EVO MORALES Y LA GLORIA ROJA

   -No provoca ni ver lo que ocurre…

 

   Al fin ha sucedido, Evo lo hizo, no una confesión de corrupción, claro. Presionado por sus partidarios y por las órdenes perentorias impartidas desde Caracas, que siente debe cumplir al precio que sea pues es lo único que lo sostiene en el poder (y así es, dar chequecitos y ayudas en efectivo es lo único que lo salva), Evo Morales ordenó pasar a la ofensiva frente a la resistencia presentada por los departamento en rebeldía. El pequeño departamento de Pando, fue totalmente rodeado por los militares, y la lucha de grupos armados personalmente por el Ministro de la Secretaría, Juan Ramón Quintana, pillado en el acto, produjo las muertes que se esperaban. Seguro que se felicitaron bastante. La población fue aislada, ni fiscales o defensores del pueblo puede acceder, ya no digamos los medios de comunicación o los observadores internacionales; toda esa gente debe quedar fuera mientras Juan Ramón Quintana, no el Ministro de la Defensa (los militares van quedando en Sudamérica para dar únicamente pena ajena) o el Ministro del Interior, encabeza una misión militar donde derriban puertas, allanan casas y detienen gente sin órdenes, saltándose toda legalidad. Pero para eso son gobierno y tienen el control de las armas de la república.

 

   La jugada fue bastante arriesgada, asesinar gente en las calles no es como embolsillarse maletas que llegan clandestinamente repletas de reales; matar gente como Evo permitió, tarde o temprano tiene la mala costumbre de regresarse contra sus perpetradores, como ocurre con los militares argentinos (qué rápido olvidó esa gente lo que eran los brutales regimenes dictatoriales y cómo apoyan ahora el de Chávez), Pinochet, o aún el señor Fujimori, quien aunque libró al Perú de esas lacras del terrorismo llamado Sendero Luminoso, ahora es enjuiciado por violación de los derechos humanos. Y Evo ni siquiera ha brindado un verdadero servicio al pueblo de Bolivia, como no sea permitir el tutelaje de Venezuela y el que Chávez hable por él, como si de un gobierno títere y un país satélite se tratara. Por eso tanta gente en Latinoamérica se ríe con burla cuando habla de expulsar al embajador norteamericano por inmiscuirse en asuntos internos y de la soberanía de Bolivia, ¿cuán soberanía?

 

    Pando se encuentra cercado mientras se encarcela gente, se borran pruebas de los delitos desencadenados por el señor Juan Ramón Quintana y Evo Morales, y se persigue a la disidencia bajo la premisa de: “Miren lo que somos capaces de hacer, pendejos, mataremos al que sea y enjuiciaremos al resto si continúan resistiéndose al autoritarismo, ya no les queda otra que someterse a lo que se nos ocurra”. Los relatos de periodistas bordeando la frontera para entrar por el lado brasilero, así como de ciudadanos bolivianos que han cruzado la frontera para escapar de los esbirros del señor Morales, aterrados de una gente que mata sabiendo que ninguna institución los investigará, claman ante el Cielo. Sólo de allí vendrá algo de justicia, la región lanzará llamados idiotas donde buscaran de consolidar la posición de Evo para que todo se calme, y los muertos muertos quedarán; tal vez se enjuicie a un prefecto y a uno que otro policía, como pasó en Venezuela con los muertos del 11 de abril de 2002, cuando la sangre derramada obligó al Alto Mando a exigirle la renuncia a Chávez, acusación que luego fue olvidada y desviada a otros ante la mirada cómplice de todo el sub continente.

 

   Nunca como ahora el atraso y la ignorancia se habían enseñoreado tanto de la región, Latinoamérica ha comenzado un peligroso retroceso que la hará caer, después de periodos de caos por hambre y violencia política (lo único de cierto que se sabe producen los gobiernos de izquierda), bajo el tutelaje de otros. Pero que los bolivianos no olvidemos nunca, como no olvidamos en Venezuela, el nombre de los muertos del señor Evo Morales, pues si hay un Dios, en su momento le saldrán en el camino y tendrá que responder por todos y cada uno de ellos. Ojalá no se reunieran los presidentes de la región, así como el Secretario General de la OEA, son tan patéticos en sus esfuerzos de parecer gente seria o preocupada, que logran exactamente lo contrario, dar la sensación de que ya no hay salida.

 

Julio César.

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