LOS PRESOS MANIPULADOS

   -La verdad no probota oír ni ver al ministro…

 

   Para variar, como cada fin de semana, hay conflictos en las cárceles de Venezuela, lugares donde la población crece como la verdolaga en el campo, y eso que no están todos lo que son ni son todos los que están, ¿verdad Albertico Nolia? Recuerdo que durante el gobierno del viejo Caldera, el segundo, hubo una huelga violenta en el Zulia. Los presos se cocieron las bocas y amenazaron con una huelga de sangre, que consistía en cortar cabezas y echarlas a rodar por ahí, como rumores de golpismo y magnicidio. Al saber las causas, me solidaricé con el gobierno, tenían que ponerse duros o eso terminaría mal: los presos exigían (¡exigían!, vaya pretensión) agua potable para beber. Si cedía el gobierno, exclamé, ¿que pedirían después? ¿Justicia? Ahora la cosa parece peor, siendo un Gobierno socialista de izquierda y revolucionario (todos son caracteres recesitos pero cuando los astros están mal alineados se presentan como la peste), las cárceles se llenan con el que agarran para acusarlo de esto y aquello, aunque el mismo muerto aparezca diciendo que no fue él; policías, fiscales y jueces están muy ocupados persiguiendo a los que disienten o aquellos que se oponen al régimen; y las condiciones de vida se han deteriorado, crease o no, todavía más (deben haber echo un hueco en el suelo para caer más, sólo así se explica); y a los motines, los secuestros voluntarios de familiares y la gente que corre gritando y llorando tras los carros de ministros, fiscales y jueces intentando ser oídos, un sujeto representativo del Gobierno y su línea dura, ya un ex ministro del Interior y Justicia, Ramón Rodríguez Chacín, dice: eso es falso, las cárceles son un paraíso, esa gente que protesta son… “¡manipulados por el Imperio respondiendo a un plan desestabilizador golpista!”. Con gente como Rodríguez Chacín, ¿cuándo se resuelve un carajo? Por lo menos él está ‘resolvido’, aunque ahora sólo falta que la DEA le congele sus realitos en el exterior (Dios, ni siquiera en un banco nacional, ¡y se llaman bolivarianos endógenos!).

 

Julio César.

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