que decir vulgaridades y necedades es ‘hablar como la gente corriente’). Pero, por el otro lado, sabe que la gente le pasará factura, a él y al resto de la manada chillona en esas elecciones, como lo hicieron ese diciembre condenado cuando le negaron la presidencia vitalicia, haciéndolo llorar otra vez. Si deja que participen pierde, si se los impide perderá igual esas zonas y posiblemente otras. Por eso se agiliza el ñemeo de la gordita y sus secuaces en el CNE, si todo falla, se ganará en las máquinas…

 

Julio César.

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