TENIENDO QUE DAR LA CARA

   -¡¡¡Señor, por favor aleccione, señor!!!

 

   -Lo siento, sargento mayor. –jadeó el cadete, firmemente asentado sobre todas sus patas, sabiendo que el castigo llegaría de forma ruda y violenta. Lo merecía.

 

   -Estoy cansado de usted, cadete Soto. Perder su sable ¡dos veces!, es inaceptable. Ahora voy a enseñarle cómo se mete hasta el fondo un sable en su vaina. Esa vaina va a quedarle bien abierta y ya no se le van a salir nunca los sables. Y le aseguro, cadete, que de ahora en adelante no querrá dejar ningún sable caliente fuera de su vaina…

 

Julio César.

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