EL BUEN VECINO

HILO DENTAL DE HOMBRE

   Mirarlo tentaba a cualquiera, ¿o no?

   -Ahí va ese pajuo. –gruñó despectivamente, Gabriel, mirando rencoroso a nuestro vecino, Héctor Martínez.

   Le tenía arrechera porque había pillado a su mujer, Susana, hablando con Leticia sobre Héctor, diciéndole que había fantaseado con él. Hombre al fin, con nuestra lógica, en lugar de formarle un peo a Susana, transfirió su malestar al vecino, quien en verdad era un tipo llamativo y algo pretencioso. Era alto y medio atlético, sin caer en la exageración, pero lo más distintivo era su cabello lisito, algo largo, amarillento, así como sus ojos color miel. A mí también me molestaba porque supe que una vez comentó que no sabía cómo yo había logrado conquistar a una mujer como Leticia.

   -Es un güevón. –gruñí, pero fijándome en su pinta, una camiseta azul que dejaba ver sus pectorales, un short largo que permitía ver sus piernas velluditas de amarillo, así como unos zapatos de goma sin medias. Estaba despidiendo a su mujer, una catira que parecía una modelo de La Polar, toda tetas y curvas. Cuando ella partió, se volvió hacia nosotros.

   -Hola vecinos… -saludo, dirigiéndose a su casa.

   -Hola, vecino… -respondió Gabriel, gruñendo un bajito.- ¡Maricón!

   -Hola, vecino… -hasta sonreí yo, reconociendo que el mamagüevo se veía bonito.- Un recontra marico, eso es lo que es. –terminé de acotar, volviendo al trabajo, cortar las rama de la acacia que se había extendido mucho. Soltaba demasiadas hojas, y era delicado tenerla allí con todas sus ramas, alguien podría saltar usándolo y entrar a la casa, pero no deseaba podarlo del todo, era un árbol que había tardado mucho en crecer y ¡tenía sus derechos, coño!

   Mientras Gabriel cortaba las ramas más altas, parece un gato trepando, también tenía su buen cuerpo, yo me inclinaba en la verja que separaba las dos casas, la de Héctor y la mía, pero cuidando que no cayeran chamizas en su jardín; sin embargo algunas cayeron y salté para recogerlas. Allí agachado oí un lamento sofocado. Coño, ¡algo le pasaba a ese carajo! Curioso me asomé por una de las ventanas… y me quedé frío. La ventana daba al dormitorio matrimonial, grande, acogedor, y sobre una camota, una realmente king, Héctor jadeaba acostadote. Ese carajo se revolvía levemente en su cama, con los ojos cerrados, vistiendo únicamente una tanguita mínima, blanca eléctrica, que casi no podía contenerle el bojote del güevo que iba creciéndole.

   Era increíble ver a ese tipote, bronceado y semi musculado, usando esa breve, putona y sensual prendita con la dos tiritas que subían por sus caderas. Asentando los pies sobre la cama, jadeando contenido, con los ojos cerrados, Héctor levantó un poco las caderas, mientras se sobaba el bojote con una mano, y con la otra se recorría esos pectorales hermosos, pellizcándose de una tetilla paradita a la otra. Mi mirada estaba clavada en su entre piernas, donde la telita blanca se clavaba entre sus nalgas. Era un hilito dental, y yo estaba duro, caliente, medio sudado y babeándome un poco el tieso güevo. ¡Qué carajote!

   Casi gemí al verlo enderezarse un poco, sacando algo de una gaveta cerrada con una llavecita. De allí saca un enorme, grueso y rojo vibrador. El botón en la base, amarillo, quedó oculto en su mano. ¡Iba a enterrarse eso por el culo! Pero lo dejó en la cama, volviéndose de espaldas, quedando con el rostro en las almohadas pero alzando su culo al hincar las rodillas. Dios, esas nalgas eran redondas, firmes, bronceadas… y la blanca tirita cruzaba entre ellas, mínima, ensanchándose abajo en las bolas. Era enloquecedor mirarlo así, con una mano se sobaba las nalgas, recorriéndolas mientras contenía sus jadeos de gozo. A estas alturas yo, con la boca abierta, le hacia señas a Gabriel de que se acercara, siseándole que en silencio.

   Curioso, tal vez pensando en pillar a Héctor inyectándose droga o aspirando coca, bajó casi a la carrera, asomándose a mi lado, y casi gritando. Una manota de Héctor continuaba sobándose una nalga, hasta meterse dentro de la tirita, apartándola, enseñándonos un culito redondo, lisito, lampiño, que titilaba salvajemente. Esos dedos acariciaban la entrada, el índice comenzó a presionar, entrando lentamente, mientras el bello majo gemía con los ojos cerrados y la boca muy abierta. ¡Se clavó ese dedo y chilló! Luego tomó el consolador, y mientras se mete el dedo una y otra vez, sin abrir los ojos, comienza a mamar el aparato, con ‘hummm’ de placer.

