TRIBULACIONES DE MANOLITO CHOCRÓN

buscando-macho

   Sin vuelta atrás, pero sí por atrás…

 

   El muchacho, a sus diecinueve años era un amante ciertamente bien considerado por las pocas chicas que lo habían catado. Hablaba, escuchaba, era tierno, considerado y nunca iba directo al punto. Le gustaba tocar. Podía pasar largos ratos tocando los tacones, acariciando una pierna enfundada en una suave medias de seda. Sus manos se cerraban alrededor de senos en sus sostenes, antes de meterse. Sus dedos podían jugar durante instantes que lograban poner frenéticas a sus amantes, sobre la suave tela de sus pantaletas sobre la entrada misma a la femineidad. Por todos esos detalles era bien tenido en cuenta por ellas… No tanto por los carajos que oían esos cuentos cuando estas lo comparaban con él, dentro de la universidad.   

 

   Manuel Chocrón, nuestro héroe Manolito, era él mismo bien parecido, no muy alto, delgado pero fibroso, de cabello negro muy suave que a las chicas les gustaba acariciar, de ojos marrones claros, de sonrisa amable y rostro lampiño, como su pecho, algo que a ellas si no les gustaba tanto. Por la edad querían al macho salvaje y primitivo, aunque los detallitos las enloquecieran también. En fin, era un carajo afable, sin muchas amistades, viviendo en una pensión al haber venido de Mérida a estudiar. No era muy dado a los deportes, pero le gustaba ver a otros jugando básquet y cosas así; allí conocido a Sergio Sanabria, un carajo alto y musculoso (salía con Anita, chica con la que Manolito también se acostó), riente, guapo como él sentía no ser, preferido de las féminas, que jugaba sin camisa, tetón, con una suave pelambre, de cabellos castaños y piel cobriza. Manolito no era gay, pero Sergio le parecía atractivo… y deseaba ser como él. Sergio, jugando, se pavoneaba sudado, respirando agitado, con el short algo bajo, divertido ante las miradas que caían como dardos sobre su cuerpo. De una forma inesperada, que a Manolito le agradó, Sergio quiso ser su amigo. Lo llamaba en algunas clases para que se acercara a compartir, le presentaba chicas y hasta lo invitaba a jugar una que otra partida.   

 

   Para el fin de año escolar se había decretado una gran fiesta de disfraces. Manolito no quería, pero Sergio lo convenció de que sí, de que pasara por su casa, conociera a sus padres y se disfrazarían, él de pirata y Manolito de astronauta, e irían a la fiesta. Manolito aceptó porque era más fácil hacerlo que negase ante la alegre insistencia del otro. Nada salió según el plan, al llegar a la bonita quinta, Sergio le dijo que sus padres habían salido, así como su hermanito menor, de quince años, Vicente. Llevaba puesto un traje de pirata, ceñido, que le quedaba de espanto, pero parecía preocupado.   

 

   -Coño, pana, tu disfraz no llegó, creo que se confundieron. –lo mira inquieto, llevándolo a su recamara, grande, espaciosa, mostrándole sobre la cama un conjunto de prendas.   

 

   -¿Qué carajo…? -se turbó Manolito, enrojeciendo mirando todo aquello. Había un vestido rojo, corto, tipo minifalda. Unas medias de seda, un conjunto de sostén y pantaletica hilo dental, rojos, descansaban sobre el colchón. Unos tacones negros completaban el atuendo.- No pensarás que voy a ponerme esa vaina… -jadeó ronco, mirando las suaves prendas.   

 

   -No es mi culpa, es lo que mandaron. –dijo mortificado tomando la pantaletica.- ¿Puedes imaginar algo más putón que esto? –y la estira, para pasarle los dedos, acariciante, llevándola luego a su nariz.- ¿Te imaginas si oliera a hembra…?   

 

   -Si, es algo… -se sentía inquieto.   

 

   -¿Imaginas ponerte una vaina así? –ríe, mirando la prenda con ojos perdidos. Manolito se preguntaba eso también. Se miran.- ¡Pruébatelo!   

 

   -¡¿Qué…?! No voy a salir de aquí…   

 

   -Dije que te lo probaras, no que iríamos así. –aclara, tendiéndole la pantaletica.   

 

   -Yo… bueno, pero rápido, tenemos que irnos. Y sal de aquí. –remacha, como si todo fuera una broma que era mejor apurar, pero temblando al tomar la prendita.   

 

   Sergio medio ríe travieso y sale. Manolito mira esas ropas mientras se desviste totalmente. De culo pelado cae en la cama, toma las medias negras, a medio muslo y lentamente las sube por sus piernas. El roce es electrizante, erótico. Se siente agitado, estimulado. La presión, la suavidad lo enloquecen. Meter los pies enmediados dentro de la pantaleta, y subirla por sus piernas y muslos, sentirla entrar entre sus nalgas jóvenes y firmes, así como apresar sus bolas en un saquito y atraparle el güevo medio morcillón, lo hizo gemir. De pie, tomando las tiritas de las caderas la sube más, y la franjita en su raja interglútea aprieta sabroso. Dios, que bien se sentía, tuvo que reconocer. Tomando el sostén se lo puso, buscando con la mirada. En una gaveta encontró medias y pañuelos, fuera de calzoncillos bóxer, bikinis y tangas también. Rellenó. Su mirada cayó sobre su imagen en el espejo, estremeciéndose. Esas prendas lo enloquecían. Todo le daba vueltas cuando se puso el vestido, con el que luchó un poco por falta de práctica. Se mira, es extraño verse así, un carajo joven y atractivo dentro de esas ropas. Llaman a la puerta, y dudando, autoriza la entrada. Sonriente, Sergio entra y se impacta al mirarlo. Sus ojos lo recorren con fijación.   

