AVENTUREROS

   Tenían caras de lograr lo que deseaban…

 

   De tarde en tarde los muchachos de la zona dejaban sus clases, el trabajo en la fábrica, el taller, el campo o la academia de cadetes… y conducían ebrios lanzando gritos. Eran detenidos y encerrados el fin de semana. Todo un largo y cálido fin de semana. Habían descubierto que los presos, los fornidos jóvenes de esa granja penal, sabían atender muy bien a unos muchachos mimados y malcriados que necesitaban palo del bueno; más bien palos duros y gruesos, babeantes y calientes, por esos culitos. Esos muchachos siempre regresaban al penal por más, a veces, un lunes, metidos en una estrecha cama, entre dos carajos ya armados para volverle a disparar, los guardias no podían echar al susodicho, quien no quería irse todavía.

 

Julio César.

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