   -Verga, chamo… -jadeo bajito Gabriel.- ¡Qué puto…! ¡Voy a reventar!

   Qué vaina, qué escena. Algo febril toqué la ventana y esta se abrió por el centro, en dos hojas. Gabriel y yo nos miramos, y en silencio, determinado, entré. Él me siguió. Fuimos hacia la cama y Héctor ni cuenta se había dado, ocupado como estaba intentado meterse dos dedos en su adorable culito, ya tenía los labios pegados a la base de ese vibrador. Me dejé caer en la cama, a su lado. Gimió, todo rojo de vergüenza y miedo se volvió a mirarnos con los ojos muy abiertos y la boca ocupada por el vibrador que parecía un chupón.

   -Hola, vecino… -le sonreí, ronco.

   Era ahora o nunca. Con manos firmes aparté la suya de sus nalgas, atrapándolas, qué duras y tibias; con mi pulgar aparté el hilo, me acerqué a su huequito de culo y sope suave, viéndolo temblar. Con ansiedad caí sobre él, pegándole mi lengua caliente y babosa. Lo oí casi gritar a pesar del vibrador, y noté que Gabriel me miraba asombrado. Pero se lo lamí, lo chupé, se lo recorrí con la lengua. Ese culito temblaba sabroso bajo mi lengua, le metí un dedo, hondo, rudo, moviéndolo dentro de él, mientras besaba y mordisqueaba esas nalgas. Le metí dos dedos, cogiéndolo duro y rápido, viéndolo retorcerse. Cuando miré, Gabriel se había quitada las ropas, enseñando un cuerpote, y los rojos labios de Héctor ya subían y bajaban, golosos y hambrientos, sobre su güevote enorme, negro y nervudo. Y mientras becerreaba a Gabriel, el cual estaba sentado sobre sus almohadas, le metí el vibrador hondo, encendiéndolo, metiéndoselo y sacándolo, sabiendo que las oleadas de placer lo aloquecían más.

   Su culito se abría deliciosamente mientras cada palmo del aparato entraba y salía. Luego fui yo, teniéndolo en cuatro patas, comiéndose ese güevote jugoso que no deseba abandonar; apoyé mi glande en su entradita roja, metiéndosela, forzándolo. Y lo clavé hondo, duro, oyéndolo gemir y estremecerse; su culo apretaba rico mi tolete, halándomelo. Aferré sus caderas y lo enculé, entrando y saliendo duro. Mi güevo salía casi hasta el glande para luego enterrarse hasta los pelos. Lo estremecía con mis embestidas, y él gemía totalmente entregado al placer. Cogí y cogí, y cuando Gabriel le llenó la boca de leche, y él mojaba su bikini con la suya, yo le enterré el tolete hasta las entrañas, temblando todo, sintiéndome alzado a las alturas gloriosas del clímax, eyaculando salvajemente, llenándole esas entrañas con mi semen caliente.

   Minutos después, Gabriel se lo pegaba, acostándolo de espaldas, deseando mirarle la bonita cara que se retorcía, enrojecía y alzaba mientras él, arrodillado entre sus piernas, le clavaba una y otra vez, duro, su titánico miembro. Se lo metía todo y Héctor gruñía por más; sentado junto a ellos le tomé el rostro y lo obligué a mamármelo, deseaba que su boquita rica me lo tragara. En verdad deseaba verlo becerrearme porque eso lo hacia mío, también quería llenarle de leche de macho la boca a ese carajo tan pretencioso.

   -Hola, vecino… -dijo Héctor cuando el carro de su mujer se alejó.

   -Hola, vecino… -respondió falsamente afable Gabriel, gruñendo un bajito.- ¡Maricón! –y me miró.- ¿Qué tienes? Estás todo rojo y tienes… ¡ese güevo paradote! ¡Apunta para allá! –se escandalizó y rió.

   -Es… es que… la mujer de Héctor esta buenísima. –gemí agotado.

Julio César.

4 comentarios to “EL BUEN VECINO”

  1. LEO Says:

    que rica experiencia pues ami me encantaria tener una asi,, pues quiero salir del closert’ me eyudas ????

  2. Ronald alexander Says:

    Que vacano. Quisiera tener experiencias asi. Por siacaso voy a dejar mi nro de tlf 0414 809 69 01

  3. ronald Says:

    soy hombre serio y discreto de rol pasivo tengo 34 años vivo en la ciudad de Maturin Estado Monagas 04167927794

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