CRISTINA KIRCHNER Y LULA DA SILVA SÓLO PIENSAN EN PLATA

   …Y no en el mar como yo…

 

   Lo que en principio, y por principio, no está mal; el dinero no hace la felicidad, pero aparentemente nada lo hace tampoco. Amor, familia, religión, béisbol o fútbol, nada satisface totalmente; pero al menos el dinero compra buenos momentos. Se debe pensar, y apreciar, el dinero, y hay gente que únicamente a eso se dedica; por ejemplo, el marido de la señora K no va a acrecentar su fortuna personal con buenos deseos u obras, las botijas se llenan con monedas, de esas que al agitarse suenan tan lindo, tilín tilín tilín; y si el pueblo argentino se niega a enriquecerlos a través de gravosos impuestos, la pareja debe, obviamente, sacarle sangre a las piedras, mientras insultan al que no se deja con el manido cuento de que son oligarcas. Como digo, en principio no está mal que Cristinita y Lulita quieran real, que se les agüe el ojo ante las ganancias que Chávez en sus delirios les dice que van a tener, que se acuesten de noche riéndose de lo mucho que se benefician de sus negocios con Venezuela, después de todo debe importarles un carajo las cosas que pasen dentro de este país caótico, lo que padezca la población o las víctimas que ya han caído. “Ese no es asunto nuestro”, dirán los dos, con decir que nada sabían, tienen.

 

   ¿Asesinatos, presos políticos, persecuciones, listas que excluyen a personas de todo derecho? Son tonterías antes las cuales no van a detenerse, ¡no faltaba más! Brasil es un gran país, mucha gente decente batalló durante años para lograrlo, para que su cancillería tuviera la clase y altura que tuvo hasta hace poco; tan sólido es el gigante del Sur que ahora Lula puede mostrar unos años de política de… necesitado. ¡París bien vale una misa! Pero tanto Lula como Cristina, deberían cuidar un poco los modos, la elegancia y cierta clase en la conducta; señor, señora, tampoco es cosa que se diga, como dice Rafael Poleo, con esa lengua venenosa que tiene pensando en ellos, que Latinoamérica calla los desmanes de un régimen no democrático porque este está repartiendo dinero del bruto entre los necesitados de… vergüenza. Lo dijo con una oración horrible (suya, no mía, investiguen): Con esos reales se logra el apoyo cabrón de estas casas de putas menesterosas en la que se han transformado muchos gobiernos de la zona. ¿Será contigo, Lula? Aunque no todos son así, el Perú no se hace el desentendido ante los atropellos que observa, y la señora Bachellet, a pesar de una imperdonable debilidad por los militares autoritarios, se niegan en formar parte de esos pactos de limosnas.

 

   La señora, y Lula, piden que se apure la entrada de Venezuela en el MERCOSUR, sin que se cumplan siquiera los requisitos elementales aprobados por ellos hace muchos años (“los reales, piensen en los reales”, insisten a dúo, tomados de las manos, desesperados); sin embargo, y quién lo habría creído de países pequeños, senadores de varios estados quieren saber primero sí en Venezuela se violan o no los derechos humanos y esa cosa etéreas con la cual la OEA suple cualquier falla de papel de baño: la carta democrática. Son personas de pueblos que han sufrido en carne propia el azote de regímenes dictatoriales de corte militar, que sufrieron y padecieron, que oyeron de torturas, abusos, desaparecidos y ejecutados; y saben lo que los pueblos lloran bajo sus suelas y fusiles. Cristina y Lula, por su lado, hacen como monos para que sus respectivos congresos aprueben la entrada de Venezuela, sin importar qué esté pasando aquí, siempre podrán disertar, cínicamente, sobre toda la ‘democracia’ que hay; como se sostenía que la había en la Cuba del viejo asesino. Y a pesar de eso, pequeños grupos se resisten también dentro de Argentina y Brasil (aunque sorprenda), con dignidad, alegando que sus pueblos no se están muriendo todavía de hambre para tener que degradarse a tales niveles; alegatos que hacen gritar a Cristina, y obligan a Lula a darse en la frente con una mano. Qué difícil debe ser para esta pareja entender eso, ¿verdad? Seguro que cuando se los dicen ponen cara de extrañeza y deletrean en silabas: Dig-ni-dad… ¿qué es eso?

 

Julio César.

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