EL HIJO DEL JEFE

MACHO HOT

   El niño estaba como le daba la gana.

   Ese bebito dorado me miraba fijamente, con picardía, subiendo y bajando sus cacheticos, girándolos a veces, abriéndolos. Qué locura, estaba allí llevado por su papá para que revisara la cañería de la parte trasera de la casa y me topo con ese manjar. Bueno, a eso vine, me dije agachándome y dándole cálidos besitos en esas turgentes, lisitas y firmes mejillas. El niño era medio caprichoso, noté por su mirada traviesa que me daría problemas (“sí, pero mejor no”), así que metí mi dedo índice, mi llave mágica, la que abría todas las puertas. Y lo logré, lo supe por su gemido y sus nalgas echadas más hacia atrás, buscando el dedo. Claro que yo pensaba darle mucho más. Pero, ¿y si el jefe llegaba?, me inquieté… mientras me desnudaba.

Julio César.

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