VAYA COSTUMBRE

hombre-sexy

   Le daba tanto calor…

 

   Debía hablar con él, la cosa ya era alarmante. Sebastian, mi socio en la firma, tenía por costumbre en las tardes, desnudarse en su oficina, sobarse todo, pellizcarse las tetillas y hacerse una paja… y no le importara quién entrara en esos momentos. Ya había tenido problemas con dos chicos de correspondencia, un contador, un vigilante y un asociado externo… quienes al verlo querían caerle a mordiscos. Casi le lloraban para que los dejara mamarlo, tocarlo. Pero a Sebastián, aunque se metiera tres dedos en la boca ensalivándolos y luego frotarse las tetillas, o metiera su mano más abajo elevando una pierna sobándose la entrada del culo, o metiéndose un dedo o dos como yo mismo lo he visto, insiste en que no quiere nada con lo gay. Y ese era el problema… o se calmaba, o se lo cogían… y yo ya estaba considerándolo seriamente.

 

Julio César.

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