SIN CONSUELO

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   Ni un chisme como aquel, sirvió…

 

   Lo recuerdo bien. Fue un día malo. Todo fue malo. El departamento en el ministerio iba de mal en peor. Las dos jefas ya ni revisaban o firmaban las actas. Cada una acusaba a la otra de floja. Una me dijo que ella no iba a ser más pendeja que la otra y no iba a trabajar. No entiendo, para mí son sólo dos figuras decorativas, no sirven para nada. Pero no me meto, burro no se mete en pelea de tigras. La crisis estalló, hubo unas asignaciones para mariología que no salieron. Y con el dengue por ahí que juega garrote; aunque ya el Gobierno lo resolvió: no es dengue por insalubridad, es una cepa inventada en el Imperio para joder. Dios, ¡qué gente! ¿Por qué son tan perversos? Dejen al pobre Gobierno en paz. Además, sorprendieron a la otra doctora en plena oficina con uno de los carajos de la Guardia Nacional, al pensar estaba rogándole algo de rodillas. Eso dio golpe y zumbido, ¡la de chistes que pensaba yo hacer! Hubo una reunión, regañaron a todo el mundo,  es como cuando los padres formaban peo y azotaban a uno, que se decían: “ya que saque la correa”, y le daban a todos los demás. Esas mujeres salieron llorando de la oficina, bien libradas pienso yo; pero a todos nos apretaron las clavijas. Tengo que llegar hora y media antes. ¡No es justo! A menos yo lleno las idiotas estadísticas.

 

   Bien, me levanto más temprano, bostezando, adormilado. Fue cuándo ocurrió. Escucho la noticia, muerto joven actor nominado al Oscar, a solas en una habitación, muchos frascos de pastillas, se le recuerda por su actuación junto a Mel Gibson. No escuché el nombre, llegué al último cacho de la noticia. Pero me dio miedo. No sé por qué, pero me dolió algo. Me dije, “coño, no repitieron quién antes de terminar”. Fue como Mafalda al oír una noticia parecida que preguntaba gritado a la radio, quién, pero quién y no dicen y ella espera que no sea el Pájaro Loco. ¿Como iba a imaginar tanto horror? Me tomaba un café cuando lo supe. Heath Ledger. No puedo explicarles que sentí, fue desconsuelo. Creo que lágrima cayeron en el café, y que amargas eran, podía sentirlo. ¡Muerto! Dios, no podía ser. Aún esperaba que fuera otro, cualquiera, pero no él. Pero era él, el chico de rostro casi siempre serio, evasivo, hermoso. Alguien a quien yo apreciaba y no sabía cuánto. Lo maldije, maldije la película esa. Y lloré otro poco. Estaba solo, solito cuando cerró los ojos, me pregunto si sabía que se iba, si se asustó; ¿por qué coño estaba solo? ¿Cómo un carajo como él está a solas en  una cama, en un cuarto, en esta vida? Decían que eran drogas, pero las drogas para los infelices que se dejan atrapar en ellas (ah, narcos… malditos parásitos que comen gente mientras todavía están vivas), como el aguardiente, es para compartir, reír. ¿Quién se droga a solas? El triste. El solitario, alguien que no tiene algo que es importante. ¡Maldita sea!

 

   Llegué mal a la oficina, encontré la carta regañándome. Mi computadora se dañó feo y hablaban de sabotaje y me miraban torcido; tuve que responder muchas preguntas, no sé por qué, a nadie le importa nunca lo que hago en ella (ojo, no veo porno ahí). Cuando me quedaba a solas, los ojos se me llenaban de lágrimas, Dios, qué dolor, qué tristeza. Ya no iba a reír más, ya no saldría con gente que lo miraría con amor, no haría alguna película maravillosa que lograría lo quisiéramos más. Ya jamás habría otra Brokeback Mountain, una donde Ennis recibe una carta de Jack diciéndole que ha fingido su muerte. Pensé en Jake Gyllenhaal… me angustiaba por él. Es idiota, lo sé, pero lo imaginaba devastado, lloroso, encogido sobre una silla, lamentándolo por su amigo querido. ¿Que tienes?, me preguntó Lily encontrándome mal. La alergia, respondí. Era posible, en mi oficina hay tanto polvo que CSI no necesitaría buscar mucho para ver las huellas dactilares de todos los que han pasado en el último mes. La camarera es una nulidad, pero me trae café hasta cuatro veces al día, por lo que a mí respecta ya se ganaba su sueldo.

 

   Regresar a casa fue molesto, debí oír comentarios sobre que era un drogadicto; imaginaba toda la paja que se hablaría ahora sobre Heath. Esa noche me encontré haciendo algo que sólo hice cuando a mi papá le dio el infarto: rezando, imagino que a Dios, para que estuviera bien. Qué día, qué semana. Qué mierda. Después quedé como asustado, acababa de oír un extra que hablaba de otro fallecimiento en la farándula, y creí que dirían algo de Jake, pero no, era sobre el hijo de Marlon Brandon. Qué malo… pero al menos Jake está bien. Ay, ¿por qué coño tuvo que morirse?

 

Julio César.

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