AMORES ETERNOS

de-aqui-a-la-eternidad

   No podía recordar cuándo había sido más feliz.

 

   Cada año, por aquella época, esos dos hombres bajaban al balneario con sus familias, las cuales jamás coincidían en ninguna parte. Y allí desaparecían, más tarde cada uno inventaba algo, pero la verdad era que se reencontraban en aquella playa donde se conocieron varios años atrás. El tiempo entre cita y cita era largo, pero estaban bien, cada uno satisfecho en su espacio; pero únicamente cuando se encontraban entre las calidas aguas, bajo el sol que quemaba sus espaldas, estando piel contra piel, tocándose, besándose, llenándose uno al otro con todo aquello que les hacía falta, eran dichosos. No saben si podrán seguir así, pero de ser por ellos, será para siempre.

 

Julio César.

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