CADA MAÑANA…

tocame-todo

   ¿Un trabajo ingrato que no querrías?

 

   -Vamos, despierta… -gruñe, ronco, Julián. Todas las mañanas era lo mismo, desde que a Vicente lo dejó su mujer, al otro le tocaba ir a comprobar que despertara o llegaban tarde al depósito. Y era una lucha, lo zarandeaba, le daba nalgadas, hundía los dedos en la carne, pero nada.

 

   -¿Hummm…? –gruñía en sueños Vicente.

 

   -¡Despierta, coño! –se agita, porque sabe que era una súper dormilona la que tenía el otro, no quedaba otra que la terapia de shock: bajar todo y puyar, duro, con un dedo. Eso siempre lo despertaba… despertaba todo. Y cada mañana, al hacerlo, Julián tenía el mismo pensamiento: si Vicente no encontraba mujer, iba a terminar con un marido.

 

Julio César.

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