ALMUERZO

man-hot

   Era su hora del día…

 

   -¡Joaquín, ¿qué haces?! –estalló el supervisor.

 

   -Nada. Es mi hora del almuerzo. –Sonrió el otro, subiendo y bajando esa mano grande sobre el impresionante tolete, totalmente desnudo en medio de su oficina.- ¿No se te apetece un bocado? –ofreció, pícaro, tomándolo por la base y agitándolo levemente, invitador. En esas aburridas horas, el joven siempre intentaba divertirse, y una mamada era… lo mejor para una tarde, pero ¿aceptaría su supervisor?

 

   -Bueno, sí insistes…. –jadeó el otro, cayendo frente al plato principal, dando gracias al Cielo por tan suculento bocado.- Hummm…… -¡y estaba tan rico!

 

Julio César.

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