NCIS

   Kate a la derecha, Tony a la izquierda…

 

   Esta serie de acción y suspense, que conjuga investigación policial y forense en la consabida buena fórmula creada por CSI o Escena del Crimen como decimos en Venezuela, es bastante interesante. Este serial en particular trata de un grupo de investigación de la Naval. Las tramas están bien elaboradas, dinámicas, con términos forenses, militares y policiales que le dan credibilidad. Los asesinatos siempre ocultan un detalle insólito que hace de cada uno algo especial. Aunque actúan pocos personajes y muchas veces, aunque no halla nada que lo señale, uno ya desconfía de tal o cual y termina siendo el responsable de verdad. El arte está en los motivos. Muchas veces un capítulo comienza como algo y termina en otra, desconcertando, pero manteniendo siempre el interés; recuerdo bien el episodio donde un muchacho secuestra con una bomba a todos en un salón de clases, exigiendo le llevaran a su madre, y resultó que el joven era prisionero de otra gente que controlaba el artefacto desde afuera. O la mujer a quien le secuestran a la hijita, y andaba para arriba y para abajo con la hermana todo el tiempo a su lado, y resultó que la supuesta hermana no sólo no lo era sino que formaba parte del grupo de captores.

 

   Como dije, se sigue la mecánica utilizada en otras series que llevan años demostrando que funcionan. Todas las CSI son exitosas; la diferencia con esta, es que los personajes son como más humanos, más expresivos y agradables. Las CSI muestran un reparto acartonado, sin emociones, exceptuando a la catira Marg Helgenberger (Catherine Willows) en CSI Las Vegas, quien sí es capaz de trasmitir emociones, estados de ánimos y hasta sus pensamientos con el rostro, igual que el jefe, el extraño William L. Petersen (Gil Grissom), quienes son viejos actores de trayectoria. En NCIS, los personajes son tan interesantes y atractivos, como los mismos actores. Cada uno es extravagante, divertido, lleno de sorpresas y detalles. Mark Harmon, el jefe en la trama (Leroy Jethro Gibbs), ido los tiempos de juventud cuando era considerado un de los hombres más guapos del mundo, haciendo una gran pareja de belleza con Heather Locklear, es ahora un maduro actor muy bien parecido todavía. Es el gran líder, de dura y poderosa personalidad, que casi subyuga de forma sexual, como un dominador cualquiera (incluido los golpecitos que da a los subalternos), al resto masculino del grupo, al agente Timothy McGee (Sean Murria), al agente Anthony ‘Tony’ Dinozzo (Michael Weatherly) y aún al joven patólogo, ayudante del viejo forense, Jimmy Palmer (Brian Dietzen). Estos le temen, admiran y aman en una combinación extraña, casi homo emotiva.

 

   Abby Sciuto (Pauley Perrette) es la joven y bonita forense, experta en tecnología e informática; es gótica, extraña, excéntrica y totalmente genial. Es un personaje adorable. El viejo medico, charlatán y algo aburrido, es increíblemente expresivo, y cómo no serlo si al doctor Donald ‘Ducky’ Mallard le da vida el actor británico David McCallum, al que todavía se puede ver, de joven, en los canales retros, como uno de los Agentes de CIPOL. McGee es un personaje tan tierno que despierta simpatías, igual que el joven Dr. Palmer, el patólogo; son tímidos, inteligentes, y medio tontos al tratar con mujeres. Aman a la gótica Abby. Y llegamos a lo que todos debieron odiar tanto como yo, al final de la segunda temporada, y encontramos a una pareja genial: Tony y Kate, la agente Caitlin Todd (Sasha Alexander).

 

