ESTOS VAQUEROS…

   Iba a jugarse todas sus abultadas cartas…

 

   Si señor, pensaba el joven, sintiendo sobre sí la sorprendida mirada del otro, tomándolo por sorpresa. Era lo que deseaba, sacudirlo. Llevaba dos meses en el rancho y el otro no se había acercado a hablarle, a buscarlo aunque él lo seguía con la mirada, presintiendo, más que sabiendo, sus ganas, de la urgencia que tenía ese hombre maduro de desahogarse con alguien. Y él quería ser ese alguien, piensa con un escalofrío y un ardor de culo, mientras su torso sube y baja, sonriendo, todo enrojecido al encontrar la mirada del maduro vaquero sobre sus pectorales, tal vez pensando en lo grato que sería atraparlos en sus manos.

 

   -¿Cómo está, señor Del Mar? Necesito algo de usted con urgencia, ¿me puede atender?

 

Julio César.

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