HONDURAS AMANECIÓ DE GOLPE, SE DESCONOCE EL PARADERO DEL PRESIDENTE ZELAYA

MANUEL ZELAYA

   Es lamentable esta reiteración de la historia de la América Latina. Los militares se reúnen, van y tumban un gobierno. Pero es que ya las irregularidades rayaban en el franco abuso. El ejercito hondureño ha cargado durante generaciones con la muletilla de carniceros, opresores y brazo armado de todo abuso desde el poder, y ahora que intentan lavar su cara de garantes de la constitucionalidad, se encuentran con el presidente Manuel Zelaya.

   Infectado con la enfermedad que recorre al Tercer Mundo, Zelaya pensó que era injusto que él debiera abandonar el poder, que siempre es grato y sabroso para quien manda y su entorno íntimo, y quiso hacer una consulta popular que le permitiera cambiar la Constitución. Hasta allí no tendría nada de malo, es humano aferrarse a lo que se desea… El problema estuvo en los medios. La ley de su país le prohibe (¡por ley!) celebrar consultas refrendarias ciento y poco días antes o después de unos comicios electorales, comicios pautados para este noviembre. No era capricho de los militares, de la Corte Suprema o sus opositores político. Es la ley. Pero Zelaya cree, como se cree en esta parte del mundo, que él es la ley, el Estado, que sus deseos y caprichos son voz de pueblo y por lo tanto la ley; y que la Constitución, las normas que deben ser rígidas e igualmente aplicadas a todos, grandes y pequeños, no se destinan para él.

   No sólo violó la ley haciendo el llamado refrendario, sino que intentó utilizar al ejército de su país como brazo político armado para que lo secundara en sus delitos contra la Constitución vigente (no cambiada aún), de Honduras. Sorpresivamente para mí como venezolano, el alto mando hondureño se negó a secundarlo en sus vagabunderías, alegando que el ejército no puede parcializarse por un grupo político. Antes las presiones, el jefe de alto mando renuncia. Lo más desconcertante es que sus colegas lo hacen también, en solidaridad, y el ministro de la Defensa, igual. Sorprende porque el alto mando y el ministro son nombrados directamente por el presidente, en este caso Zelaya, pero esa gente como que cree (qué país, Dios mío) que por encima de los deseos del presidente, está Honduras, su Constitución y su Estado de Derecho, que el país no le pertenece. ¿No es increíble? Imagino que en Venezuela los militares deben estar muy confundidos.

   La Corte Suprema de Justicia hondureña, encarada a esas renuncias, las echa para atrás, ¿por qué sí es el Presidente el que designa al alto mando? Porque para destituir o exigir la renuncia a alguien, la ley (palabrita que enferma a los pichones de déspotas, Hugo Chávez las crea sobre la marcha, Evo Morales reconoce que si una ley le estorba le dice a sus diputados que la cambien), estipula que para echar a alguien debe existir tal o cual causal, que en este caso no están presente.

   Zelaya chilla entonces, mientras habla de conspiraciones y no sé sí nombró a la CIA, que él no hacía un referéndum sino una encuesta “para que el pueblo diga”, porque imagina que la gente es imbécil, pero ante la pregunta de la Fiscalía sobre quién cancela el costo de tal llamado (aparentemente no sale de los bolsillos y ahorritos de Zelaya, la familia y el entorno íntimo, calla) el hombre calla. Pero, contra viento y marea, decide que este domingo habrá consulta popular. Porque su deseo está por encima de la legalidad. Lo lamentable es que seguramente muchos hondureñas creerán que es cierto, que sí el presidente quiere hacer una consulta, que la haga. Pero no, repito, él no es el dueño del país, del erario nacional, ni del destino de los hondureños. Es tan sólo un funcionario público, el Presidente de la Republica, sí, pero sólo eso, un funcionario. Sí él quería esa consulta, debió hacerla el año pasado, sí no lo sabía alguien debió decírselo. Seguramente se lo dijeron, pero no le importó.

   VTV, canal de televisión del gobierno venezolano, grita que fue un golpe de estado contra un presidente constitucional, no hablan del golpe previo del presidente a la ley, ni de su ataque a la constitucionalidad. Hablan de muchedumbres en las calles en apoyo a Zelaya… mañana sabremos la verdad, y sabremos qué tan confiable es VTV. Personalmente me desagrada el señor Manuel Zelaya desde que lo vi exigiendo un regreso de Cuba a la OEA y que se le presentaran excusas por su expulsión, sin acordarse ni por un momento de los rehenes cubanos que allí habitan, que no pueden moverse, comer o decir lo que les da la gana, como cualquier otro en esta pobre Latinoamérica,  porque una férrea dictadura los mantiene encadenados hace más de cincuenta años. Ni una vez condenó semejante régimen aberrante. Cuando lo escuché me dije: otro payaso más en esta larga galería.

Julio César.

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