ESTUDIANTES, CHÁVEZ Y LA REPRESIÓN

   Cuando se escriba la historia de Hugo Chávez (no contada por él, claro está, eso serían los puros cuentos de camino), se le titulará “Chávez en su Laberinto”; moviéndose en círculos viciosos de forma como predeterminada. La dinámica que se ve obligado a tomar este hombre no es envidiable, y eso que un día lo tuvo todo para ser un gran Presidente (cuando comenzó, todo el mundo, todo, apostaba por su éxito, tal vez eso lo empavó), y todavía uno no entiende cómo hizo para joderlo todo de forma tan imbécil. Así como el año pasado se vio obligado a elegir entre dejar que unos pocos candidatos con chance, Leopoldo López en la Alcaldía Mayor, y Enrique Mendoza en la gobernación de Miranda, compitieran y ganaran o inhabilitarlos con una torpe maniobra política (torpe porque se le encomendó a Russián, se pronuncia Ruffián, el torpe contralor), cosa que sabía le ganaría la antipatía de mucha gente, aún de chavistas dentro de la Gran Caracas que los sabría perdedores y tramposos; bien, en ese momento se decidió por inhabilitarlos, dándole empuje con ello a Carlos Ocariz en Petare (bastión que jamás soñaron perder y eso que el hijo de José Vicente Rangel era prácticamente un cruce de una noche de pasión entre Carlos Andrés Pérez con Chávez, inútil y corrupto a la enésima potencia), a Henrique Capriles en Miranda, y Antonio Ledesma en la Alcaldía Mayor. Era una de esas ocasiones donde estaba mal si hacía y mal sí dejaba de hacer (como tener dos amores al mismo tiempo y saber que te van a pillar, quieres confesar pero sería malo, y cuando te pillen es peor); pero con ese ojo clínico que tiene, Chávez eligió lo peor. Perdió y quedó con fama de mal perdedor y tramposo. Ahora pasa exactamente por el mismo trance.

 

   Viéndose obligado a llamar a una falsa enmienda que no es más que otra reforma constitucional disfrazada para permitirse el reelegirse indefinidamente (palabras que odia se pronuncien, como es prohibido hablar de su salud mental, o como intentaron hacer delito hablar de la inflación), debe encarar el problema de los estudiantes y sus protestas en la calle. Y pensar que esa complicación se la ganó de gratis cuando, para satisfacer un caprichito que tenía, como hijo del dios Apolo como se creía, cerró RCTV; ese día los muchachos salieron a las calles a protestar. Está bien, se dio el gusto de cerrar el canal de televisión… y tan sólo le costó el referéndum del 2007 que juraba que ganaría, donde se le facultaría postularse hasta que el cuerpo aguantara (¡ja ja ja!). Cómo debió dolerle ese rechazo, pero sobretodo porque sabe que fue algo que provocó con sus tonterías (Marcel Granier, dueño de RCTV, debe haber comido bastante dulce de lechosa ese diciembre). Sí, los estudiantes que salieron a levantar la voz a mediados del mayo de 2007, no han regresado a sus casas, atormentando al pobre Presidente con sus marchas y consignas. ¡Y protestan por cada necedad!, razón tiene el Gobierno: que si los presos políticos; que si la violación a la constitución y las leyes; que si el enriquecimiento ilícito, público y descarado de la familia presidencial, el entorno íntimo de Miraflores y la cúpula podrida del PSUV (o PUS, como también se le conoce); que si los ciento y pico de muertes mensuales sin que se le meta mano al hampa mientras se persigue a todo el que disienta del Gobierno. Tonterías, pues. Cosas de muchachos sin oficio.

 

