23 DE NOVIEMBRE, ¿ESPERAR Y SOÑAR?

jake-gyllenhaal

   No, no basta únicamente con soñar o desear por muy grata o hermosa que sea la ilusión…

……

 

   Hace tiempo, en una de las  interminables colas de Caracas, ojeaba mi revista ZETA, de análisis y política, terminándola toda, y temiendo que la joven mujer a mi lado notara que no hacía nada y quisiera hablar, leí nuevamente hasta los anuncios. Y me fije en una pequeña inscripción en la portada, de una frase de Martí: “Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado y a pensar y a hablar sin hipocresía”.

 

   Me gustó e impresionó tanto esta cita de José Martí, de quien poco más se puede agregar (¿quién no sabe quien fue?), que la busqué. Lo que encontré fue algo tan dolorosamente irónico que tuve que sonreír con amargura. Este hombre grande, universal y decente, sobretodo decente, que cantó contra la impudicia, es citado frecuentemente, y utilizada su figura, por gente impúdica en un régimen criminal que lleva más de cuarenta años cebándose en la carne morena de la isla cubana.

 

   Bien, el texto completo dice:

 

   “Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía. Hay hombres que viven contentos aunque vivan sin decoro. Hay otros que padecen como en agonía cuando ven que los hombres viven sin decoro a su alrededor. En el mundo ha de haber cierta cantidad de luz, como ha de haber cierta cantidad de decoro. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Esos son los que se rebelan con su fuerza terrible contra los que roban a los pueblos su libertad, que es robar a los hombres su decoro. En esos hombres van miles de hombres, va un pueblo entero, va la dignidad humana. Esos hombres son sagrados”

 

José Martí.

……

 

   Imaginarán ya por qué me molesta cuando escucho su nombre manoseado por quienes roban a otros su libertad, su dignidad y hasta sus sueños, que es quitarles su humanidad. Es que ese Fidel Castro, cuando estaba vivo, y su banda eran unas lacras. Aunque no son los únicos que ensucian el nombre de Martí.

 

   ¡Qué palabras, ¿verdad?! Expresan lo que tantas veces es difícil de hacer entender a otros, a los amigos que no saben, a los familiares que no se mortifican por nada, a la pareja que supone que sólo es un domingo más. Hay angustias, temores y rabias que uno siente y padece, que sabe deben enfrentarse, pero que no pueden explicarse. Venezuela se dirige este domingo 23 de noviembre a otra de esas jornadas ‘cruciales’. Nuevamente se habla de lo importante que es; yo lo entiendo, pero no puedo evitar sentirme cansado, desanimado. A muchos parece no importarles que se nos imponga cómo vivir, qué comer, qué pensar. Sin embargo eso no evitará que asista, que me reúna con los otros, así sean pocos numéricamente, y que cumpla con la parte que me encomienden. Si está la doñita de siempre, la universitaria flaca de la vez pasada, el muchacho de liceo demasiado alto para sus años, el hijo angustiado del chofer que no le interesa lo que pase, bastará. Deberá bastar, deberán alcanzar. Ellos tendrán que cargar, nuevamente, con el indecoro de muchos.

 

   No quiero decir más, no quiero que se me tache de negativo, pesimista y agorero, pero no soy optimista. Nunca lo soy. Ahora mismo llueve horriblemente sobre Caracas, desde las dos de la tarde. Las calles y avenidas son gigantescos estacionamientos, quebradas, árboles y basura han colapsado el tránsito. No deja de llover aún a estas horas, las nueve y media de la noche, y el Guaire se desbordó. Defensa Civil, bomberos y autoridades llaman a todo el que esté en sus casas y no tenga necesidad de salir, que se quede en ellas hasta que pase la emergencia. El Metro funciona a media mecha y hay fallas eléctricas en el Oeste. Todo un infierno. No sé por qué recuerdo los horribles días del deslave del 99, momento cuando, irónicamente, nació la nueva Constitución parida por esta gente, violada al poco tiempo. Esperemos que la Chinita meta su mano en esta hora. En fin, por unos días estaré algo ocupado. Deséennos suerte,

 

Julio César.

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