VAYA CARRITO

alfa-8c-competizione1

   Viviría gruñéndole a todos: ¡no lo toquen…!

 

   Hace poco una amiga compró un carro nuevo, o coche, como le dicen ellos (me pregunto, carreteras ¿no viene de carros?, ¿o será al revés?, pero en fin), y me dio curiosidad por ver algunos modelos. En una página de carritos ‘balurdos, encontré esta belleza, el Alfa Romeo 8c Competizione. Imagínense, un carro con nombre, apellido y número de identificación, seguro tiene partida de nacimiento registrada, ¿cuánto costará tanto lujo? Pero no se trata únicamente de que sea armonioso visualmente, el aparato es una verdadera bestia de potencia. Es capaz, al menos teóricamente, de alcanzar los doscientos ochenta y dos kilómetros por hora en tan sólo cuatro punto cinco segundos, ¿no es increíble? A todo el mundo le gusta eso en un carro, velocidad y potencia, pero, honestamente, tanto es como para inquietarse. Dígame si lo maneja un loco como mi hermano Miguel, que conduce montándose en la línea media de la vía, que habla y voltea a responderte, que se pega de otros carros por detrás y corre como un demente. Jame Bond debe usar uno como este, y conducir así también.

 

   Pues, esta belleza también viene en un modelo descapotable, el 8c Spider, considerado uno de los más lujosos y potente del mundo, con un motor V8. No manejo muy bien, por cuestiones largas de explicar, pero ya me imagino llegando a Tacarigua de la Laguna (poblado no muy bonito y algo mísero; no hay problema, nadie allí me lee), rugiendo el motor (es imaginado, dicen es silencioso), con mis lentes oscuros, el cabello al viento (se me notarían las entradas), con cara de suficiencia, la vía despejada a mis espaldas, con los otros carros muy atrás, y el cielo azul cobalto sobre mí, con el sol haciéndolo brillar… Ah, qué éxito sería. Claro, tendría que llevar mi propio policía en la maletera, como el Transportador, o de ahí salgo llorando en la parte trasera de un camión de cargas, preguntándome quien se lo llevó, mientras aparto a los cochinos que quieren hacerme confidencias de mataderos.

 

   No, fuera de juego, ¿no es una hermosa pieza por lo que vale la pena trabajar, soñando con poseerla? O al menos tener plata para esos gusticos. Sólo tal vez… no en este color.

 

Julio César.

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