DE FLEX

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   A Red le encantaba su yerno Anthony, el marido de su hija mayor. El carajo, un camionero de los rudos y machos, pecho peludo y amigo de deportes y ejercicios, se divertía cuando el suegro lo miraba admirado cuando posaba para él mostrándole sus músculos. El viejo lo tocaba, lo sobaba, y ahora hasta lo lamía, mordía y besaba, asustándolo un poco… porque le daba un calorcito raro en muchas partes. No estaba bien que se dejara tocar así por el papá de su mujer, pero…

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   Red lo mimaba bastante; sabía la importancia que Anthony le daba al ejercicio y por eso montó en su casa un pequeño gimnasio para que el otro lo usara al estar allí. Luego le ofrecía un masajito, temblando de emoción ante ese cuerpo fornido, duro y caliente, brillante de transpiración, enfundado en pequeños suspensorios húmedos y calientes. Le encantaba despojarlo de sus ropas, admirando ese corpachón dentro de la pequeña y ajustada prenda que Anthony usaba para sentirse más sexy y… putón, aunque no lo decía. Más de una vez, mientras el yerno tomaba una ducha, Red había tomado uno, perdiéndose en las sensaciones más ricas del mundo al ocultar su rostro allí, oliéndolo hasta el delirio.

 

Julio César.

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