EL COBRADOR COBRA EN VERDAD

NIÑO GOLOSO

   Cobraba con cambures… y de los gruesos.

   A Vitico no le iba bien cobrando las cuentas morosas del condominio en ese edificio. Quien no le gritaba, con malas caras, lo ignoraba feo. Aunque de tarde en tarde, uno de los inquilinos lo recorría con la vista de arriba abajo, miraba al pasillo, y si la familia había salido lo invitaba a entrar a hablarlo. Sentadito aceptaba un café o un vinito mientras revisaban las cuentas, tan sólo para descubrir que al carajo no le interesaba nada de eso, estaba solo, aburrido, y quería algo de acción para pasar el rato. Y Vitico, gritando de sorpresa, mientras sube y baja, se dice que en esos casos, al menos no se va con las manos vacías. O el culo. Y malo no era. Ya tenía “clientes” que parecían esperarlo con ansiedad cada martes.

Julio César.

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