   Tony es un galán muy bien parecido, algo irónico, burlón y canallesco, así que es adorable; todo atacón, casi obseso por el sexo, que le gusta mucho, que quiere practicarlo y que no puede sustraerse a ninguna de sus referencias, totalmente hétero (fuera del detalle de la búsqueda de aprobación, aceptación y admiración por parte de Gibbs), no puede ver a una mujer porque le cae encima. Kate es una atractiva morena, de cabellos largos, rostro algo ancho, bonita pero no una gran belleza, aunque sí con un buen cuerpo; es una dura ex agente del Servicio Secreto, inteligente, decidida. En la serie, Kate conformaba una bonita pareja con Tony, siendo totalmente contraria a él, e incluso pareciendo que reprobaba su vida, su forma de ser, y hasta como que le tenía catalogado como a un maniático. Sus discusiones, sus problemas de pareja, la manera de competir en todo, hacían las delicias de la serie, era amena, divertida e increíble. El capítulo donde Tony descubre una foto de ella en una competencia de camisetas mojadas, fue excepcionalmente bueno; igual cuando ella discutía con él, también con McGee, que un hombre soltero no podía ser amigo de una pareja casada y salir con ellos de vacaciones sin engañar al hombre con su mujer. Era una pareja soberbia… y al final de la segunda temporada, la matan de un disparo en la frente… ¡Qué arrechera, panas!

 

   Cuando kate murió, sentí una rabia increíble, ¿cómo me hacían eso a mí, que encontraba tiempo para mirar la serie, para verla discutir con Tony, para verla oponer su moral y firmeza de carácter a las decisiones de Gibbs? ¿Se quiso hacer algo dramático para terminar la temporada? ¿Por qué carrizo no la hicieron besarse con McGee o Gibbs y que Tony los viera? ¿Tenían que matarla? Ah, ¡cómo me molesté! Yo creí que el serial estaba liquidado, había perdido su gran gancho. Es posible que ella deseara dejar la serie, a veces pasa, los actores se cansan de un personaje, o de los compañeros, o de la presión de las grabaciones, o tienen qué se yo, algo más qué hacer; dicen que en la vieja serie Dallas, Patrick Duffy (Bobby Ewen) pensó que debía buscar nuevos rumbos y se fue, matándose a su personaje, y que luego vivió para arrepentirse. También es posible que los productores de NCIS desearan un rostro más fresco, en verdad Kate se veía un poco dura, un podía imaginarla mejor como villana de armas tomar en una película de Bond, pero no es justo que le hagan eso a uno, el fanático. No imaginan cómo molesté a los amigos quejándoseme de esto. Hasta me prometí no volver a ver la serie; incluso llegué a pensar que no volverían a otra temporada, ¡tantas series desaparecían después de una o dos temporadas!

 

   Volvieron, la vi, sobreviví y sobrevivió la serie, pero hubo un detalle que me molestó de ese primer capítulo de la tercera temporada, que Tony pareciera tan indiferente y superficial ante su partida; los demás estuvieron muy bien. Llegó una nueva integrante, Ziva David (Cote de Pablo), una agente del Mossad israelí, dura, experta en lucha anti terrositas, y en consecuencia, ruda y hasta peligrosa. De rostro más fresco, bonita y como más… joven. La química entre ella y Tony, existe ya, pero es menos intensa. Ella le gusta, como le gustan todas, pero la joven no lo rechaza con tanta firmeza como hacía Kate, que es lo que se extraña, la rivalidad divertida, el enfrentamiento de argumentos sobre feminismo y machismo, todo eso que gustaba del otro personaje. Ziva lo hace bien, aporta fuerza, pero a mí me gustaba más Kate (y Sasha).

 

   Y no estoy hablando aquí de que debió tejerse una trama donde Kate se enamoraba de Tony ni nada de eso, las series se joden cuando eso pasa. Pasó en Puerta a las Estrellas cuando Samantha y Jack se enamoraron. Y en Moonlithing (Luz de Luna en Venezuela), cuando a Maddy y Adison, les dio por sufrir por amor; de una divertida pareja de detectives desastrosos, terminaron enamorados, sin hacer nada, en tramas aburridas que a nadie interesaban. Igualmente se jodieron los Expedientes Secretos X, cuando Molder y Scully se gustaron. Nada destruye tanto una serie como esos nudos tontos. Hay otras en las que esos  planteamientos sí funcionan, porque la trama general es más importante que los personajes, pero no cuando los personajes son tan o más determinante que el argumento. Igualmente están condenadas las series, las que sean, donde hay dos hombres y quince mujeres y todas terminan enamoradas del mismo que va pasando de una a otra; no hay serie que sobreviva a eso.

 

   Espero que a Sasha Alexander (Kate) le vaya muy bien en todo lo que intente de ahora en adelante, creó un gran personaje y uno lo recuerda con afecto, y no es algo tan fácil de lograr como pueda creerse.

 

Julio César.

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