   Alguien, se dice que el tenebroso G-2 cubano (o Mandinga), le recomendó al Presidente cargar con violencia, represión, cárcel y lesiones contra el estudiantado, para amedrentarlo y callarlo. Que se les acusara de armar alborotos y provocar la violencia, mientras se les reprimía y perseguía uno a uno. Tal estrategia habría funcionado en un mundo silente, sin medios de comunicación pero, lamentablemente para Hugo Chávez, existen los medios independientes, las filmadoras de bolsillos y los celulares. La gente, en cada rincón de este país, ve en la pantalla a los jóvenes sin capuchas ni disfraces, sin armas, con las manos en alto y pintadas de blanco gritar que no, que no es no, y contra esa muralla se estrella la ola torpe de la violencia del Gobierno (también porque ese Tareck Al Assaime, ministro de la represión, en verdad es incompetente hasta para mentir, con el agravante que no tiene Jesse o el mismo Diosdado, cae mal). Y es lo que no entiende el G-2 cubano, acostumbrado a tratar con los miedos individuales de una isla sometida durante más de cuarenta años. No comprenden que esos muchachos salgan una y otra vez a pesar de los gases y perdigones, a pesar de las torpes y grotescas acusaciones de Jesse Chacón y Tareck Al Assaime. No aciertan a explicarse por qué ‘el pueblo chavista’ no sale a rodearlos y victorearlos cuando cargan contra los estudiantes, ‘esos oligarcas’. Cuba, y su represión, representan lo más oscuro del pasado, su ineficacia se mide en el hecho de que si no fuera por las limosnas de Venezuela, Cuba sería a estas alturas un gran burdel regentado públicamente, sin máscara, por esa vieja matrona que lo regentó en privado para ciertos europeos, llamada Fidel Castro. No entienden que su fracaso como régimen para crear un país medianamente próspero y feliz viene dado por ellos, por su sola existencia. Pero volvamos con Chávez, quien, entre dos males que debió calibrar a menos que hablemos de gente francamente estúpida, prefirió cargar contra los estudiantes con violencia y pagar el precio en la opinión pública. Era malo si los dejaba gritar, y era malo hacerlos gritar con represión, pero no tenía salida ya que se interponían en lo único que le importa, que no es Venezuela o los pobres, sino en su título de dios sol.

 

   Pero le fue mal, al grito de gas lacrimógeno del bueno contra los estudiantes, se levantó la voz de la mujer que llora en la barriada, y a quien le mataron al hijo cuando salió a la siete de la noche a visitar a la novia; dejando oír su dolor y rabia en aquello de: ‘échele plomo y gases a hampa, no a los estudiantes’. Y este es el peor daño que esta gente pudo auto infligirse. Al lamento en calles, barriadas y pueblitos de una población que ve caer día a día uno y otro, asesinados brutalmente, el Gobierno únicamente responde con persecución, acusaciones y juicios contra dirigentes de medios de comunicación y con gases y detenciones contra los estudiantes. Mientras Chávez clama desesperado que sin él no continuará la labor del Gobierno, la gente se pregunta: (como se cuestionaba la gente de Petare cuando cruzaba Chacao y Baruta rumbo al Centro, ¿por qué tenemos que vivir nosotros cómo vivimos?) ¿continuar los muertos, la impunidad, el abuso del poder? Lo que se dijo dentro del pueblo chavista antes del dos de diciembre de 2007, se repite ahora con mayor temor (esta violencia verbal y policial ha inquietado a muchos dentro del chavismo, quienes se preguntan si no será que el Presidente… está desquiciado): “ya le hemos dado demasiado poder, ¿para qué quiere más?”.

 

   Pasarán las elecciones, a la incredulidad seguirá la rabia, pero no aprenderán nada, no habrá rectificación. Al Presidente lo enredaron y extraviaron Fidel Castro y el G-2 cubano; entendieron su debilidad mental (igual que Evo Morales y Daniel Ortega; lo saben falloso y vienen a hacerle carantoñas, le pasan a mano por la nalga y se llevan unos cuantos billetes, al mejor estilo de los vividores) metiéndole la idea en la cabeza de que puede mandar para siempre, pero también el miedo a la traición, poniéndose en manos únicamente del funesto grupo que destruyó generaciones y generaciones de cubanos; parte del chavismo en el poder sólo intenta pillar un poco más antes de que todo caiga por su propio peso. Otros, como Lina Ron (qué desmejorada está), se aferran a una importancia y protagonismo lamentable que nada significa. Ella necesita de este régimen, de los gritos y las amenazas para… sentirse alguien. Es lamentable, la salida de los muchachos terminó de halar la sábana con la que escondían tantos absurdos, ¡con razón Chávez, Jesse y Al Assaime los odian tanto! A Al Assaime le encantaría que los muchachos se pusieran capuchas, que quemaran cauchos y carros, como hacía él cuando se disfrazaba de líder estudiantil para enfrentar al vicioso de Carlos Andrés Pérez, cuando protestar era legitimo, un derecho, una obligación divina, no como ahora que se lo hacen a él, que es una bellaquería imperial. Cómo nos cambia la vida.

 

Julio César.

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