DE ARMAS TOMAR

ejercito-de-calentorros

   Todos tenían fusiles largos…

 

   -¡Coño!, si tenemos que esperar tanto para ver qué hacen del otro lado del Jordán… -apunta el teniente Peres, quien se preparaba para lanzarse de cabeza al río.- …aprovechemos el tiempo en lo que te gusta… ¡ven y mámamelo!

 

   -¿Qué? –pregunta sorprendido Cohen.

 

   -Oh, vamos, sé que te gustará. Anoche mordías mi calzoncillo usado en las duchas y aullabas babeándote todo. Ven y goza este en vivo, ¿me vas a decir que este güevo tieso no te gusta?

 

   -Sí, teniente, yo también me apunto, casi se me sale de las ganas que tengo. –admite, excitado por la oportunidad de clavársela por la boca al otro, Judah.

 

   -Si, maricón, pero por mamar, ¿crees que no te conozco? Ponte aquí tú también. –ríe Peres, ¡y vaya que tenía control sobre sus hombres! ¡Eran suyo! Y lo obedecían en todo, golosa y entusiastamente. No todo era malo en el desierto.- Ropas afuera y pónganse en fila, muchachos, hoy los cojo y los preño a todos…

 

   -¡Yo primero, Teniente! –gimió, riente, Benjamin, casi apartando de un empujón a Cohen.

 

Julio César.

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