 

   -Te ves rebuena, mami… -le suelta. Manolito siente un hormigueo.   

 

   -Déjate de vainas. Me quito esto y…   

 

   -Oye, espera. Se oye música y estoy con una jevota, hay que bailar al menos una. –le sonríe, tendiéndole las manos. Se miran; Manolito sabe que no debe, pero accede.   

 

   La música es rápida, un merengue, y lo bailan. Ríen. Manolito está rojo, nervioso, haciendo malabares en sus tacones. La música cambia a un bolero. Se miran; sorprendido Manolito nota como Sergio lo hala contra sí, estrechándolo, rodeándole la cintura con sus brazos, con las manotas calientes sobre su espalda. Manolito está todo cortado, pero eleva sus brazos al cuello del otro. Se mesen, muy cerca. Muy calientes, rozando, sintiendo cada uno la respiración del otro. Y Manolito abre mucho los ojos cuando la boca de Sergio cae en su cuello, mordiendo, y como el güevo le abulta feo contra su pelvis. Manolito se siente mareado mientras el otro abraza, frota su güevo, le besa el cuello y le dice en la oreja que es una mamita rica, que lo tiene mal, que lo tiene caliente, que es toda una hembra.   

 

   Debían detenerse, piensa Manolito, pero las manos del otro caen en sus nalgas, aprietan, soban. Cuando esa boca atrapa la suya, metiéndole la lengua hasta la garganta, atrapando la suya, halándola, mordiéndola, chupándola, tomándose su saliva, a Manolito todo le da vueltas vertiginosamente. Y esas manos soban, amasan, aprietan, una baja más y se mete por debajo de la faldita, acariciando nalga desnuda, tibia, redonda y firme. Manolito gime, chilla de gusto, caliente y sin control, frotándose de ese carajo, mientras esos dedos van a su raja interglútea, acariciando, metiéndose, recorriéndola sobre la tirita del hilo, deteniéndose sobre el botoncito del culo, flotándolo en forma circular, con fuerza y rapidez pero sin penetrarlo, haciéndolo gritar más, incapaz de controlarse. El dedo empuja un poco, penetra medio centímetro.   

 

   -¿Te gusta, mami? ¿Te gusta que juegue con tu cosita? ¿Quieres que te lo meta? ¿Deseas darme tu virguito y que yo sea el primero en tu vida?   

 

   -¡Ahhh… si, métemelo…! -gimió rojo de vergüenza. Sorprendiéndose feamente cuando Sergio comienza a reír, burlón, alejándolo de un empujón, tanto que casi cae por los tacones.   

 

   -Grandísimo marica. Ya lo sabía. –acusa salvaje.- ¿No se los dije? –parece decirle a alguien, mirando a la puerta que daba al baño, entreabierta, de donde salen cuatro carrizos más, todos riendo, los amigos de Sergio, los que jugaban a básquet con él. Con un alarido, Manolito intenta cubrirse, bajar la falda y huir, pero Sergio lo atrapa rudo por un brazo, mirándolo con desprecio insólito.   

 

   -Quieta ahí, puta… ¿no te lo dije? Necesito una putica que haga ciertos trabajos para mí. Y ahora esa putica eres tú. Se acabó tu vida como Manuel, ahora eres Manolita y yo tu papi; eres mi hembra para lo que salga… -sentencia terrible, riendo, coreado por los otros, ante un Manuel que gimotea, cubriéndose.- Y si no cumples, si no obedeces, todos sabrán la gran puta que eres… comenzando por tus papitos en Mérida… ¿entendido? –ladra feroz, inmisericorde al llanto del otro.- ¿Entendiste, maldita puta? –repite y abofetea.   

 

   -Si… -gime bajito. Otro bofetón, fuerte, y un grito feo.   

 

   -¿Si, qué?   

 

   -Si, papi…   

 

   Las tribulaciones apenas comienzan para Manuel… ahora Manolita. 

 

Julio César.

 

NOTA: Es de mi otro blog.

3 comentarios to “TRIBULACIONES DE MANOLITO CHOCRÓN”

  1. carlos daniel Says:

    me gusta qui siera saber su numero y tamaño de pene para ver si me comviene

  2. ronald Says:

    soy de rol versátil mas pasivo serio y discreto, soy blanco, alto , peso promedio, ojos negros , cabello corto negro, soy higiénico, graduado universitario, vivo con mis padres, mi familia nada sabe, mi edad es 34 años, sitio para un encuentro privado no tengo. para contactarme mi numero de celular 0416-7927794 Maturin Edo monagas , venezuela
    facebook:
    http://facebook.com/ronaldjose.martinezrondon

  3. Leonardo Says:

    Hola me llamó Leonardo , tengo 20 años , soy versátil , muy serío sin nada de mariconerias , vivo en barquisimeto mi número 04263897949

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