TEMORES EN CINE

   -Confía en mí…

 

   Hablar de que se le teme a la tecnología parece algo absurdo, como esa guerra sorda que libraba Isaac Asimos hace unos años con los propulsores del salto atrás. Asimov, quien no solamente era un prolifero escritor de ficción, sino un científico en toda la extensión de la palabra los enfrentaba; esta gente se oponían al avance de la ciencia y de la tecnología, arguyendo que esta no había traído paz ni felicidad a la raza humana (cuando entenderán que sólo el dinero…), sino nuevos motivos de preocupaciones. Visto por encimita, parece una necedad, está bien, está el temor a la energía nuclear e incluso a creaciones como el SIDA (nunca lo creo hasta que hablo con mis amigos los conspiratólogos), pero ¿cómo preferir un mundo sin electricidad a uno de velas? Sin embargo, sin darme cuenta cabalmente, compartía, y comparto, también yo algunos de estos temores. Es difícil darlo a entender, así que dibujaré un entorno donde puedan comprenderme sin tener que extenderme en desnudar mi alma.

 

   Cuando la película TERMINATOR salió a la palestra, la gente quedó impactada por la idea del cyborg, el orgacyberg capaz de regresar en el tiempo para asesinar a una mujer que pone en peligro, con su sola existencia, lo que hacen las máquinas en el futuro. Con semejante planteamiento tenía que ser buena, fuera de que estaban los formidables Linda Hamilton, Swacheneger y Michael Biehn, quien tenía la pinta cabal del héroe bueno, como en Alíen dos. La verdad es que el mayor gancho fue la violencia, la batalla ‘por el futuro’, persecuciones, disparos y explosiones. Y es aquí donde surge una primera duda, que ya se había planteado en el libro 2001, ODISEA ESPACIAL: la máquina que cobra conciencia de sí, pensando como un ser vivo, tomando decisiones contra sus creadores a quienes ve como una amenaza para su existencia; y todos sabemos que el instinto de conservación es el mayor de todos. Siempre he pensado, particularmente, que es una locura crear una máquina que supere en inteligencia al hombre, y peor, ponerla a cargo de complejos sistemas de soporte de vida, desde la seguridad pública a la alimentaria, de donde derivemos en una raza ‘cautiva’ de una entidad no biológica bien intencionada.

 

   De hecho este es el mismo planteamiento de MATRIX. ¿Quien controlará a la máquina si esta comienza a pensar y a planear sin dar señales de anomalía si es autosuficiente, diseñada para continuar más allá de una contingencia que pueda acabar con sus creadores? ¿Qué tal si la demencia es un atributo degenerativo de la inteligencia? Seguramente estoy totalmente equivocado, y aquí quiero ser claro, no soy un ayatolá, no digo que tengo la razón o la verdad, es mi manera de pensar, errada o no. La máquina inteligente, fría, sin sentimientos, sin sentir pena, piedad, remordimientos, aquella que ve en las entidades de carbono a criaturas caóticas, peligrosas, y decide liquidarlos como quien mata moscas… ese es el temor que tras TERMINATOR Y MATRIX se dejó  ver.

 

   Sin embargo, la película más aterradora que yo jamás he visto fue una que no levantó olas, que pasó sin muchas glorias: GATTACA, Experimento Genético. ¿La recuerdan?, esa que muestra un futuro cercano donde la gente es diseñada únicamente mediante ingeniería genética, nada de dejarlo a una noche de sexo loco, de donde resultan individuos hermosos, perfectos física y mentalmente, con habilidades al cien por ciento, sin cáncer, diabetes, depresiones… Un mundo perfecto, como lo era aquel viejo libro UN MUNDO FELIZ, que era tan horrible. Detrás de tan aparentes bondades, el fin de las enfermedades y taras, en GATTACA se ocultaba una realidad terrible: la discriminación total hacia los no creados. Un empleo podía ser negado al ser concebido naturalmente, padecer de miopía o tener antecedentes familiares de infartos o problemas renales.

 

   La gente era tasada, metida en una lista de casta (de donde no podía ni debía salir) y discriminada, y quien deseaba avanzar debía mentir en los análisis, porque para colmo había controles de calidad, con gotas de sangre, para comparar y llevar un registro controlado de cada ADN; salvando las distancia parecía presentar el mundo del judío escondiendo que lo es, o el negro que se disfrazara de blanco para encajar. Se llegó al fin de la meta nazi. De esa película no vi nada bueno, sólo discriminación, injusticia y segregación. Y mucho peligro potencial. Sí, se decide que es legal y preferible que todo el mundo sea medido por la vara alta del ADN perfecto: ¿Quién decidirá quien es creado perfecto o no? ¿Qué países crearan gente perfecta? ¿Qué será del tercer mundo?

 

   Que se borrada de mapa el cáncer, la diabetes y los problemas renales… suena bien, pero ¿quien decidirá quienes sí y quienes no? ¿Bajo que óptica: el dinero, las influencias, el amiguismo? Incluso en los casos donde halla destrezas físicas o mentales en una familia, ¿sí deben estos tener una descendencia creada perfecta y los otros no? ¿Quién les da el derecho a decidir? Seguramente estoy simplificando mucho, la historia demuestra que la gente hace cosas por el bien de todos, ¿verdad? Jamás con egoísmos, o racismo, o xenofobia; nada de razas inferiores, muchos menos esclavas, ¿verdad? Y no, no soy un demente anti tecnológico, de hecho siempre me creí amigo y defensor de la ciencia, pero… miedos son miedos.

 

Julio César.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: