OFRENDA

mamada-de-trabajo

   Él se ofreció… y me deje.

 

   Maldita sea, pensé; al fin habíamos terminado de recoger todos esos escombros en casa de mi amigo Pancho. El trabajo fue extenuante, y yo estaba agotado. Ese perro siempre pedía ayuda a los amigos para trabajar de gratis en la casa que estaba remodelando, pero esta vez fue el colmo, hubo que cargar dos camiones de escombros y el único que acudió, o al que llamó, fui yo. Para colmo me pisé un dedo que me ardía y palpitaba. Molestó entré en las duchas del taller que tiene junto a la casa para darme una rápida ducha e irme al coño, con mi dedo bajo la axila. Le dije a la comadre que no comería con ellos. Fue cuando lo encontré ahí, casi tirado en el suelo.

 

   -Lamento lo de tu dedo y que no haya venido nadie más, JC; llamé a varios.

 

   -No hay peo. -mentí.

 

   -Déjame atendértelo.

 

   -No, no quiero un coño, sólo…

 

   -¿Seguro?

 

   Y me lo atrapó con su boca cálida, dándole un tibio apretón y mamada, para calmármelo, pensaría, pero sólo lo puso más caliente y palpitante. La vaina me sorprendió, dejándome todo envarado y duro por la sorpresa. Y se aplicaba el gran carajo, su boca iba y venía, chupándolo, mamándolo, dejándome bien lleno de saliva cálida todo mi largo y grueso… dedo. De su boca sólo salían gruñidos mientras cerraba sus ojos, goloso, disfrutando de mi enorme, tieso y muy caliente… dedo.

 

Julio César.

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