UN EMPRESARIO PAYASO

chico-gay

   Dios, necesitaba de otro…

 

   Roberto, medio tomado aunque la fiesta era para su hijo y los niños del vecindario, atiende al enorme y fornido payaso que fue la atracción de la reunión. Con vocecita idiota, el hombre había hecho trucos, bailó y saltó, pero clavándole a Roberto una mirada intensa en todo momento, sobre todo al tiempo que gritó: “Niños, corran a esconderse. Vamos a esconderlo todo”. Gritando, los niños corrieron, emocionados a ocultarse, y todavía esperan mientras Roberto tuvo que ayudar, entre sudoraciones y jadeos por el esfuerzo, en cuatro patas en medio del salón, entre los globos, a ocultárselo al payaso, quien lo desaparecía clavándolo duro y hondo. Metiéndolo todo. Y Roberto disfrutaba esa fiesta más que los niños, gimiendo como un bebito y mamando del globo como si necesitara su mamila también. No entendía qué le pasaba, pero qué rico se sentía, se dijo. El payaso, con sus manotas le acariciaba paternal la espalda, ocultando más y más sus… intensiones descomunales dentro de su culito tierno.

 

   -Te gustan hinchados por todos lados, ¿eh? Déjame llamar a dos socios más, esta fiesta no vas a olvidarla nunca, bebé. Los tres payasos güevotes largos van a dejarte preñado… -promete el payaso, ronco y sensual; pensando en el negoción que haría con esos tipos a quienes cobró por encontrarles algo de diversión en su paso por Caracas.

 

Julio César.

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