MUERTOS REVIVIDOS… TAN SÓLO PARA MOLESTAR

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   Grita porque la vio hasta el final…

 

   Hace unos días, llegado del trabajo acalorado y molesto, cargado de tensiones y rabias, encendí mi aire acondicionado (no me gusta dejarlo fijo), la televisión y me serví una taza enorme de café. Me dispuse a presenciar una cinta (o disco, es raro decirlo así) de muertos vivientes. Me encanta ese tipo de películas. Me agradan esos seres torpes, brutales, que se multiplican como un chisme maloso, acorralando a los pobres vivos. Sí, me gustan, algunas pueden ser argumentalmente muy malas, como lo son generalmente las VIERNES 13, pero siempre es emocionante, grato y… (no sé cómo decirlo sin parecer un psicópata) ameno ver los asesinatos. ¿Qué quieren que les diga? Eso me distrae. Sólo en filmes, únicamente en la ficción. Esta, MUERTOS REVIVIDOS, me la vendieron como “Uno de los mejores filmes de zombis en años”. Y en verdad era sustentable. Nada del otro mundo, los lugares comunes y todo eso, pero las escenas de brutalidad caníbal eran como más feas, las víctima como que tardaban más en morir. Hubo dos grandes aciertos dramáticos para decirlo así, el primero en caer devorado, el chico del aseo, se veía bien, buena gente, amable y galancito (creí que era el héroe); cuando todo comenzó me decía: corre, no, aléjate, aléjate;  pero luego va y muere de una forma atroz, a mí me dio escalofrío. Pero también ese muchacho, ¿cómo se lo ocurrió abrir esa vaina? Es como el viejo chiste de parodias: “Dios, todos están muerto, parece la obra de un loco homicida, ¿qué es eso?, bajaré al sótano para ver qué es ese ruido”.

 

   El otro momento impactante fue la hermosa joven asesinada saliendo de su carro cuando iba rumbo a la fiesta de los chicos bonitos, idiotas y necios (ya es un estereotipo, aún en ALIÉN CONTRA DEPREDADOR, la dos, se vio esto). Fue salvaje todo lo que le hicieron esos bichos; porque estos, para aumentar el horror, no eran los típicos muertos vivientes que caminan arrastrando una pata, lentos como tortugas en subida. No, estos corrían, y duro, como el policía malo en TERMINATOR dos. Difícilmente alguien podría ganarles en los cien metros planos. Pero hubo desaciertos que molestaron, dañando algo que pudo ser regular tirando a bueno; fueron tres detallitos en específico. Uno era el grupo de los chicos ‘buenos’ encerrados en un carro rumbo a una verbena, fumando marihuana como si de algo inocente, una tremendura, se tratara. Es la contribución y continuación del falso paradigma que sostiene que eso no es malo, sino que da caché. Esta excusa de enfermos que intentan justificar su debilidad, siempre me ha molestado. No, las drogas no hacen daño, eso es mentira. Pregúntenle a Britney. Lo otro fue cuando estos seres comenzaron a atacar (y fue casi absurdo), cuando los jóvenes se encierran bajo techo, cercados, y uno le dice al otro “parece un ejercito de zombis”. Y lo decía como quien dice, “coño, llegaron los portugueses, o los italianos, o los gorditos, o los inmigrantes”. Se supone que si uno no los ha visto antes, que si el mundo no se ha enfrentado ante a los zombis, no se les conoce. A menos que eso pase a cada rato en ese pueblo. Pero como digo, fue este un detalle tonto.

 

   Pero lo grave fue el final. El chico y la chica, los últimos, están frente a una morgue, no pueden abrir la puerta, los muertos vivientes los rodean, los miran y echan a correr hacia ellos, saboreándolos ya. ¿Saben lo qué pasó? Ah, no, mírenla y arréchense ustedes también. Pero en verdad no fue tan mala. Yo, excepto por ese detallito final, la pasé más  menos bien mirándola. Como dije, me agradan los zombis… no como vecinos, claro. Recuerdo que cuando vi por primera vez EL RESIDENTE MALIGNO, con Milla Jovovich, la disfruté bastante, y comentándola con un hermano le dije: hubo un accidente y la computadora mató a todo el mundo, ¿y sabes qué pasó? No sé cómo lo hizo, pero me dijo: no, no me digas, revivieron como zombis y comenzaron a matar gente. Creo que me vuelvo predecible.

 

Julio César.

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